Casos de hepatitis en Matanzas ponen en alerta a la población

Un nuevo brote de hepatitis en Matanzas puso en alerta a los habitantes de esa provincia, luego de que la negligencia estatal y el colapso del sistema sanitario local dejaran a la población a merced de la insalubridad.

La realidad que se vive en los barrios matanceros es desoladora: la infraestructura básica, inexistente tras décadas de desidia castrista, facilita la propagación de enfermedades que, en cualquier país civilizado, serían controlables.

Hoy, la hepatitis en Matanzas se convierte en el reflejo de un régimen que siempre prefirió “invertir” en hoteles de lujo antes que garantizar agua potable y condiciones higiénicas mínimas para sus ciudadanos.

El colapso epidemiológico ante la desidia

Andrés Lamas Acevedo, director del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología, confirmó el desastre: siete casos positivos confirmados apenas en la última semana, sumados a otros 49 pacientes bajo sospecha. Este escenario de la hepatitis en Matanzas no es una casualidad, sino el resultado directo de la falta de recursos y la inoperancia de las autoridades locales.

El municipio cabecera de la provincia ostenta el triste récord de acumular el 40 % de los casos de todo el territorio, una cifra que evidencia cómo la capital provincial se pudre ante los ojos de un régimen incapaz.

Focos de infección

Mientras la dictadura intenta maquillar las estadísticas, municipios como Cárdenas, Ciénaga de Zapata y Unión de Reyes siguen reportando focos preocupantes. En el reparto Versalles, la situación se agravó con seis nuevos casos sospechosos detectados recientemente.

Aunque el funcionario Julio Ernesto Hernández Sánchez intentó calmar las aguas alegando que la curva de la hepatitis en Matanzas muestra una leve tendencia al descenso, la realidad en las calles contradice el discurso oficial. La población vive con miedo, consciente de que, ante cualquier complicación, los hospitales carecen de lo más elemental para enfrentar un brote infeccioso.

El caos epidemiológico no termina ahí. A la par del aumento de la hepatitis en Matanzas, los cuadros febriles registran un incremento alarmante, mientras la escasez de medicamentos esenciales para el Programa de Atención Materno-Infantil pone en peligro la vida de los más vulnerables.

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La falta de fármacos críticos como el nifedipino, el nitropusiato de sodio y el clorhidrato de hidralacina es una sentencia de muerte dictada por el régimen. La escasez de estos insumos eleva directamente las tasas de bajo peso al nacer y partos pretérmino, indicadores que el castrismo intenta esconder detrás de un supuesto cuidado infantil.

Cinismo ante el fracaso sanitario

Mario Sabines Lorenzo, en un alarde de cinismo, llamó a los trabajadores del sector a fortalecer la atención domiciliaria y propuso insólitamente el uso de vehículos eléctricos ante la crónica crisis de combustible que paraliza la isla.

Sabines Lorenzo, ignorando que el problema es sistémico y no de transporte, lanzó una frase cargada de demagogia al dirigirse al personal sanitario: «no tengan pena de tocar puertas; para ustedes siempre van a estar abiertas».

Resulta irónico que hablen de puertas abiertas cuando el hambre, la falta de medicinas y la hepatitis en Matanzas han cerrado todas las puertas a la esperanza de los cubanos.

Con un índice de mortalidad infantil de 7.4 por cada mil nacidos vivos, el sistema de salud cubano es un cadáver que el régimen se niega a enterrar. Mientras el Estado fallido se jacta de una supuesta zona de seguridad frente a las arbovirosis, la hepatitis en Matanzas sigue golpeando con fuerza, dejando claro que para la dictadura la vida del ciudadano es solo una cifra desechable en su hoja de ruta hacia el fracaso total.

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