La presa política cubana, Lizandra Góngora, abandonó este viernes la huelga de hambre y sed que sostuvo durante 48 horas en la prisión Los Colonos, en la Isla de la Juventud, después de que sus familiares lograron convencerla de no arriesgar más su deteriorada salud.
“La pudimos convencer… ella tiene un fibroma uterino, está débil, puede perder hasta la vida”, declaró su esposo, Ángel Delgado, a Martí Noticias, cuyas palabras resumieron en una frase la brutalidad de lo que el régimen castrista le inflige cada día a esta presa política.
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Cuatro meses sin ver a sus hijos
Góngora inició su protesta el 22 de abril, negándose a ingerir alimentos, agua e incluso suero, en respuesta a una cadena de represalias que los esbirros del régimen acumularon contra ella desde su traslado en 2023 al penal en la Isla de la Juventud, una medida catalogada como punitiva que agravó su vulnerabilidad al alejarla de su entorno familiar en Artemisa, con lo que sus familiares apenas lograron visitarla cada tres o cuatro meses, dejando a esta presa política sin ver a sus hijos, una forma de tortura psicológica que el sistema carcelario cubano aplica como instrumento de presión.

El detonante inmediato de la protesta fue la declaración que el puesto a dedo, Miguel Díaz-Canel, realizó el 9 de abril ante la periodista Kristen Welker en el programa Meet the Press de NBC News, donde calificó de “gran mentira” la existencia de presos políticos en Cuba e insistió en que los encarcelados lo estaban por vandalismo y delitos contra la constitución cubana, una afirmación que empujó a Góngora a declararse en huelga para demostrar que sí existen encarcelados por motivos políticos y exigir respeto a su condición.
Una condena de 14 años y un cuerpo que cede
Góngora cumple una condena de 14 años, la más severa impuesta a una mujer por su participación en las protestas del 11 de julio de 2021, y llegí a esta huelga con una salud que los propios represores del régimen contribuyeron a destruir, diagnosticada con un fibroma uterino de cinco centímetros que le causa hemorragias, condición para la cual las autoridades penitenciarias le negaron la operación necesaria alegando falta de especialistas en la Isla de la Juventud, además de padecer sicklemia, lo que complica aún más su estado.
Las causas persisten aunque la huelga terminó
La organización Cubalex, que siguió el caso de cerca, advirtió que el fin de la huelga no significa el fin del peligro, señalando que la integridad física y psicológica de esta presa política continúa en riesgo y reiteró el llamado a su libertad inmediata, subrayando que las huelgas en el sistema penitenciario cubano suelen ser consideradas indisciplinas y pueden derivar en sanciones adicionales, incluido el aislamiento.
Cubalex también recordó que la distancia al penal, combinada con la crisis económica y el colapso del transporte en Cuba, hace inviable la visita regular.
El régimen fabrica presos políticos y luego niega que existen
Lo que le ocurrió a Lizandra Góngora no es una anomalía, es la aplicación deliberada de un modelo de represión que el castrismo perfeccionó durante décadas: detener, condenar con penas desproporcionadas, trasladar a prisiones remotas, negar atención médica y cortar los lazos familiares, para luego presentarse ante el mundo entero con la cara limpia y negar la existencia de personas secuestradas por motivos políticos mientras una madre se niega a beber agua en una celda de la Isla de la Juventud.

El activista Ariel Góngora responsabilizó al régimen cubano por cualquier consecuencia para la salud de su prima y señaló que Lizandra no es la única en esa situación, citando el caso del preso político Ángel Jesús Véliz Marcano, también en huelga de hambre en la prisión de Kilo 9, en Camagüey.
Detrás de cada uno de esos nombres hay una sentencia fabricada por un sistema que castiga pensar diferente con el mismo rigor con que otros países castigan crímenes graves, y que necesita que el mundo siga mirando.
La huelga terminó, pero la condena de esta presa política sigue intacta, el fibroma sigue sin operarse, los hijos siguen lejos y los represores que siembran terror en Los Colonos siguen en sus puestos sin rendir cuentas ante nadie.