La presa política cubana Yunaiky Linares continúa sufriendo en la cárcel y, por ello, la organización Defensa CD pidió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) una intervención inmediata ante el peligro real que enfrenta esta ciudadana.
Cabe recordar que , el aparato represivo de la dictadura castrista, en un ejercicio de crueldad absoluta, decidió secuestrarla nuevamente tras una manifestación cívica, dejando claro que el régimen no tolera ni la más mínima expresión de hartazgo social.
La realidad tras los muros de la tiranía
La historia de esta presa política es un testimonio crudo de la barbarie que impera en la isla. Tras haber sido liberada brevemente en 2025 bajo una maniobra política con el Vaticano, el estado totalitario volvió a mostrar sus colmillos el pasado 2 de junio.
Los esbirros del régimen la capturaron durante una protesta en Arroyo Naranjo, donde los vecinos exigían agua y luz, derechos básicos que la tiranía niega sistemáticamente. Ahora, se encuentra encerrada en la Prisión de Mujeres de Occidente, conocida popularmente como El Guatao, un antro donde la dignidad humana muere cada día bajo el control de los carceleros.
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Tortura y negligencia como norma estatal
Según un reporte de Martí Noticias, Juan Carlos Vargas, director ejecutivo de Defensa CD, fue tajante al denunciar la situación. “Consideramos que la vida y la integridad de Yunaykis están en riesgo porque, según la información recibida, ha sufrido malos tratos, aislamiento, negación de atención médica y represalias mientras está bajo custodia”, aseveró con indignación.
Esta presa política no es un número más en las estadísticas; es una mujer de 28 años cuyo único “delito” fue alzar la voz contra un sistema fallido que hundió al país en la miseria más profunda durante más de seis décadas.
Un sistema que castiga la dignidad
La perversidad de los sicarios del régimen no tiene límites. Según los testimonios de sus familiares, esta presa política padeció torturas físicas y psicológicas, además de una incomunicación total que buscaba quebrar su espíritu.
El régimen, experto en la infamia, revocó su libertad condicional como castigo ejemplarizante. El directivo de la organización defensora de derechos humanos añadió: “El llamado urgente busca prevenir un daño mayor. No es necesario esperar a que ocurra una tragedia para actuar. Incluso, si no existiera un riesgo inmediato para su vida, su caso seguiría siendo muy grave porque fue regresada a la cárcel por acompañar a sus vecinos en un reclamo por servicios básicos”.
La sed de venganza del castrismo contra quienes participaron en el estallido social del 11 de julio de 2021 sigue vigente. Yunaiky Linares cumple una condena infame de ocho años por sedición, un cargo inventado por una fiscalía servil que utiliza las leyes para legalizar el atropello.
Para la dictadura, el hecho de que esta presa política sea una mujer valiente que no se arrodilla representa una amenaza directa a su control absoluto. La represión es su única herramienta para perpetuarse en un poder que el pueblo cubano desprecia profundamente.
Exigencias ante la comunidad internacional
Desde Defensa CD, la comunicación dirigida al comisionado Stuardo Ralón Orellana es un grito de auxilio frente a la indiferencia cómplice de algunos sectores internacionales.
Exigen atención médica independiente, el fin de los castigos arbitrarios y, sobre todo, verdad sobre su situación jurídica. El régimen, en su soberbia, pretende ignorar estas peticiones, pero la realidad es que cada día que esta presa política permanece tras los barrotes, queda más en evidencia la naturaleza criminal de quienes usurpan el poder en Cuba.
Mientras el mundo observa, el régimen castrista perfecciona sus técnicas de tortura y silenciamiento. La vida de una mujer joven está en juego, destrozada por un sistema que teme a la verdad más que a cualquier otra cosa.
La lucha por la liberación de cada presa política como Linares es, en esencia, la lucha por la supervivencia de una nación que se niega a morir bajo la bota de una dictadura que no conoce la compasión, que vive de la mentira y que caerá, inevitablemente, bajo el peso de su propia maldad. La justicia llegará, aunque el régimen intente evitarlo con rejas y la crueldad más inhumana.