Cual novia celosa que se aparece en casa de su pareja de manera inesperada a ver en qué lo encuentra. Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, realiza una visita “relámpago” a Cuba a sólo dos días de que Barack Obama arribe a la isla para seguir “profundizando sus relaciones políticas y comerciales con el régimen.”
Medios venezolanos y cubanos, afirman que Nicolás ha llegado a la nación caribeña para firmar acuerdos económicos y energéticos.

Pero ¿económicos? para nadie es un secreto que la economía cubana no es precisamente la más imponente del mundo, por lo que se crea la gran duda con respecto a la ayuda que podría aportar Cuba a mejorar la crisis económica venezolana.
¿Energéticos? Cuba está igual o peor que Venezuela en materia eléctrica, racionamiento, fallas del servicio en algunos sectores, sistema de cables del siglo pasado.
La visita del “heredero” a la isla genera preguntas suspicaces. ¿Querrá Maduro utilizar a Raúl como tabla salvavidas para que “el imperio” también le estreche la mano? ¿O sólo ha viajado para observar los preparativos que en la isla se hacen para recibir a Obama, cosa que para él nunca se han hecho?
Quizás porque él es de la casa, Raúl no necesita echar pinturita y barrer las calles. Total, la confianza siempre da asco y para Maduro no es novedad ver un país en ruinas, él aprendió muy bien de los maestros del declive castrocomunista.
O quizás porque Venezuela lleva 17 años de pura ‘papaya’ para los Castro y nunca han tenido que esforzarse por retribuir las regalías que a cuesta del bolsillo venezolano, les entregó el chavismo. Prácticamente, la patria de Bolívar fue envuelta y concedida a la dictadura, que no se conformó con destruir la Isla, sino que consiguió pupilos para adoctrinar, sangre nueva que chupar, tejido que hoy se secó y ya no es de interés.
Diferentes lecturas pueden darse a esta visita, pero una afirmación clave: El liderazgo de Nicolás Maduro ha mermado a tal punto que debe viajar personalmente a Cuba para evitar que su maestro ideológico se pase para el lado del “imperio”. Cada vez que el país le pide respuestas, que la crisis arrecia, sale huyendo a escoltarse en La Habana, donde podría ya no sentirse tan seguro si continúan aproximándose más hacia los yankees.
Por la plata baila el mono, y las monerías de Nicolás, cada día son más recurrentes. Payasadas en cadena nacional que buscan distraer de una realidad palpable, deprimente.
Para el chavismo, parece haberse agotado el comodín de “llamar a un amigo”, ahora toca visitarlo directamente a ver si todavía siguen siendo los mismos o la nueva y prometedora competencia, termina siendo quien se imponga.
Lo que no sirve, se bota y Nicolás parece temblar al ver que sus “camaradas” han decidido sigilosamente abandonarlo, cuando el barco se hunde, sin recordar que siempre, de la tripulación, son las ratas quienes abandonan en medio del naufragio.