Un cubanoamericano se encuentra recluido bajo condiciones deplorables en la sección penal del Hospital Provincial Celia Sánchez Manduley, ubicado en Manzanillo, provincia de Granma, tras ser condenado injustamente por la dictadura castrista.
La redacción de Cubanos por el Mundo tuvo acceso exclusivo al testimonio del afectado, quien reveló la precariedad extrema y los abusos cometidos por los esbirros que controlan los centros penitenciarios no solo en esa región, sino en cada rincón de la mayor de las Antillas.
Condiciones infrahumanas y abandono médico
Según sus propias palabras, el centro médico presenta un deterioro estructural irreversible, producto de décadas de negligencia por parte de la tiranía; el cubanoamericano sufre junto a otros internos la escasez de alimentos básicos y la corrupción que impera dentro del sistema represivo cubano.
“Aquí esto es un desastre”, expresó el cubanoamericano, quien perdió definitivamente el miedo y decidió romper el silencio desde su lugar actual de secuestro.
Respecto a la alimentación en la cárcel Veguita 1, trascendió que los reclusos solo reciben una ración miserable de yuca hervida para compartir entre dos personas, evidenciando la política de hambre que el régimen utiliza como método de tortura contra la población penal.

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¿Explotación o privilegios?
Sumado a la desnutrición, el jefe de la mencionada prisión, un sicario identificado como Javier, utiliza a dos prisioneros con sentencias superiores a los 18 años para realizar labores agrícolas en sus propiedades particulares, empleando bueyes y maquinaria pesada sin ningún tipo de vigilancia oficial.
Estos reclusos privilegiados por los agentes abandonan el recinto y regresan diariamente como recompensa por trabajar las tierras privadas del oficial, lo cual demuestra que la impunidad y el beneficio personal de los jerarcas están por encima de cualquier reglamento jurídico en la isla.

Pero a estas alturas, para nadie ya es un secreto que la “ley” realmente funciona al más puro antojo de los esbirros del régimen.
Narcotráfico e irregularidades en los penales
Por otra parte, el Mayor Yordan, quien ejerce como jefe de orden interior, fue señalado por introducir estupefacientes conocidos como papelitos dentro del recinto carcelario, distribuyendo estas sustancias específicamente para un interno apodado Kimbo con el fin de lucrarse ilegalmente.
Igualmente, en el centro de detención Las Novillas se detectaron irregularidades similares encabezadas por el mayor identificado como Castillo, quien mantiene a tres procesados trabajando fuera de las instalaciones a pesar de que estos todavía esperan la resolución de sus juicios.
Dichos individuos gozan de libertad de movimiento y hasta utilizan sus motocicletas personales para trasladarse, las cuales permanecen resguardadas en el estacionamiento de la cárcel bajo la protección de los mismos sicarios que deberían custodiarlos, confirmando que el soborno es la norma vigente bajo la tiranía.
Red de corrupción
En cuanto a su caso particular, el denunciante enfatizó en que está en una mazmorra sin haber cometido ningún delito, como muchos otros a lo largo y ancho de la isla. “Estos comunistas me echaron años por gusto”, sostuvo el cubanoamericano.
Esta red de tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito a costa del trabajo forzado de los presos no hace más que profundizar la crisis, donde los altos mandos militares actúan como dueños de vidas y haciendas mientras los edificios públicos destinados a la salud se derrumban sobre los enfermos.

Asimismo, la denuncia de este cubanoamericano expone que, en Cuba, esos criminales que asesinan, roban y violan, cuando no están presos, gozan de muchos beneficios dentro de las cárceles. Mientras tanto, aquellos que no hicieron nada para merecer estar encerrados, son tratados como los peores delincuentes del mundo.
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