Alzó su voz en el concierto paralímpico la judoca Dalidaivis Rodríguez (63 kg). ¡Y de qué manera! La vida le dio la oportunidad de portar la bandera cubana en la ceremonia y desfile inaugural. Luego, 48 horas después se convirtió en la primera campeona paralímpica de nuestra legión en Río de Janeiro, nada más y nada menos que en pleito revancha sobre la ucraniana Irina Husieva, a quien dejó tendida en el tatami tras decretarse el ippon victorioso.
Cumplió uno por uno los vaticinios y argumentos esgrimidos en nuestra plática. Le sentó de maravillas prepararse acá en Cuba con Arnay Odelín, pues al igual que Husieva la supera en estatura.
Se sacudió del revés sufrido hace dos años en Colorado Springs y con un impecable Tani-otoshi inició el concierto glorioso en Do mayor. Ese wazari bastaría, pero al caer trabajó en la posición que mejor se le da: el newaza. Entonces fue el Yoko-shiho-gatame su recurso empleado para inmovilizar a su rival y levantarse del suelo ya sabiéndose ganadora. Una exhalación de coral y entrega, con los brazos elevados al cielo, un grito de triunfo y el sprint en busca del abrazo de su entrenadora Ibis Dueñas.




