China vuelve a mostrar su complicidad criminal con el régimen de Cuba y pide a EE. UU. poner fin a su presión contra el castrismo

Dos dictaduras con el mismo argumento: mientras el pueblo de Cuba acumula décadas bajo el peso de un régimen que arruinó la economía, vació las bodegas y apagó las luces, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China decidió esta semana que su prioridad era salir en defensa de La Habana y reclamarle a Estados Unidos por la presión que ejerce contra los sicarios que mantienen a la isla bajo secuestro.

El portavoz Guo Jiakun ocupó su rueda de prensa no para hablar de la represión sistemática que ejerce la dictadura castrista contra su propia población, sino para repetir, una vez más, la narrativa que Fidel Castro fabricó hace décadas y que sus herederos en el poder repiten como consigna: que todo lo que falla en Cuba es culpa del “bloqueo” estadounidense.

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Díaz-Canel y Xi Jinping

La misma mentira, pero con acento chino

Lo que Pekín llama “bloqueo” es, en rigor, una medida bilateral entre dos países soberanos que no impide a La Habana comerciar con el resto del planeta — ni con la propia China, que en los últimos meses embarcó decenas de miles de toneladas de arroz hacia la isla.

A finales de enero, el presidente chino Xi Jinping aprobó una asistencia financiera de 80 millones de dólares y un donativo de 60 mil toneladas de arroz para Cuba. Eso significa que la dictadura tiene socios que le envían alimentos y dinero directamente, lo cual desmonta de raíz el argumento de que la miseria cubana es consecuencia del embargo norteamericano, y no de casi 70 años de socialismo, gestión económica desastrosa y represión de cualquier iniciativa privada.

Guo afirmó además que “muchos países y personas de distintos sectores en Estados Unidos reclaman el fin del embargo”, y que Washington debería escuchar esas voces. Lo que el vocero de Pekín no mencionó es que ninguno de esos países tiene que vivir bajo el castrismo, ni que las personas dentro de Estados Unidos que se oponen a las sanciones no son las que padecen los apagones de 20 horas en Cuba.

China apoya al régimen, no al pueblo cubano

La postura de Pekín no sorprende a nadie con memoria. China y Cuba comparten arquitectura política: partido único, falta de libertades, control estatal de la prensa y persecución de la disidencia. Cuando el portavoz chino habla de “apoyar firmemente a Cuba en la salvaguardia de su soberanía y seguridad nacionales” y oponerse a la “injerencia externa”, lo que defiende no es al cubano que hace cola desde las cuatro de la mañana para comprar pollo, sino al aparato represivo que mantiene a ese cubano en la cola.

El contexto que Pekín prefiere ignorar

Las declaraciones chinas llegaron días después de que los presidentes de España, México y Brasil emitieran una declaración conjunta desde la IV Cumbre en Defensa de la Democracia en Barcelona, en la que expresaron su preocupación por la grave crisis humanitaria que atraviesa el pueblo cubano. La diferencia entre ese comunicado y el de Pekín es reveladora: mientras tres países democráticos hablaron de crisis humanitaria y del sufrimiento de la población, China habló de soberanía y de bloqueo, que es precisamente el vocabulario que usa la dictadura cuando quiere desviar la atención de sus propios crímenes.

El trasfondo de toda esta escalada diplomática es la política de presión máxima que la administración Trump aplica sobre Cuba. El 29 de enero, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380, que declaró una emergencia nacional e impuso aranceles de hasta el 50% a países terceros que suministraran petróleo a la isla. Trump también reincorporó a Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, y resumió su posición el 30 de marzo con una frase lapidaria: “Cuba está terminada”.
Las sanciones no fabricaron la crisis, el castrismo sí

Lo que ni Pekín ni los sicarios diplomáticos de La Habana pueden explicar con coherencia es por qué países sin ningún embargo tampoco lograron que Cuba prosperara bajo el régimen castrista. La respuesta es incómoda para el relato oficial: el problema no es el embargo, es el modelo.

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La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero eliminó de golpe el suministro venezolano de entre 26.000 y 35.000 barriles diarios de petróleo, que representaba entre el 80 y el 90% de las importaciones petroleras cubanas. Eso puso en evidencia algo que la dictadura siempre supo pero nunca admitió: Cuba lleva décadas funcionando gracias a subsidios externos, no gracias a ningún mérito propio de su sistema económico.

Cuando China sale hoy a pedir el fin del embargo, no lo hace por solidaridad con los cubanos que emigran en balsa o que duermen sin electricidad. Lo hace porque una Cuba libre, democrática y con mercado abierto sería un vecino incómodo para todos los regímenes que basan su legitimidad en la misma mentira que sostiene el castrismo desde 1959: que el “enemigo externo es el culpable de todo”, y que por eso ellos deben seguir en el poder para siempre.

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