La culpa no es del embargo: es del modelo. Respuesta editorial a Reuters (+VIDEOS)

Reuters publicó este 14 de abril un reportaje desde Playa Larga y la Ciénaga de Zapata titulado “Cuba’s top destinations deserted, without power or fuel under US sanctions”.

El artículo es, como pieza de reporteo, impecable: casas de renta vacías, la Cueva de los Peces cerrada hace dos meses, apagones de 22 horas, una caída del 56% en las llegadas internacionales en febrero respecto al año anterior, y un sector que en 2024 todavía aportaba hasta el 10% de los ingresos en divisas del país.

Todo eso es cierto. Lo que no lo es, y conviene decirlo con nombre, apellido y cifras, es el marco que la agencia adopta sin discutirlo: la tesis de que el colapso turístico de Cuba es consecuencia de un “bloqueo energético” de Washington.

Esa lectura, cómoda para el régimen y repetida durante sesenta y siete años, ignora una realidad que ya no soporta el escrutinio de los datos.

Los números que Reuters no contrasta

En 1957, antes del castrismo, Cuba recibió cerca de 270.000 turistas internacionales, cifra relevantísima para la escala global de la industria de entonces, con La Habana como el centro turístico más sofisticado del hemisferio occidental.

En 2024, con casi setenta años de “revolución”, la isla apenas alcanzó 2,2 millones de visitantes, y de esa cifra, según estimaciones razonables documentadas en nuestro análisis, más del 50% llega por turismo sexual o para visitar a familiares, no por consumo turístico convencional.

Comparemos con la región que Reuters menciona solo de refilón: República Dominicana cerró 2025 con ~11,6 millones de visitantes internacionales, un récord histórico.

México superó los 45 millones. Bahamas, Jamaica y Punta Cana consolidaron marcas, marinas y conectividad aérea que Cuba nunca construyó.

Ninguno de esos países tiene ventajas geográficas superiores a las cubanas. Ninguno estuvo bajo embargo. Todos decidieron gestionar su turismo con profesionales, no con cuadros políticos.

La variable que Reuters omite

El artículo de Reuters atribuye el desplome a las sanciones de Washington y al corte de combustible.

Sin embargo, no explica por qué, con los mismos hoteles, las mismas playas y la misma geografía, Cuba llevaba ya años perdiendo cuota frente a sus competidores antes de la actual crisis energética.

No explica por qué los ministros de turismo del régimen han sido, sin excepción, cuadros designados por lealtad ideológica y no por conocimiento de la industria.

Reuters
Un comerciante, con un puestecito de artesanías al lado de una carretera rural, espera por turistas para vender sus artesanías (Foto: Cubanos por el Mundo)

No explica por qué la isla apostó durante tres décadas por un modelo saturado de “sol y playa” sin construir los aeropuertos cercanos a los polos turísticos, las marinas de clase mundial, ni la conectividad a internet que hoy son condiciones básicas de competitividad.

No explica que los apagones que ahuyentan al turista, doce, dieciséis, veintidós horas diarias, son el desenlace previsible de una termoeléctrica vieja, un sistema eléctrico nacional mal mantenido y una cadena de suministro rota por el propio sistema que pretendía administrarla.

Atribuirlo todo al embargo es, en el mejor de los casos, un atajo analítico. En el peor, un favor al régimen.

Tal y como planteamos en un artículo de Cubanos por el Mundo, el turismo que Cuba tiene hoy es un fracaso total.

A pesar de haber recibido alrededor de 2,2 millones de visitantes en 2024, más del 50% de esos turistas llegaron por turismo sexual y un porcentaje importante corresponde a cubanos del exterior que viajan por motivos familiares, no por la calidad del destino.

Apagones de hasta 22 horas, falta de combustible, inseguridad y una de las conexiones a internet más lentas del continente, además de aeropuertos distantes a los polos turísticos, han convertido a Cuba en un destino cada vez menos competitivo.

Reuters
Cuba tampoco tiene una infraestructura para el desarrollo del turismo. Los destruidos aeropuertos de la Isla están distantes de los destinos turísticos (Foto: Cubanos por el Mundo)

Encima, un turismo malo, malos servicios, mala alimentación y la dependencia de visas para la mayoría de los turistas, visas que muchos no están dispuestos a pagar, hacen que la Isla se quede atrás en el sector turístico.

Lo que sí revela Reuters en su indagación

Hay, sin embargo, un detalle en el propio reportaje de Reuters que desmonta la tesis oficialista. Manuela Arencibia Báez, dueña de casa de renta en Playa Larga, admite: “Estamos mucho peor incluso que durante la pandemia”. Esa frase es la clave.

La pandemia fue un shock exógeno global; los apagones de 2026 son un shock endógeno, producido por décadas de decisiones internas. Si hoy el sector está peor que en 2020, el factor determinante no puede ser exclusivamente externo.

Del mismo modo, Fidel Fuentes, uno de los “afortunados” con paneles solares y batería de litio, confiesa que la electricidad no le ha salvado el negocio: los turistas “no vienen a Cuba por alojamiento cómodo, vienen por el Parque Nacional, el buceo, la observación de aves, la pesca con mosca… experiencias que ahora mismo no están disponibles”.

Traducción: el problema no es un apagón. Es un país que dejó de funcionar como destino.

Lo que viene

El valor del reportaje de Reuters es retratar el síntoma. El deber del periodismo cubano independiente es nombrar la enfermedad.

Cuando Cuba pueda tomar sus propias decisiones, conectar a su gente con el mundo y poner al frente de su industria turística a quienes saben lo que hacen, ya sean operadores, inversores, o cadenas como Marriott, Hilton o Hyatt hoy impedidas de operar en la isla, el mapa turístico del Caribe se redistribuirá.

No por un decreto de Washington, sino por la lógica del mercado que lleva 67 años esperando a que Cuba vuelva a competir.

Mientras tanto, culpar al embargo de cada hotel cerrado en Varadero, Cayo Santa María o Cayo Coco es ahorrarle al régimen la única pregunta que importa: ¿por qué la mayor isla del Caribe, con la mejor ubicación del hemisferio, es el único destino de la región que va hacia atrás?

La respuesta no está en Washington. Está en el Consejo de Estado.

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