El congresista republicano Mario Díaz-Balart alzó la voz para denunciar la golpiza que guardias de la prisión de Agüica, en Matanzas, le propinaron al preso político Félix Navarro tras concluir la visita familiar que le correspondía por reglamento, y exigió su liberación inmediata mientras el disidente de 73 años permanece incomunicado en una celda de castigo sin recibir atención médica.
“Los informes sobre la brutal golpiza sufrida por el preso político y activista prodemocracia Félix Navarro, perpetrada por esbirros del régimen en la prisión de Agüica, son profundamente alarmantes”, escribió Díaz-Balart en su cuenta de X, dejando asentado con nombre propio lo que la dictadura cubana suele silenciar dentro de sus cárceles.
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Los informes sobre la brutal golpiza sufrida por el preso político y activista prodemocracia Félix Navarro, perpetrada por esbirros del régimen en la prisión de Agüica, son profundamente alarmantes.
— Mario Díaz-Balart (@MarioDB) April 13, 2026
Su continua reclusión en aislamiento, sin atención médica, y pese a presentar… https://t.co/hMMhKkvVvT
Lo que dijo Mario Díaz-Balart y lo que no puede ignorarse
El legislador de Florida fue directo al señalar la responsabilidad de quienes avalan al castrismo frente a lo que le ocurrió a Félix Navarro dentro de ese penal de Matanzas.
“Quien defienda al régimen en Cuba, corrupto, represivo y criminal, está defendiendo estos abusos y estas violaciones de derechos humanos”, agregó Díaz-Balart, cerrando el pronunciamiento con una exigencia sin matices: “Félix Navarro debe ser liberado de inmediato y recibir atención médica urgente. Todos los presos políticos deben ser liberados ya”.

Cómo ocurrió la agresión dentro de Agüica
La esposa de Félix Navarro, Sonia Álvarez, presenció el inicio del hostigamiento durante la propia visita familiar, cuando el oficial Nozulén Pedroso Sotolongo, identificado por la familia como un represor habitual del penal, comenzó a increpar al preso político con el fin de someterlo a requisas para decomisarle cualquier apunte escrito que llevara consigo.
Cuando Navarro intentó dirigirse al área de enfermería al terminar el encuentro con su esposa, los esbirros lo interceptaron, lo insultaron, le propinaron una paliza, le pusieron las esposas y lo trasladaron directamente a una celda de aislamiento donde permanece sin contacto con el exterior ni acceso a ningún tipo de asistencia médica.
Álvarez responsabilizó directamente a Emilio Cruz, jefe de la prisión, y a Orlando Figueroa, agente de la Seguridad del Estado vinculado al caso, señalando que ambos conocían de antemano el comportamiento de Sotolongo y que las quejas reiteradas de Navarro contra ese oficial ante la dirección del penal nunca recibieron respuesta alguna.
Un hombre de 73 años con salud frágil golpeado en prisión
Félix Navarro llega a esta agresión en un estado físico que hace del ataque una amenaza directa a su vida, según advirtieron tanto su familia como organizaciones de derechos humanos que siguen su caso desde hace años.
La organización Cubalex documentó al menos 36 eventos represivos contra Navarro dentro del sistema penitenciario cubano, entre ellos golpizas anteriores, aislamiento prolongado, traslados utilizados como castigo, restricciones arbitrarias de visitas familiares y negativa sistemática de atención médica, un patrón que el castrismo aplica con precisión para desgastar físicamente a quienes considera sus enemigos sin necesidad de un juicio nuevo.
Amnistía Internacional, que lo reconoce como preso de conciencia, exigió garantías urgentes para su integridad física y contacto inmediato con su familia, sumándose a la cadena de pronunciamientos que el régimen ignora con la misma constancia con que sus carceleros golpean a sus presos.
El historial de un hombre que la dictadura lleva décadas intentando quebrar
Félix Navarro lleva más de veinte años siendo objetivo del castrismo, y cada vez que el régimen lo libera, encuentra la forma de devolverlo a una celda antes de que pueda respirar con libertad demasiado tiempo.
Formó parte del Grupo de los 75, el operativo represivo de la Primavera Negra de 2003 en que la dictadura encarceló de un solo golpe a periodistas, intelectuales y disidentes y los condenó a décadas de prisión.
Volvió a ser detenido en julio de 2021 tras las protestas del 11J y condenado a nueve años, quedó libre en enero de 2025 como parte de un acuerdo entre La Habana y Washington mediado por el Vaticano, y el Tribunal Supremo del régimen le revocó esa libertad condicional meses después argumentando un supuesto incumplimiento de condiciones, decisión que lo devolvió a la mazmorra, donde desde entonces se ha agravado su salud y donde el castrismo acaba de ordenar golpearlo mientras su esposa esperaba afuera.