Hay una forma muy conocida de hablar de Cuba desde fuera: reconocer que el país atraviesa problemas, admitir que “se han cometido errores”, insistir en que gobernar siempre es complicado y terminar pidiendo indulgencia moral para el sistema que ha administrado esos errores durante más de seis décadas. Alexis Díaz-Pimienta repitió recientemente ese esquema cuando dijo que Cuba es “un país complicado”, que “se siguen equivocando” y que a la isla “no se le perdona nada”. La frase puede sonar conciliadora, pero en realidad funciona como un mecanismo de reducción: convierte un problema político estructural en una simple cadena de equivocaciones humanas.
El punto central que queda fuera de ese argumento es que en Cuba no se trata de un gobierno cualquiera que se haya equivocado en determinadas políticas. Se trata de un sistema político que durante más de sesenta años ha concentrado el poder, ha restringido libertades fundamentales y ha impedido a los ciudadanos cambiar a quienes gobiernan.
En la mayoría de los países los gobiernos también cometen errores, pero los ciudadanos tienen mecanismos para sustituirlos: elecciones competitivas, prensa independiente, tribunales que pueden actuar sin tutela política. En Cuba esos mecanismos no existen. Por eso la comparación de Díaz-Pimienta —“¿qué país no se equivoca?”— se queda corta: no es lo mismo un error corregible que un sistema que impide corregirlo.
A lo mejor él también “se equivocó” y agarró el micrófono de la oficialista CubaInformación creyendo que era CNN en Español. Digo yo….
Muchos harán enfásis en que también importa desde dónde se formula ese discurso. Díaz-Pimienta no vive dentro de la realidad cotidiana de la isla. Lleva décadas instalado fuera de Cuba y desarrolla su actividad cultural y académica en España. En la llamada Madre Patria ha participado en proyectos universitarios y programas culturales vinculados a la improvisación poética, en lo cual, hay que decirlo, es un absoluto crack. Desde esa posición ha construido una carrera que le permite moverse con comodidad entre circuitos culturales internacionales y espacios asociados al mundo cultural cubano. Es un lugar que ofrece visibilidad, estabilidad y circulación artística, pero también distancia de las condiciones que enfrentan los ciudadanos dentro del país.
Esa trayectoria pudiera explicar en parte el tono de su intervención pública sobre Cuba. No se trata de un enfrentamiento abierto con el poder cubano ni de una crítica frontal a sus estructuras políticas, sino de una narrativa que apela a la comprensión, al matiz y a la idea de que el país merece paciencia porque gobernar siempre implica equivocarse. Si quiere entrar y salir de la isla con comodidad, hay que hacer esos malabares.
Esa una postura frecuente en ciertos sectores culturales, en gente acéfala y en gente muy pilla: evitar el conflicto directo con el sistema, preservar relaciones institucionales y seguir circulando en distintos escenarios sin romper completamente con ninguno. Hacerse llamar “artistas” y no meterse en política. Muchos es escudaron tras ese argumento cada vez que visitaban Miami, pero cuando regresaban a la isla se olvidaban de lo dicho 90 millas más arriba, y los veías opinando o participando de la vida política del país.
Un ejemplo de esa zona de convivencia en la que habita el decimista y académico se observa en su colaboración reciente con el dúo Buena Fe. Díaz-Pimienta compartió escenario con la agrupación en eventos vinculados al festival Oralitura Habana y posteriormente en presentaciones fuera de Cuba; más específicamente en el auditorio Marcelino Camacho. Allí, mientras él tenía el micrófono en la mano y hablaba, una persona del público se levantó a pedir libertad por los presos políticos y fue sacado violentamente del lugar. Tras varias décadas de vivir en España y conocer la libertad y la democracia de primera mano, cualquiera pensaría que Pimienta, cuando menos hubiese aprovechado el momento para pedir que “lo dejaran” o que “no lo golpearan”. Incluso, pudo haber pedido que, por favor, le hicieran saber a esa persona que a él le gustaría conversar más tarde con él; pero no. No hizo eso. Siguió como si nada.
Colaboración entre “artistas”
La relación no parece circunstancial: se trata de una colaboración artística repetida, celebrada públicamente por ambas partes. Buena Fe por su parte, ha sido una de las agrupaciones musicales más asociadas al discurso cultural oficialista cubano en los últimos años, especialmente durante momentos de fuerte debate político en la isla. Esa cercanía no convierte automáticamente a Díaz-Pimienta en portavoz de ese discurso, pero sí revela un espacio de afinidad cultural donde la confrontación política directa con el poder cubano simplemente no aparece. Díaz Pimienta podrá decir que él no debate de esos temas con Israel Rojas, a la postre la cara y boca visible del dúo; o que hay serias diferencias entre ambos ideológicas, irreconciliables incluso, que ellos prefieren poner a un lado y centrarse en “el arte”.
