¡Ay, qué tristeza! ¡Qué decepción! El Necio no tendrá un cara a cara con “Cuco” Mendieta
Pedro J. Velázquez, conocido en redes y en el ecosistema mediático cubano como “El Necio”, “Pelly Moñito” y “El Payaso Bollo Loco”, se encuentra en Cuba agilizando la legalización de documentos personales con vistas a establecerse en México, según información confirmada por varias fuentes con conocimiento directo de sus movimientos recientes. El proceso incluye la tramitación de certificaciones civiles —entre ellas, nacimiento y otros documentos necesarios para fijar residencia fuera del país—, un paso que, dentro del contexto cubano, rara vez se activa sin un plan definido de salida.
No se trata de un viaje coyuntural ni de una cobertura temporal. Las mismas fuentes coinciden en que Velázquez está organizando su traslado con vocación de permanencia, mientras consolida vínculos laborales fuera de la Isla.
En concreto, se habla de una “corresponsalía” en El Ciudadano, una plataforma informativa de origen chileno que en los últimos años ha desarrollado una red de operaciones en territorio mexicano, con oficinas en varios estados y un enfoque editorial alineado con ciertas corrientes progresistas de la región, en la que ya ha publicado al menos una veintena de textos.
Al menos, las búsquedas de su nombre en el buscador interno de El Ciudadano dan como resultado el número 22 —sapo—, aunque en realidad es un 21 —majá— más acorde con su comportamiento, pues el número que marca la diferencia es un texto escrito por otro redactor del medio, Seguel Alfredo, que menciona a El Necio como víctima, luego de que el gobierno de los Estados Unidos anunciara que cualquier intento por parte de este de solicitar un visado para viajar a los EE.UU. sería rechazado.
Este texto en particular, con esa URL tan larga como una longaniza expuesta en una charcutería, aunque no fue escrito por él, merece ser analizado, por cuanto muestra errores claves que nos dan una idea del medio para el cual trabajará el joven “influencer”. En él se señala que la medida tomada contra él fue por “haber destapado escándalo de diplomáticos de EE.UU.”.
Sin argumentos que sostengan lo dicho, Alfredo se hace eco exclusivamente de lo dicho por El Necio en sus redes sociales y asume que la sanción fue porque “reveló compra de gasolina por diplomáticos estadounidenses en La Habana”, en lo que llama “investigación”; y luego añade que es “un precedente de censura contra el periodismo, un ataque a la libertad de prensa” y una medida que “busca silenciar a quienes denuncian el bloqueo”. Recoge declaraciones suyas que hablan, además, de «censura y coerción sobre todo joven cubano que se exprese contra el bloqueo a Cuba o que ejerza un periodismo que no complace a la administración Trump»; todo esto, sin dudas, salido de su imaginación.
Llama la atención en la pieza la palabrería utilizada. Además de “destape”, “Investigación”, encontramos otras como “ataque frontal a…”, “castigo” y otras, que buscan exaltar el papel de Pedri como víctima, “reconociéndolo incluso —según sus propias palabras— como «un joven cubano común» que durante los últimos cinco años ha desarrollado su labor a través de redes sociales y en colaboración con diversos medios de prensa.”.
En primer lugar, El Necio no es «un joven cubano común». Tampoco hubo “destape” ni “investigación”, y damos por descontado el hecho de que los diplomáticos estadounidenses compraron la gasolina en dólares en La Habana, en los lugares habilitados por el régimen para hacerlo.
Lo que hizo El Necio fue publicar las matrículas de los autos en que viajaban los diplomáticos —cosa esta que El Ciudadano sabe que está prohibido hacer casi que en cualquier país de este planeta— y porque, desde hacía rato, venía “acosando” en redes sociales a Mike Hammer con varias publicaciones.
La revelación de dato de las matrículas llegó, además, en un momento especialmente complejo, luego de varios actos de repudio que se le dieron a Hammer en Trinidad y en Camagüey. Las fotos de El Necio buscaban precisamente eso: que se supiera en qué autos viajaba el diplomático para, quizás, entorpecerle su labor de traslado dentro de la isla; pero también para advertir por dónde andaba y así organizarle “los recibimientos” que le estaban dando los acólitos del régimen.
