Antonio Quintero Borges, mejor conocido por quienes le siguen como “El Rápido”, ciclista cubano que es ejemplo de perseverancia, un hombre que surgió de la nada y con su disciplina y dedicación en el deporte que le apasionaba, llegó al equipo nacional.
También conocido como “La bala”, el ciclista cubano inició lo que sería una brillante carrera cuando apenas tenía 15 años de edad; con una vieja bicicleta americana, donde pedaleaba en carreras dominicales de carácter popular alrededor del parque Martí en la provincia de Mayabeque.

Su primera participación en público y sin mayor experiencia fue en Güines en un evento de carácter internacional, donde compitieron los mejores ciclistas de Cuba, junto deportistas de México y Hungría. Con una bicicleta prestada y demostrando más valor que otra cosa, en el numeroso pelotón y junto a experimentados ciclistas, se alineó “El Rápido”.
El resultado para ese momento fue que Quintero, a pesar de abandonar la competencia por roturas en su bicicleta, hizo delirar a los espectadores con su actitud de guerrero, fuerza y combatividad, de manera que no obtuvo la victoria pero sí el reconocimiento del numeroso público y los directivos de la Pre Selección Nacional.
Luego sin planificarlo, resultó participante de las competencias dominicales del Clásico Juventud Rebelde, en el Paseo del Prado, la actuación del ciclista cubano fue tan buena que no solo le valió el segundo y tercer lugar en dos competencias, sino que además fue el pase directo para integrar el Equipo Nacional, luego de que Pedro Frías, miembro del Colectivo Técnico Nacional lo seleccionara después de corroborar su desempeño.
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Gracias a su talento y sin tardar mucho, le llegó su primera experiencia internacional, logrando representar a Cuba en Bulgaria ganando etapas y premios, al tiempo que se posicionó entre los más destacados del ramo.
A partir de ese momento el cubano se coló merecidamente en la élite del ciclismo, con un historial que lo convirtió en referencia en Cuba y Latinoamérica.
Ya con 14 años de experiencia, el ciclista cubano se comió kilómetros en muchas de las competencias y giros, en el país que lo vió nacer y en tierras lejanas como Rusia, Alemania, Italia, Panamá, Uruguay y Venezuela, para posteriormente retirarse en el Velódromo Reinaldo Paseiro durante los Juegos Panam de la capital cubana.
Con una carrera intachable y con resultados deportivos indiscutibles, el ciclista cubano ostenta la condición de “Gloria del Deporte Cubano y la Medalla Mártires de Barbados”.
Redacción Cubanos por el Mundo