La reciente publicación de una fotografía del exministro de Relaciones Exteriores defenestrado por Fidel Castro volvió a despertar el interés sobre una de las caídas políticas más emblemáticas del castrismo.
Roberto Robaina González, quien llegó a ser presentado como el rostro joven de la Revolución durante los años más difíciles del Período Especial, reapareció en redes sociales junto a su esposa Marielena y un amigo, en una imagen que rápidamente generó comentarios entre cubanos dentro y fuera de la Isla.
Lejos de la política desde hace más de dos décadas, Robaina mantiene un perfil bajo como pintor y empresario. Sin embargo, su nombre continúa asociado a uno de los episodios que mejor ilustran cómo funciona el poder dentro del sistema cubano: un ascenso meteórico seguido por una caída igualmente fulminante, impulsada por el mismo liderazgo que lo promovió.
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La fotografía fue compartida en Facebook por Dalhit Cuba y provocó reacciones de todo tipo. Algunos recordaron sus años de protagonismo dentro del Partido Comunista, mientras otros evocaron el momento en que desapareció de la escena pública después de ser apartado del poder.
Defenestrado por Fidel Castro tras convertirse en la cara joven del castrismo
Cuando Fidel Castro lo nombró ministro de Relaciones Exteriores en 1993, Roberto Robaina tenía apenas 37 años. Antes había dirigido la Unión de Jóvenes Comunistas y era considerado uno de los cuadros políticos más carismáticos de la nueva generación.
Su estilo directo, su facilidad para comunicarse y su intensa actividad diplomática llamaron la atención tanto dentro como fuera de Cuba. Durante varios años fue la imagen aparentemente renovadora que el régimen intentó proyectar en medio de la profunda crisis económica provocada por la desaparición de la Unión Soviética.
Pero el brillo político terminó convirtiéndose en un problema.
En mayo de 1999 fue destituido como canciller por “pérdida de confianza”. Años después, el Partido Comunista oficializó su expulsión acusándolo de “deslealtad” y de haber incurrido en “prácticas deshonestas”, como consigna la Enciclopedia castrista Ecured. Aunque nunca enfrentó un proceso judicial, un video reservado fue presentado únicamente a la dirigencia del país para justificar su caída política.

Según diversas versiones conocidas posteriormente, entre las acusaciones figuraban haber mantenido contactos no autorizados con empresarios extranjeros, recibir dinero del entonces gobernador mexicano Mario Villanueva para remodelar la Cancillería y, sobre todo, proyectarse como una posible figura para la Cuba posterior a Fidel Castro.
El propio Robaina reconoció posteriormente en declaraciones a CNN haber cometido “errores políticos y éticos muy graves”, aunque rechazó varias de las especulaciones que circularon alrededor de su destitución.
Defenestrado por Fidel Castro y convertido en pintor y empresario
Después de ser apartado del poder, Roberto Robaina prácticamente desapareció de la vida pública.
Durante un tiempo permaneció alejado de cualquier actividad política visible, hasta comenzar una nueva etapa dedicada a la pintura. Con el paso de los años logró abrirse espacio como artista plástico, exponiendo sus obras tanto en Cuba como en países como México y Estados Unidos.
Además, emprendió varios negocios privados, entre ellos una conocida cafetería en el Vedado habanero.
En una entrevista concedida años después afirmó: “La vida continúa. Lo importante no es lo que pasó, sino lo que se hace”, dejando claro que había decidido concentrarse en su nueva etapa personal lejos de los escenarios políticos.
A diferencia de otros antiguos dirigentes cubanos, Robaina ha evitado realizar declaraciones públicas frecuentes sobre la situación del país. Esa discreción ha contribuido a mantener el misterio sobre su verdadera posición respecto al sistema que un día lo encumbró y posteriormente lo expulsó.
Defenestrado por Fidel Castro: una historia que sigue generando debate
La reciente fotografía compartida en redes sociales demuestra que, pese al paso de los años, Roberto Robaina continúa despertando interés entre los cubanos.
Para algunos representa el ejemplo de un dirigente que terminó siendo víctima de las luchas internas del propio castrismo. Para otros, sigue siendo uno de los rostros de un régimen que contribuyó a sostener durante años antes de caer en desgracia.
Su historia suele compararse con la de otros altos funcionarios como Felipe Pérez Roque o Carlos Lage, quienes también fueron promovidos por la cúpula gobernante antes de ser apartados abruptamente cuando perdieron la confianza del liderazgo histórico.

Más de un cuarto de siglo después de su destitución, la imagen de Robaina sentado en una cafetería habanera sirve como recordatorio de una constante dentro del sistema político cubano: el poder puede elevar rápidamente a sus dirigentes, pero también puede borrarlos del escenario con la misma velocidad.
La reaparición del antiguo canciller no supone un regreso a la política, pero sí revive el interés por una figura que, durante un breve período, fue considerada uno de los posibles rostros del relevo generacional.
La lluvia de comentarios al post de Cubanos por el Mundo no se hizo esperar. Para Roxana Alvarez Gomez lo principal de Robaina fue que desde adentro se opuso al régimen y trato de cambiar el orden de las cosas.
La internauta Norailys Gonzalez observó que “parece no le ha ido tan mal xq si lo comparamos con Lage y Roque que están hecho polvo, este se ve gordito y mejor semblante“, algo que subscribió Rodriguez Sergio “Está mejor ahora que cuando estaba cerca del poder.”
Jose Luis Perdomo concluyó que Robaina González fue parte del sistema en una época donde nadie puede decir que no sabían de los crímenes de la dictadura.
“Disfrutó de los beneficios de sus altos cargos lejos de los cubanos de a pie. Y como todos los beneficiados por la dictadura llegó el momento que se creyó grande y se olvidó de que lo que tenía fueron regalos del dictador y que lo podía perder todo. Me repugna que hay gente promoviendo a estos señores, por ejemplo Lage, que lo unico que hicieron fue servir sus propios intereses y los de sus dueños.”