Sin embargo, su colaboración con el duo y con Rojas, no es la única mancha gris en su expediente. Hace unos meses se reveló su vínculo con el joven comunicador, periodista y escritor cubano, Andy Jorge Blanco. Fue específicamente en abril de 2025, cuando Díaz-Pimienta participó en Sevilla en la presentación del poemario Ciudades con nombre de mujer, del joven autor cubano, y no solo como interlocutor del evento: también escribió el prólogo del libro, donde avala la obra y presenta al escritor dentro de una tradición literaria cubana contemporánea. La presencia de Díaz-Pimienta en ese acto no fue la de un simple invitado, sino la de un padrino literario que legitima públicamente la entrada de un autor más joven en el circuito cultural.
Y… ¿quién es Andy Jorge Blanco?
Andy Jorge Blanco, según su propia ficha académica y cultural, es periodista formado en la Universidad de La Habana y posteriormente estudiante de posgrado en Sevilla. Su carrera literaria ha comenzado a desarrollarse en ese entorno universitario y editorial entre Cuba y España, pero su pasado es bien lamentable.
En medios opositores del exilio, su figura ha sido presentada de forma crítica por su vinculación previa con el aparato mediático oficial cubano, particularmente con el portal Cubadebate, donde según testimonios muy veraces era, después de Oscar Figueredo Reinaldo, la otra mano derecha de Randy Alonso. Es la pareja de otra periodista, también de Cubadebate, Dinella García, que también vino a España a hacer un curso. Presuntamente, ninguno de los dos piensa regresar a vivir a la isla una vez terminado los estudios de postgrado.
Eran, de los más que escribían en Cubadebate, los más rojitos. Tenían mucha presencia en redes sociales, donde desde ciberclariaban en contra de las voces críticas del sistema, a veces con bastante misoginia (como en el caso de Andy Jorge) y cuando tenían “un tiempo libre”, se iban a Twitter a postear cosillas como “Quítame ese bloqueo”, “Yo soy Fidel”, “Yo Sigo a mi Presidente” y cosas por el estilo.
Esa percepción, magistralmente descrita en varios textos aquí, en Cubanos por el Mundo, justa o no, forma parte del contexto público que rodea al autor. Y en ese contexto Alexis Díaz-Pimienta decidió escribir el prólogo de su libro y presentarlo en un acto cultural en Sevilla.
Europa Press parece que no las conocía cuando le dedicó un reportaje y presentó a este joven como “escritor”, en un texto sin autor reconocido y que bien luce como un favor personal que le hicieron para quedar bien con alguien.
Otro texto similar puede leerse en ONDA LOCAL DE ANDALUCÍA, donde otra vez se habla de Andy Jorge como escritor y nada más. ¿Autor? También sin nombre.
¿Desconocía Pimienta a qué se dedicaba en la isla Andy Jorge? Si lo conocía, ¿le importó? Ninguno de estos hechos, por sí solo, constituye una prueba de militancia política o de adhesión ideológica absoluta. Pero juntos dibujan un patrón bastante reconocible: un creador que vive fuera de Cuba, mantiene relaciones fluidas con gente vinculada de un modo u otro al oficialismo en la isla; evita confrontaciones políticas abiertas con el sistema y participa en proyectos artísticos donde coinciden figuras cercanas al discurso cultural oficial. Ese patrón explica por qué sus palabras sobre los “errores” del gobierno cubano encajan con naturalidad en su trayectoria.
El problema no es que Díaz-Pimienta tenga una opinión diferente sobre la situación de Cuba, porque a fin de cuentas todos tenemos una opinión distinta y un criterio personal sobre lo que sucede en la isla. Yo mismo, a cada rato, tengo mis “encontronazos” con gente más alineada con la extrema derecha que yo; o que con el centro. No pocas veces me han tildado de “izquierdoso” y… así vamos. La diferencia es que, quien suscribe, sabe muy bien con quién se relaciona y a quien le escribe prólogos y con quien comparte esceanarios.
El problema es que sus palabras, las de Pimienta, repito, dichas a CubaInformación, contribuyen a normalizar una idea muy útil para el poder cubano: que la crisis del país es simplemente el resultado de equivocaciones inevitables al ser humano, no de un sistema político que ha concentrado poder sin permitir a los ciudadanos reemplazarlo. Cuando alguien con visibilidad cultural reproduce ese argumento desde fuera del país, el resultado es una forma elegante de minimizar el problema y de alinearse, aunque no lo quiera ni pretenda, con el opresor.
Cuba no necesita indulgencia moral para sus gobernantes. Necesita instituciones que permitan corregirlos, sustituirlos y fiscalizarlos. Mientras eso no exista, hablar de “errores” sin mencionar la estructura política que los perpetúa es, en el mejor de los casos, una simplificación. En el peor, una forma más de ese viejo equilibrio cultural que intenta estar bien con todos: con el poder, con el público, con la escena artística y con el relato oficial.
Ese equilibrio es lo que muchos cubanos describen con una expresión popular muy gráfica: estar en el tíbiri tábara. Y, para muchos observadores, Alexis Díaz-Pimienta parece haberse instalado cómodamente en ese lugar; para otros, simplemente, se ha quedado con dos neuronas muy desarrolladas para hacer décimas.