Anna Bensi denuncia la pérdida definitiva de su WhatsApp y Telegram, hackeadas por el régimen

El brazo represor de la Seguridad del Estado en Cuba extendió sus garras hacia el entorno digital para ejecutar un apagón comunicativo contra la joven activista e influencer cubana Anna Bensi.

En un acto que evidencia el pavor del régimen a las voces disidentes con alcance en redes, la chica denunció la pérdida total de su acceso a la plataforma WhatsApp, así como el control ilegítimo de sus perfiles de Telegram.

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Esta maniobra de censura cibernética no solo buscó aislar a la joven, sino que también comprometió la seguridad de sus allegados al quedar sus cuentas en manos de los órganos de inteligencia castristas.

La persecución contra Anna Bensi escaló a niveles alarmantes cuando, tras días de hostigamiento telefónico, los servicios de mensajería colapsaron bajo la intervención estatal. La joven utilizó su perfil de Facebook, una de las pocas trincheras que aún conserva, para lanzar una alerta urgente a su comunidad de seguidores y contactos personales.

“Definitivamente perdí mi cuenta de WhatsApp. Así que si algunos de mis contactos recibe algún mensaje desde esa cuenta o me escribe y da entregado NO SOY YO”, escribió la joven de apenas 21 años.

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Captura de Facebook

Un ataque coordinado desde las entrañas de ETECSA

El asalto digital no fue un evento aislado o fortuito. Los hechos demostraron una planificación quirúrgica ejecutada a través del monopolio estatal de las telecomunicaciones. Como se recordará, el pasado miércoles 22 de abril, ETECSA desactivó de forma simultánea las líneas telefónicas de Anna Bensi y, su madre Caridad Silvente.

Este corte deliberado del servicio funcionó como el preludio necesario para el robo de identidad digital. Al controlar la infraestructura de red, la dictadura facilitó el acceso a los códigos de verificación de las aplicaciones. Aunque Anna Bensi intentó recuperar su cuenta de WhatsApp, el aparato represivo volvió a golpear apenas nueve horas después, logrando la desactivación definitiva de la cuenta.

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Anna Bensi y su madre

El hackeo como arma de difamación

La gravedad de la denuncia de Anna Bensi radica en el uso fraudulento que los agentes de la Seguridad del Estado suelen dar a estas cuentas robadas. Al tomar el control de Telegram y WhatsApp, la tiranía posee la capacidad de enviar mensajes falsos, sembrar discordia entre activistas o incluso fabricar pruebas para futuros procesos penales.

“También perdimos, mi mamá y yo, nuestras cuentas de Telegram. Ninguna de las dos tenemos manejo de esos perfiles”, aclaró la activista para desvincularse de cualquier actividad que ocurra bajo su nombre en dichas redes.

El Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa (ICLEP) condenó estas prácticas, las cuales forman parte de un patrón sistemático utilizado contra periodistas independientes y figuras públicas. Al despojar a Anna Bensi de sus medios de comunicación, el castrismo intenta silenciar las denuncias sobre la precariedad y la falta de libertades que la joven visibiliza de manera constante.

Acoso contra Anna Bensi

La trayectoria de valentía de Anna Bensi frente al régimen comenzó a cobrar notoriedad el 10 de marzo. En aquella fecha, ella y su madre filmaron la entrega irregular de una citación por parte del suboficial del MININT, Yoel Leodán Rabaza Ramos.

Este acto de transparencia ciudadana enfureció a los esbirros del régimen, quienes utilizaron el Código Penal que ellos mismos manejan a su antojo para acusarlas de “violar la intimidad”, un cargo que acarrea penas de hasta cinco años de privación de libertad.

Para finales de marzo, la situación jurídica de Anna Bensi se agravó tras ser instruida de cargos oficiales, quedando bajo medida de reclusión domiciliaria y con una prohibición absoluta de salida del país.

La presión internacional no se hizo esperar; el diplomático estadounidense Mike Hammer visitó a la familia el 9 de abril, subrayando que “su único delito ha sido defender sus creencias, su fe”. Sin embargo, lejos de amedrentarse por la mirada externa, la dictadura intensificó las amenazas, llegando a intimidar a la hermana de la activista con discursos de odio y violencia antes de que esta partiera a Miami.

La fe como último refugio ante la tiranía

A pesar del cerco policial, los interrogatorios de más de dos horas en la estación de Alamar y el sabotaje constante de su vida digital, la joven mantiene su postura firme. El régimen intentó quebrantar su voluntad mediante el aislamiento, pero Anna Bensi reafirmó que su compromiso trasciende lo material. El 15 de abril, ante la asfixia del sistema, la joven sentenció: “decidí dejar mi vida y la de mi familia en manos de Dios”.

La situación de Anna Bensi es el reflejo de una Cuba donde el ciberespacio se convirtió en el nuevo campo de batalla. Mientras el castrismo invierta recursos en hackear a ciudadanos de fe y bloquear teléfonos, quedará claro que su mayor enemigo sigue siendo la verdad compartida a través de un simple mensaje de texto.

La comunidad observa hoy cómo una joven de 21 años pone en jaque a una estructura totalitaria que, a falta de argumentos, recurre al robo de identidades digitales para sobrevivir.

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