La presentación de una nueva iniciativa legislativa en Washington volvió a colocar a los congresistas demócratas en el centro del debate sobre la política de Estados Unidos hacia Cuba, luego de que varios legisladores registraran una resolución destinada a impedir que el presidente Donald Trump ordene una acción militar contra la isla sin la autorización expresa del Congreso.
La propuesta fue presentada en la Cámara de Representantes por los congresistas demócratas Nydia Velázquez, representante por Nueva York, y Gregory W. Meeks, principal miembro demócrata del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara.
La medida buscó ‘reafirmar’ las facultades constitucionales del Congreso en materia de guerra y limitar cualquier operación militar que no cuente con respaldo legislativo.
La iniciativa de los congresistas demócratas surgió en medio de una creciente tensión entre Washington y La Habana, tras meses de endurecimiento de la política estadounidense hacia el régimen castrista. El debate se intensificó después de la acusación formal presentada en Estados Unidos contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, un caso que volvió a poner bajo escrutinio a figuras históricas de la dictadura cubana.
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Los congresistas demócratas argumentaron que la Casa Blanca avanzó hacia una política exterior cada vez más agresiva y expresaron preocupación por la posibilidad de una intervención militar sin la aprobación del Legislativo.
“La beligerante política exterior de Donald Trump está generando nuevas guerras y conflictos en todo el mundo. Mientras nuestro país ya se encuentra inmerso en una nueva guerra con Irán, el presidente ha puesto ahora su mira en un cambio de régimen en Cuba”, declaró Velázquez.
La legisladora añadió: “Esta administración se precipita hacia otra guerra desastrosa, poniendo en riesgo incontables vidas, tanto estadounidenses como extranjeras. El Congreso debe reafirmar su autoridad constitucional si el presidente persiste en este camino ilegal”.
Por su parte, Meeks sostuvo que la administración republicana utilizó el tema cubano como parte de una estrategia política más amplia. “La Administración Trump y los republicanos en el Congreso están empeñados en iniciar otra guerra, esta vez con Cuba, para desviar la atención del fracaso del presidente en Irán, de la debilidad económica y de la deportación masiva de 500.000 cubanos que se encuentran legalmente en los Estados Unidos”, afirmó.
El congresista también defendió un cambio de enfoque hacia la isla y declaró: “Si Donald Trump y Marco Rubio hablan en serio sobre establecer una nueva relación con el pueblo cubano, deberían revertir 65 años de políticas fallidas de EEUU hacia Cuba, poner fin al bloqueo petrolero, y a la crisis humanitaria que este ha provocado, y trabajar junto al Congreso para modificar las sanciones estadounidenses, draconianas y obsoletas, que perjudican desproporcionadamente al pueblo cubano”.
La resolución de los congresistas demócratas recibió además el respaldo de los legisladores Jim McGovern y Joaquin Castro. El texto solicitó ordenar la retirada de las Fuerzas Armadas estadounidenses de cualquier hostilidad dentro de Cuba o dirigida contra la isla, salvo que exista una declaración formal de guerra o una autorización específica aprobada por el Congreso.
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La posición asumida por estos congresistas demócratas contrastó con las crecientes advertencias de sectores políticos que responsabilizaron directamente al régimen castrista por la crisis económica, los apagones masivos, la escasez de alimentos y el éxodo migratorio que golpeó a millones de cubanos durante los últimos años. Aunque los promotores de la resolución criticaron las sanciones estadounidenses, sus declaraciones no abordaron las denuncias sobre represión política, encarcelamiento de opositores y restricciones a las libertades fundamentales dentro de la isla.
La iniciativa de los congresistas demócratas en la Cámara llegó apenas una semana después de que un grupo de senadores demócratas impulsara una propuesta similar. Los senadores Tim Kaine, Adam Schiff y Ruben Gallego registraron una Resolución sobre Poderes de Guerra para impedir una acción militar contra Cuba sin aprobación legislativa.

Kaine defendió la medida argumentando que una confrontación militar no respondería a los intereses nacionales de Estados Unidos.
La discusión se desarrolló además en medio de reportes sobre movimientos militares estadounidenses en la región. Informaciones publicadas por medios especializados indicaron que unidades navales, aeronaves de vigilancia y otros recursos militares permanecían desplegados en zonas estratégicas cercanas al Caribe, alimentando las especulaciones sobre posibles escenarios de contingencia relacionados con Cuba.
Mientras los congresistas demócratas insistieron en limitar cualquier uso unilateral de la fuerza, la controversia reflejó las profundas divisiones existentes en Washington sobre cómo abordar la crisis cubana.
El debate también coincidió con un momento de fuerte deterioro económico dentro de la isla, donde el régimen castrista continuó enfrentando crecientes cuestionamientos por el colapso de servicios básicos, la inflación, la emigración masiva y las denuncias de violaciones de derechos humanos.
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