
La decisión fue difícil pero debía tomarse, quedarse y tratar de salvar lo poco que tiene o buscar refugió para poder continuar luchando.
Ese era el dilema de Heneydis Suárez, un pescador de Carbonera, provincia de Guantánamo, una de las zonas que golpeó Matthew el pasado martes dejando destrozos por doquier.
Suárez era dueño de una pequeña vivienda de madera y palmas a orillas de la playa. Al enterarse del peligroso huracán pensó en quedarse y tratar de salvar su vivienda, pero su familia insistió en buscar refugio.
El mar comenzaba a castigar las costas guantanameras, por lo que el pescador corrió junto a su esposa y dos hijos hasta la casa de una vecina.
Allí pasaron las seis horas que duró Matthew sobre el oriente cubano. Sentían como el viento golpeaba el techo y los relámpagos partían en dos el cielo, tenía la esperanza que su humilde morada aguantara el castigo.
Un día después, Heneydis Suárez volvió al lugar donde una vez estuvo su hogar para encontrarse con una devastación jamás vista.

Impotente, se lanzó al suelo junto a varios trozos de madera y miraba perplejo a sus compañeros pescadores que también estaban en la misma situación.
“Cuando llegamos nos tropezamos con este destrozo. Eso es espantoso y ahora nos encontramos en esta situación, que es difícil”
Al levantar la mirada, observa a sus hijos parados junto a él. Ahora sin comida y sin agua, debe pensar cómo hacer para sobrevivir los días siguientes.
“Somos familias pobres, no tenemos condiciones para vivir y ahora no tenemos ni agua ni comida”
Por ahora, la única alternativa del pescador es mudarse hasta la casa de un hermano que vive lejos de la playa
Para su refugio temporal lleva dos destartalados ventiladores, una caja con ropa, zapatos y juguetes empapados.
Fue lo único que encontró en el sitio donde estaba su casa.

Asisley Pérez, un ama de casa de 31 años, va montada en una carreta tirada por dos bueyes junto con varios vecinos. Ella recién emprendía la marcha hacia el sitio donde estaba su vivienda.
“Algunos saben lo que les espera, otros se van a enterar de lo que pasó con sus casas cuando lleguen al pueblo, pero al final lo que importa es que todos salvamos la vida”
Yudier Borges, de 22 años, tira de la carreta mientras relata lo que ha visto.
“Hay techos que salieron volando, pero no creo que haya nada que no se puede solucionar con trabajo, que es lo que uno hace aquí desde que nace”.
Pese a esto, algunos se sienten afortunados. Pues la fuerza de Matthew no cobró vidas en Cuba como lo hizo en Haití que dejó alrededor de 300 muertos.
El sol les sonríe una vez más a Heneydis Suárez quien decidió refugiarse para seguir combatiendo en un país en crisis, y no se quedó para pelear una batalla que de seguro hubiese perdido.
Con información de AFP