Un fórum culinario celebrado en Puerto Padre, Las Tunas, convirtió los alimentos en consigna y propaganda para honrar al dictador Fidel Castro.
Lo que se presentó como una muestra de “creatividad” y participación de la “clase obrera” cubana, terminó revelando el ridículo y el culto a la personalidad que, en teoría, rechazó el Comediante en Jefe.

Según la nota oficial, trabajadores de sectores como Salud, Educación, Gastronomía y Pesca lograron exponer 79 platos, principalmente de cocina tradicional y repostería.
A simple vista, el evento intenta proyectar entusiasmo, organización y compromiso en saludo al primero de mayo.
Sin embargo, el tono triunfalista de la exposición resulta contrastante, en un país donde la mayoría de sus habitantes vive en la miseria extrema.

Hablar de creatividad en la cocina cubana hoy no es exactamente hablar de innovación, sino de necesidad.
En un país donde escasean productos básicos como harina, aceite o proteínas, cocinar se ha convertido en un ejercicio de sustitución constante.
Por eso, más que un logro digno de celebración, la exhibición de tantos platos despierta dudas inevitables: ¿cómo se consiguen los ingredientes?, ¿quién tiene acceso a ellos?, ¿por qué lo que aparece en un evento no se refleja en la mesa diaria de la población?
Mientras dentro del recinto se habla de “colorido” y “entusiasmo”, fuera de él predominan las colas, los apagones y la incertidumbre alimentaria. La creatividad, en este contexto, parece más un recurso retórico que una realidad compartida.
Loas a Fidel Castro, el artífice de la miseria y la opresión
La presencia de autoridades políticas y sindicales refuerza el carácter propagandístico del evento, pero ese discurso choca con la experiencia cotidiana de los ciudadanos.
Los comentarios de la gente dejan claro que la percepción popular va en otra dirección. Alicia Combos ironiza: “¿Y la langosta de Mariela???”, una frase que apunta directamente a las desigualdades dentro del país.
Mientras algunos tienen acceso a productos exclusivos, la mayoría apenas puede cubrir sus necesidades básicas.
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Por su parte, Siulesoj Arerrab Zenitram expresa rechazo total: “Ni muerto me como eso…”.
Un internauta que firma como Letier Almaguer añade otra capa al señalar los apagones y las diferencias entre provincias, evidenciando que los problemas estructurales pesan más que cualquier evento como ese.
#SocialismoEsMiseria, la verdad detrás del “colorido”
Quizás el comentario más revelador sea el de Ctras Alifer: “El patriotismo es la fuente donde los pobres dejan la sangre… qué diferencia entre esta pobreza y el blin blin de los eventos en los hoteles”.
Aquí se resume la contradicción central: un país donde se pide sacrificio constante, mientras ciertos espacios exhiben abundancia.
También resulta llamativo que, en una zona costera como es Puerto Padre no destaquen los productos del mar.
La observación sobre la falta de platos con pescado o mariscos no es trivial; pone en evidencia una señal más de un sistema que no logra traducir sus potencialidades en bienestar tangible.
La periodista Claudia Patrón Cueto lo resumió de manera irónica: “¿Qué pasó con la proteína?”, tras comprobar el menú que ofrece la mesa revolucionaria.
Otros comentarios, como el de Ricardo Pérez, sugieren incluso una normalización de la escasez llevada al extremo, mientras Alexis Guerrero resume la situación con tres palabras contundentes: “Hambre, miseria y terror”.

Al final, la verdadera ridiculez del evento no está en los platos ni en quienes participaron, sino en el intento de convertir todo en consigna, en memoria de un tirano que convirtió a Cuba en una finca y masacró, encarceló y obligó al exilio a millones de cubanos.