El agua en Cuba, otro “lujo” inalcanzable por culpa del régimen

Hasta conseguir agua en Cuba es una labor titánica que condena a la población a una subsistencia propia de siglos pasados. Mientras la cúpula dictatorial presume de supuestos logros sociales, la realidad en las calles revela una miseria absoluta donde el suministro del vital líquido constituye un privilegio inalcanzable para la mayoría de los ciudadanos, quienes hoy deben excavar el pavimento para intentar sobrevivir al abandono estatal.

El drama del desabastecimiento en Colón

Según reportó Martí Noticias, la crisis alcanza niveles de desesperación en la localidad de Colón, Matanzas. Allí, el desabastecimiento se prolonga por más de tres meses, obligando a los residentes a recurrir a medidas extremas.

La activista Caridad Burunate expuso con crudeza el panorama que los medios oficiales ocultan: “La gente no tiene agua hace tres meses, compran pipas, pipas de agua, gente que hacen pozos y entonces llenan pipas y hacen negocios”.

La precariedad es tal que un simple tanque de mil litros se cotiza a dos mil pesos, una cifra prohibitiva para el trabajador cubano promedio que sobrevive con salarios de miseria.

La ineficiencia del régimen castrista no solo se limita a la falta de gestión, sino que ignora deliberadamente las necesidades básicas, dejando a comunidades enteras a merced de la caridad privada o religiosa.

De acuerdo con el medio citado, en Colón, una iglesia local se transformó en el único refugio para evitar una catástrofe humanitaria. “Ellos tienen pozos y el agua la purifican y el pueblo va para allí a buscar agua. Gracias a eso, a esa gente, el pueblo no se muere de sed”, sentenció Burunate.

Esta situación demuestra que el agua en Cuba es ahora un bien gestionado por terceros, ante la ausencia total de un régimen colapsado y apático.

Apagones y colapso de la red hídrica

El calvario de los cubanos se agrava debido a la interdependencia entre el colapso del sistema eléctrico y la distribución hídrica. La inestabilidad en el bombeo de este recurso vital obedece directamente a apagones que superan las 40 horas consecutivas en diversos puntos del país.

En el reparto Debeche de Guanabacoa, el ciudadano Yoel Parson sintetizó la tragedia: “Ayer llevábamos más de treinta y pico de horas y nos pusieron la luz a las 12 de la noche y nos la quitaron ahora a las 7 de la mañana. Y como no hay luz, no hay agua”.

La carencia de agua en Cuba es, en esencia, un síntoma más de la infraestructura desmantelada por décadas de desidia.

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A esta tragedia se suma el negocio oscuro que florece en la capital, donde las pipas privadas alcanzan precios abusivos de hasta 10.000 pesos. El mercado negro de la sed se convierte en la única fuente de vida, mientras el régimen responde con represión y control policial en lugar de soluciones.

La insurrección por la sed

En Guantánamo, la situación mantiene un patrón similar de desatención. Grisellia Allen denunció que los cortes eléctricos impiden incluso la refrigeración, obligando a los habitantes a comprar hielo de forma informal: “Un jarro de hielo a 20 pesos, a 30 pesos, depende el tamaño y depende quien lo venda. La única manera de tener agua fría”. Esta es la amarga realidad del agua en Cuba, marcada por la especulación y la lucha diaria de un pueblo arrodillado.

El descontento social alcanzó su punto de ebullición la noche del lunes. En el reparto Mantilla, ubicado en Arroyo Naranjo, decenas de personas salieron a protestar con cubos vacíos. El estruendo de las cazuelas resonó contra la dictadura, pero como de costumbre, la cúpula prefiere desplegar esbirros antes que garantizar el acceso al agua y cualquier otro servicio.

Dicho todo esto, el agua en Cuba (así como muchos servicios esenciales) se transformó, bajo la bota del castrismo, en un arma de control social. La vida del cubano carece de valor frente a su perpetuación en el poder.

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