Luis Suárez, Julio Carranza, Haroldo Dilla, Rafael Hernández y compañía, públicamente no comentaron cuando el 24 de febrero de 1996 fueron derribados las avionetas desarmadas de Hermanos al Rescate. Tampoco de los juicios sumarios contra Leonel Morejón y Lázaro González, ni de la brutal represión contra Concilio Cubano, que llevó a más de 300 personas a los calabozos de la policía, donde algunos fueron golpeados y torturados. No lo sabían, no les importaba o no querían “juntarse con los contrarrevolucionarios”. Cuando les pisaron el callo sus padrinos, un mes después, fue que comenzaron a gritar, pero ya era tarde.
El 27 de marzo se cumplirán 20 años del despiadado ataque del V Pleno del Comité Central contra el Centro de Estudios de América (CEA), con la intención manifiesta de destruir cualquier posibilidad de apertura en la sociedad cubana.
Aunque se habló mucho del caso CEA, sobre todo a partir de los libros del por entonces jovencísimo Mauricio Giuliano (El caso CEA. Intelectuales en Cuba. ¿Perestroika en la isla?) o de Alberto Álvarez y Gerardo González, quienes estuvieron entre los purgados del CEA (¿Intelectuales vs. Revolución? El caso del Centro de Estudios sobre América), unos años después, aquella purga no llevó a más. Los traqueteados siempre gozaron de buena salud revolucionaria, y saludables carnet del Partido Comunista en sus bolsillos, que les garantizan todavía hoy sus viajes académicos a los Estados Unidos y a otros países.
Los que lloraban amargamente entonces porque perdían sus viajes al extranjero, cuando los cubanos tenían prohibido viajar, y sus dietas en dólares, pagadas generosamente por organizaciones no gubernamentales y universidades europeas y norteamericanas, cuando estábamos en Periodo Especial, eran los adalides académicos de la dictadura. Provenían del trágicamente famoso Departamento América, del Comité Central del Partido Comunista, departamento dirigido por el comandante Manuel Piñeiro (Barbaroja) y que estaba encargado de la desestabilización del continente americano y de labores de inteligencia. Quizás por eso no comprendieron cuando les fue arriba la horda-ultra conservadora: José Ramón Machado Ventura, José Ramón Balaguer Cabrera, José Arbezú, Amado Soto, Darío Machado, Raúl Valdez Vivó, Mercedes Labrada, Diosdado Quintana y el más ortodoxo de todos, Rolando Alfonso Borges.
Entre las “víctimas” estuvieron Luis Suarez, que era el director del CEA, Julio Carranza, Rafael Hernández, Juan Valdez, Fernando Martínez Heredia, Aurelio Alonso, Pedro Monreal y Ana Julia Faya. De ellos, nadie perdió tan siquiera el trabajo. Solo fueron ubicados en otros puestos, desde donde siguieron defendiendo la dictadura.
Planteaba Haroldo Dilla, en este fragmento sacado del libro de Giuliano, que en el CEA defendían:
“-Su posición teórica fundamental de que el multipartidismo no es la solución de los problemas en Cuba ni de cualquier otro lugar.
– Su concepción del mercado como un elemento autorregulado muy poderoso y que por tanto hay que controlar a partir de los criterios políticos.
– La necesidad de trabajar para que el Partido Comunista sea el partido de todos.”
Esto nos recuerda la posición de los “purgados” del CEA, y lo preocupante que es el sobredimensionamiento de ciertos hechos, mientras que tratan de hacer que otros sean olvidados.
Foto: Portada libro El Caso CEA: Intelectuales e Inquisidores en Cuba. ¿Perestroika en la Isla? Amazon
aleagapesant@nauta.com.cu; Aleaga Pesant