En la pequeña comunidad de Breña, perteneciente al municipio de Cumanayagua, la existencia del pan depende de la fuerza y la voluntad de un cubano.
Wilfredo, trabajador de la panadería local, recorre cada jornada los montes cercanos para cargar troncos al hombro y alimentar el horno que permite a sus vecinos contar con el alimento básico.
Un video difundido en Facebook por Yasma Duardo deja en evidencia la dura realidad que enfrenta este empleado, cuya rutina es un reflejo de las extremas medidas que muchos cubanos adoptan para sortear la crisis energética que azota la isla.
El cubano traslada pesados troncos sin ayuda de carretillas, animales de carga o vehículos. Su única herramienta es su propio cuerpo. “Soy el que traigo la leña a la panadería”, explica en el clip. Ante la pregunta de si realiza esa tarea a diario, responde sin titubear: “Todos los días”.
El horno de esa panadería no siempre funcionó con leña. Wilfredo recuerda que antiguamente operaba con un soplete eléctrico y petróleo. Sin embargo, la falta de combustible confiable y los constantes apagones mantienen la producción de pan en retroceso, pues ahora la madera recolectada en las colinas es el único recurso que mantiene vivo el fuego.
“Ya esto lleva unos cuantos años trabajando con leña”, comenta, señalando que esta situación se ha prolongado más de lo que muchos imaginarían.
Sin embargo, este cubano se esfuerza el doble por llevar el sustento diario a su casa, ya que después de terminar la recolección de leña, cumple guardias en una vaquería particular, lo que significa una doble carga laboral en condiciones ya de por sí agotadoras.
El pan a leña: un símbolo de la crisis cubana en 2026
Esta técnica de elaboración de pan en este sector, es común, ya que en pleno 2026, Cuba ha visto resurgir los hornos preindustriales como una solución de emergencia ante el colapso de los suministros modernos. Panaderías en provincias como Holguín, Matanzas, Guantánamo, La Habana y Camagüey han tenido que readaptarse para producir pan con leña.
En Guantánamo, por ejemplo, la harina se transporta en mulos y el horneado se hace con madera. En Jovellanos, Matanzas, nueve obreros logran elaborar más de 6.000 bolas de pan al día usando un horno que originalmente funcionaba con petróleo y que fue reconvertido a leña. En Holguín, una panadería de este tipo solo puede abastecer al 50% de la población, trabajando en turnos extraordinarios.
La dictadura cubana ha calificado estas iniciativas como muestra de “creatividad” y “economía circular” pero no de miseria y pobreza. Incluso, en septiembre de 2025, el régimen en Camagüey inauguró oficialmente un horno de leña en una panadería, presentándolo como una respuesta adaptada a la crisis energética.

Sin embargo, para muchos ciudadanos no es un motivo de orgullo, sino la constatación de un retroceso forzado por la falta de soluciones efectivas. La escasez de harina agrava aún más el panorama, el Ministerio de la Industria Alimentaria solo recibió el 55% del trigo previsto en el primer semestre de 2025. En Mayabeque, la distribución de pan se ha reducido a una ración cada cuatro días, y en La Habana, en el mercado informal, una bolsa de ocho panes puede llegar a costar 500 pesos.
El testimonio del cubano Wilfredo también deja al descubierto otro problema que es la escasez del agua. Aseguró que el tanque de agua que abastece a toda la comunidad de Breña depende de bombas eléctricas. “Cuando hay problema con la corriente, no hay cómo bombear el agua pa’ acá”, advierte.
Con esa frase resume cómo los apagones no solo dejan a oscuras a la población, sino que también cortan el acceso al agua y, como en su caso, al pan.
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