La organización Cubalex denunció el peligro que corren varios presos políticos que ejecutan una lucha contra el inhumano régimen castrista, el cual condena a muerte lenta a quienes osan desafiar su bota opresora dentro y fuera de las cárceles.
Las celdas de la tiranía comunista se transformaron en auténticos mataderos donde la huelga de hambre emerge como el último y desgarrador escudo frente a la tortura sistemática, el desprecio institucional y la negativa deliberada de auxilio médico.
Esta forma extrema de resistencia desnuda la ferocidad de una cúpula dictatorial que utiliza la degradación física y la violencia represiva para intentar aniquilar la dignidad humana de las víctimas del castrismo en todo el archipiélago cubano.
Tortura y castigos en la prisión de Holguín
En el centro de torturas conocido como la Prisión Provincial de Holguín, el secuestrado Roilán Álvarez Rensoler cumplió casi dos semanas en huelga de hambre tras sufrir una salvaje paliza propinada por esbirros del penal, quienes reaccionaron con saña bárbara ante su negativa de vestir el uniforme de los carceleros.
Tras denunciar los sistemáticos atropellos del presidio, la dictadura lo arrojó a una helada celda de castigo y, ante el inminente colapso de su organismo, los oficiales debieron trasladarlo de urgencia al puesto médico.
En el mismo presidio holguinero, la tiranía mantiene confinados a varios presos políticos bajo vigilancia en enfermerías insalubres, mientras castiga de manera ruin con la cancelación arbitraria de permisos a disidentes como José Ramón Solano Randiche.
Negativa médica y crueldad en Las Tunas y Camagüey
La maquinaria criminal castrista extiende su desprecio por la vida humana hacia cualquier cautivo que alce la voz. En ese sentido, Cubalex hizo saber que, en la Prisión Provincial de Las Tunas, el prisionero Orlando Montero Gallardo también ejecutó una acción extrema, luego de introducirse un alambre en el abdomen y tragarse una cuchara en un desgarrador acto de protesta contra los abusos penitenciarios.
A pesar del sufrimiento atroz y de los gritos de dolor, los verdugos negaron su traslado a un centro hospitalario, manteniendo hoy su estado de salud bajo un siniestro manto de impunidad.
Similar saña ocurre en la prisión Kilo 8 de Camagüey, donde Alfonso Orlando Guerrero inició una huelga el 15 de julio tras sufrir años de abandono sanitario intencional, según reportes del Observatorio Cubano de Derechos Humanos que constatan cómo el régimen niega auxilio tanto a prisioneros comunes como a presos políticos.
Agonía incesante en Melena del Sur
El horror alcanza matices escalofriantes en la prisión de Melena del Sur, en la provincia de Mayabeque, donde Manuel Velázquez Licea sostiene una huelga de hambre desoladora que destruye sus órganos vitales a pasos agigantados.
Para el 13 de julio, informaciones confirmadas indicaban que la víctima orinaba sangre como consecuencia del colapso renal provocado por la protesta, mientras las autoridades penitenciarias observaban con absoluta frialdad su agonía sin brindarle la mínima atención médica requerida.
Este desprecio cobarde demuestra la naturaleza asesina de las autoridades, decididas a dejar morir a los presos políticos con tal de sofocar cualquier intento de rebelión dentro de los calabozos castristas.
Resistencia extrema en las calles de Santa Clara
La contienda contra la tiranía no se limita a los paredones y barrotes del penal, pues la sociedad civil desafía en las calles con la misma bravura. En la ciudad de Santa Clara, el activista Guillermo del Sol alcanzó los 40 días en huelga de hambre desde su vivienda, entregando las pocas fuerzas que le quedan para exigir la libertad inmediata de 18 presos políticos esclavizados por el régimen.
En contundentes declaraciones concedidas a Martí Noticias, la víctima advirtió que enfrenta una severa crisis hipertensiva y una deshidratación crítica que amenaza con paralizar su corazón, fruto del agotamiento absoluto de las reservas biológicas de su cuerpo tras semanas de consumir únicamente agua bajo el acoso de la policía política.
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La complicidad de un régimen criminal
El régimen tiránico de La Habana vulnera flagrantemente los tratados internacionales al convertir el cautiverio en un juicio de condena a muerte ejecutado en la sombra. Las huelgas de hambre provocan secuelas irreversibles, riesgos que la cúpula castrista calcula y utiliza como herramienta de exterminio selectivo contra la población penal bajo su custodia.
La historia no otorgará perdón a los verdugos que hoy desatienden la integridad física de las personas privadas de libertad, pues el mundo observa cómo la dictadura asesina de forma paulatina a quienes se rehúsan a rendirse ante la barbarie comunista.