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Fuera ya de ese análisis, que conviene, repito, precisar para saber hacia dónde moverá sus naves Velázquez, lo que tenemos no es un periodista que esté “probando suerte” desde cero. Está llegando —o pretende llegar— con una base de colaboración previa, con producción publicada y con una posible inserción laboral en marcha.
Pero… ¿qué textos ha publicado El Necio en El Ciudadano? Uno de ellos es este, una pieza que intenta construir una defensa épica de Buena Fe y, al mismo tiempo, erigirse como declaración política y emocional, y que nos muestra, a las claras, qué tipo de periodista es El Necio (ya veremos luego por qué analizamos esto).
El texto abre sin contexto, con una serie de frases abstractas que no ubican al lector en ningún hecho concreto. En una publicación digital, eso penaliza desde la primera línea: quien entra no sabe aún de qué se le habla, ni por qué debería quedarse.
A partir de ahí aparece el primer gran desajuste: la sobrecarga metafórica. La escritura se apoya constantemente en imágenes —sinestesia, dunas, ministerios ultravioletas, fango, polietileno, epopeya— que no se desarrollan ni se jerarquizan. No es que las metáforas estén mal, es que compiten entre sí. En lugar de reforzar una idea, la diluyen. El lector no se queda con ninguna porque no hay espacio para que una sola haga su trabajo.
El segundo problema es la falta de anclaje en lo concreto. El texto menciona elementos reales —artistas, agrupaciones, contexto pandémico, producción musical—, pero los atraviesa sin detenerse. Esos momentos podrían darle cuerpo y credibilidad a la pieza, pero quedan subsumidos dentro del mismo tono elevado que domina todo. La consecuencia es que todo suena igual de importante y, por tanto, nada termina destacando.
También hay un problema de tono que atraviesa varios pasajes: el texto deja de argumentar y empieza a declamar. Frases que buscan afirmarse como verdad cerrada sustituyen el desarrollo de ideas. En lugar de construir una posición, se impone una consigna. Eso puede funcionar para un lector ya alineado, pero para el resto genera distancia inmediata. No hay espacio para la duda ni para la complejidad, solo para la adhesión.
En términos de estructura, el texto carece de jerarquía interna. No hay pausas, no hay cambios de ritmo, no hay zonas de respiración. Todo está escrito al mismo nivel de intensidad, lo que provoca fatiga. La reiteración de estructuras —preguntas encadenadas, frases que arrancan de forma similar— refuerza esa sensación de bloque compacto que no evoluciona, sino que insiste.
A esto se suman muletillas y fórmulas reconocibles del discurso político tradicional —“no es casual”, “la alternativa existe”, “no debemos caminar por una vereda impuesta”— que rompen la voz propia del texto. Son frases que no aportan información nueva y que suenan a plantilla. En un texto que intenta ser intenso y personal, esos deslices lo devuelven a un registro previsible.
Por último, hay problemas concretos de ejecución: errores léxicos, frases demasiado largas que pierden control sintáctico y un cierre que no concluye, sino que se diluye en otra acumulación simbólica. El texto no termina; simplemente deja de avanzar. En conjunto, más que una suma de fallos puntuales, lo que se percibe es una misma lógica repetida: una escritura que se sostiene en la elevación constante, pero que rara vez desciende a tierra para sostener lo que afirma.
Luego aparece otro texto, titulado “Vacunas cubanas recorren el mundo”, que merecería otro tipo de análisis; pero quedémonos con el primero, que es el ejemplo perfecto de cómo no debe escribir un periodista. Mucho menos un periodista que habla mal de los demás y que se vende como la versión mejorada del poema más famoso de Sor Juana Inés de la Cruz.
Pues hacia ese medio, El Ciudadano, parece ser que El Necio se dirige. ¿Por qué no lo ha hecho? ¿Por qué no ha llegado? ¿Cuándo llegará? ¿Llegará por fin?… Esas y otras interrogantes se las dejo para una segunda entrega, convencidos de que esta les dejará la boca con deseos de seguir mordiendo en las historias que este personajillo, tristemente nacido en Cuba, nos deja día a día.
Solo adelanto que habrá intriga y serrucho, dos recursos habituales del periodismo oficialista cubano, cultivados por figuras como el fallecido Iroel Sánchez y por nombres aún activos como Norland Rosendo, Joel García y Jorge Legañoa.
Fin de la primera parte