Un atroz atentado terrorista en Colombia acabó con la vida de al menos siete personas y dejó a otras 17 heridas de gravedad en un tramo estratégico de la Vía Panamericana, en el departamento del Cauca.
Este nuevo ataque indiscriminado contra la población civil no solo destruyó vehículos y fracturó la infraestructura vial del país, sino que también evidenció la profunda crisis de seguridad que atraviesa la nación.
Mientras el gobierno del narcoguerrillero Gustavo Petro intenta sostener un discurso de reconciliación, la realidad en el territorio muestra una Colombia donde los grupos irregulares recuperaron el terreno perdido, operando con una libertad que aterra a los ciudadanos.
El suceso ocurrió específicamente en la zona conocida como El Túnel, dentro de la jurisdicción de Cajibío, un municipio situado a 35 kilómetros de Popayán, capital del Cauca, sobre la Vía Panamericana, que comunica con Cali, capital del vecino departamento de Valle del Cauca.
En este punto, presuntos integrantes de las disidencias del grupo terrorista de las FARC lanzaron un cilindro cargado con explosivos de alto poder.
El artefacto impactó directamente contra un autobús de servicio público que transitaba por el sector, convirtiendo el vehículo en una trampa mortal de metal y fuego. La onda expansiva fue tan devastadora que alcanzó a otros automóviles particulares, provocando un cráter de proporciones considerables sobre la calzada y forzando el cierre total de esta arteria vital que conecta a Popayán con la ciudad de Cali, según reportaron los medios colombianos.
Las autoridades regionales no tardaron en reaccionar ante la magnitud de la carnicería. Octavio Guzmán, gobernador del Cauca, utilizó sus canales oficiales para confirmar el saldo trágico de la jornada.
“Fue activado un artefacto explosivo en la vía Panamericana, en el sector de El Túnel, Cajibío, en un ataque indiscriminado contra la población civil que, de manera preliminar, deja 7 civiles muertos y más de 17 heridos de gravedad”, señaló el mandatario departamental.
Con un sentimiento de impotencia que refleja el sentir de muchos en Colombia, Guzmán describió el hecho como “una tragedia que nos desgarra como departamento y enluta profundamente a nuestras familias”.
Por su parte, el director de la Unidad de Restitución de Tierras (URT), Giovani Yule, quien posee raíces en esta convulsa región, manifestó su rechazo absoluto.
“Rechazamos de manera contundente y con profunda preocupación los hechos terroristas ocurridos en el sector del túnel, en el municipio de Cajibío, Cauca, donde nuevamente la violencia golpea a la población civil y altera la tranquilidad de nuestras comunidades”, afirmó el funcionario.
Violencia desatada en Colombia
La respuesta política desde la oposición fue inmediata y tajante. La senadora y candidata presidencial Paloma Valencia, representante del Centro Democrático, arremetió contra la gestión actual y su política de seguridad.
“Las escenas de Cajibío, Cauca, son terribles. Toda la solidaridad con los ciudadanos. Exigimos protección del Estado para el suroccidente. No más paz total”, sentenció la legisladora. Esta crítica resuena con fuerza en diversos sectores que consideran que la denominada “Paz Total” se transformó en un cheque en blanco para que los grupos armados se fortalezcan, convirtiendo a Colombia en un escenario de guerra abierta donde el ciudadano de a pie es quien pone las víctimas.
Lo más alarmante es que esta ofensiva terrorista ocurrió en paralelo a un consejo de seguridad que presidía el ministro de Defensa, Pedro Sánchez Suárez, en Cali. El objetivo de dicha reunión era precisamente analizar los ataques con cilindros bomba perpetrados apenas el viernes anterior contra el Batallón Pichincha en Cali y el Batallón de Ingenieros Agustín Codazzi en Palmira.
La persistencia de estos métodos, atribuidos a la columna Jaime Martínez del Estado Mayor Central (EMC), demuestra que la inteligencia militar y la prevención fallaron sistemáticamente. El EMC, liderado por alias Iván Mordisco, se consolidó como la principal amenaza para la estabilidad de Colombia, desafiando abiertamente al gobierno de Petro.
Incluso la infraestructura tecnológica del país sufrió embates este sábado. La Aeronáutica Civil denunció un ataque contra el radar de Santana, ubicado en El Tambo, Cauca. Este equipo es fundamental para la seguridad del tráfico aéreo en la región, lo que indica que la estrategia terrorista busca aislar y cegar al Estado en todos sus frentes.
En este contexto, el presidente comunista Gustavo Petro calificó a los atacantes como “criminales contra la humanidad”. A través de sus redes sociales, el mandatario escribió: “Los que atentaron y mataron a siete civiles e hirieron a 17 civiles más en Cajibío (…) son terroristas, fascistas y narcotraficantes”. No obstante, para muchos críticos, estas palabras llegan tarde cuando la sangre ya corrió por el asfalto de Colombia.
El panorama actual sugiere que el suroccidente del país se encuentra sitiado. Mientras los discursos oficiales se pierden en tecnicismos y promesas de diálogo, la insurgencia y el narcotráfico imponen su ley.
La gestión de Petro enfrenta su momento más crítico, pues el aumento de las masacres y los atentados con explosivos sugiere que la violencia se desató con una intensidad que no se veía en años.
ACTUALIZACIÓN de atentado terrorista en Colombia
En las últimas horas, el medio Caracol Noticias informó que ascendió a 12 el número de personas fallecidas y a 25 heridos tras el último reporte de las autoridades de salud.