El reciente cacerolazo de estudiantes extranjeros ocurrido en la Facultad de Medicina de Santiago de Cuba confirma que el imparable descontento por los apagones ya trasciende a la propia población cubana.
Después de permanecer alrededor de 24 horas sin servicio eléctrico, alumnos internacionales alojados en la institución protagonizaron una protesta golpeando cacerolas desde los dormitorios.

Esta escena se suma a la cadena de manifestaciones pacíficas registradas en distintas provincias del país y al llamado a la desobediencia civil hecho por el influencer Alex Otaola.
El hecho fue dado a conocer por el periodista independiente Yosmany Mayeta, quien difundió un video donde se escucha claramente el sonido de las cacerolas mientras los estudiantes expresan su inconformidad por las condiciones en que viven. La protesta ocurre en medio del agravamiento de la crisis energética que mantiene a millones de cubanos soportando apagones de hasta 20 horas diarias.
El cacerolazo de estudiantes extranjeros refleja una crisis que ya nadie puede ignorar
Durante meses, los cacerolazos han dejado de ser episodios aislados para convertirse en una forma de protesta cada vez más frecuente en Cuba. La novedad de este caso es que quienes alzaron su voz fueron estudiantes extranjeros que cursan carreras de Medicina en Santiago de Cuba, un sector que históricamente el régimen ha presentado como ejemplo de su cooperación internacional y la “solidaridad” tan cacareada.
En redes sociales, numerosos usuarios reaccionaron con ironía al conocer las imágenes. “Hasta los estudiantes extranjeros han aprendido tocar caldero”, comentó Loraine Villarrubia, reflejando cómo incluso quienes llegaron desde otros países terminan enfrentando las mismas carencias que padecen los cubanos.
La internauta Oneida Quintero denunció que en algunos sectores de Santiago de Cuba los apagones superan las 20 horas diarias mientras, según afirmó, los circuitos donde viven dirigentes permanecen priorizados.
“20 horas y más en apagón diario es criminal lo que vivimos. Los alimentos echados a perder y no poder dormir es mucho el estrés”, escribió.
Los cacerolazos siguen multiplicándose en Cuba
El cacerolazo de estudiantes extranjeros ocurre apenas días después de nuevas protestas registradas en distintos barrios del país, donde vecinos salieron a las calles para exigir electricidad y mejores condiciones de vida.
En los últimos días también se han documentado manifestaciones en repartos santiagueros como Chicharrones y Portuondo, mientras en La Habana comunidades de La Lisa, El Cerro, Regla y recientemente Jaimanitas protagonizaron cacerolazos y concentraciones vecinales similares.
La repetición de estas escenas muestra que el descontento ya no se limita a una sola provincia. Los apagones prolongados, la escasez de alimentos, la falta de agua y el deterioro de los servicios básicos continúan alimentando un clima de frustración que se expresa cada vez con mayor frecuencia mediante protestas pacíficas.
“Es demasiado, no se aguanta”, resumió Tahimi Torres en uno de los comentarios publicados tras difundirse el video.
Tatiana Torres, por su parte, lanzó un llamado directo: “Pa’ la calle Cuba completa. No hay retroceso.”
La crisis energética golpea incluso a quienes llegaron desde otros países
El episodio también recuerda que no es la primera vez que estudiantes extranjeros denuncian las condiciones existentes en esa facultad. En años anteriores ya habían trascendido protestas relacionadas con la alimentación, la infraestructura y los apagones, aunque la crisis actual parece haber alcanzado niveles aún más críticos.
Las imágenes difundidas de estas manifestaciones pacíficas evidencian que la falta de electricidad, la opresión y la violación de los derechos humanos fundamentales afectan por igual a cubanos y extranjeros, poniendo en entredicho la imagen que durante décadas las autoridades intentaron proyectar sobre el sistema universitario y de salud del país.
El cacerolazo de estudiantes extranjeros se incorpora así a la larga lista de manifestaciones ciudadanas registradas durante las últimas semanas. Lo que comenzó como protestas de vecinos frente a los apagones ahora alcanza también a quienes llegaron a Cuba con fines académicos, reflejando que el deterioro de las condiciones de vida ya resulta imposible de ocultar.