La castrista Empresa Eléctrica de Santiago de Cuba dio un balance sobre los apagones en la provincia y estableció que, entre el 16 y el 18 de junio, cada bloque residencial dispondrá de apenas una o dos franjas de electricidad al día, con una duración de aproximadamente una a dos horas por bloque.
Esto implica que los santiagueros permanecerán sin servicio eléctrico durante 22 horas o más cada jornada.
La nueva programación divide el servicio en nueve bloques: ocho corresponden a circuitos con afectaciones programadas, mientras que el noveno agrupa los circuitos que alimentan centros vitales —hospitales y bombeos de agua—, los cuales solo serán desconectados durante el horario pico cuando las condiciones del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) así lo requieran.
La entidad atribuye la crisis a «la escasez de combustible, asociada al recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos, así como al envejecimiento y las averías que afectan a varias unidades de generación térmica», según dice el comunicado en el que siempre tratan de safarse de responsabilidades que ellos mismos no cumplen.
Sin embargo, la situación que describe el comunicado oficial es, en realidad, más grave de lo que reconoce. El pasado lunes, la Unión Eléctrica reportó una disponibilidad de solo 995 MW frente a una demanda de 3.050 MW, con un déficit proyectado de hasta 2.085 MW en el horario pico nocturno. Ese mismo día, la máxima afectación real del sistema llegó a 1.882 MW a las 21:50 horas. La situación se ha visto agravada por la decimoquinta avería del año de la termoeléctrica Antonio Guiteras, una de las principales plantas de generación del país.
La precariedad del servicio en Santiago de Cuba permanece desde el 31 de mayo, cuando Lester Salvador Cedeño, director del despacho de la Empresa Eléctrica provincial, admitió públicamente que «podemos llegar a ni dos horas de servicio», reconociendo que en muchos casos solo logran dar una hora y 30 minutos o una hora y 45 minutos por bloque.
En junio, varios barrios de la ciudad reportaron cortes de 40 a 50 horas consecutivas, lo que desencadenó protestas en distintos puntos de la provincia. Vecinos de San Ricardo salieron a la calle el pasado domingo tras varios días sin electricidad, y el Distrito José Martí vivió una protesta el pasado viernes con vecinos exigiendo electricidad, comida y libertad. También se registraron cacerolazos en Micro 2 después de más de diez días sin servicio por la rotura de un transformador.
La crisis tiene antecedentes estructurales que se remontan al menos a 2024. En octubre de ese año, la propia Empresa Eléctrica informaba de solo tres horas de luz y 21 de apagón en varios bloques de la provincia; en noviembre prometió garantizar al menos cinco horas diarias, promesa que no pudo cumplir.
En abril de 2026, la ONU calificó la crisis energética cubana como de impacto humanitario sistémico, con afectaciones en salud, agua, saneamiento, alimentos, educación, transporte y telecomunicaciones. El coordinador residente de la ONU en Cuba, Francisco Pichón, advirtió que «la crisis energética está teniendo un impacto humanitario sistémico y cada vez mayor, que afecta a todos los aspectos de la vida cotidiana en Cuba».
La Empresa Eléctrica advirtió que «el cumplimiento de esta programación estará sujeto al comportamiento diario del SEN, por lo que podrán realizarse ajustes en los horarios y bloques previstos», lo que en la práctica significa que incluso las escasas horas de corriente anunciadas no están garantizadas.
La falta de soluciones efectivas por parte del régimen cubano y la continua dependencia de combustibles agravan la situación, dejando al país sin un plan claro de recuperación energética.
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