Un activista cubano fue víctima de represión castrista luego de que la tiranía iniciara un violento hostigamiento en el municipio de Colón, donde el despliegue de esbirros busca silenciar a los opositores tras la difusión de consignas contra la dictadura en espacios públicos de Matanzas.
Asedio de la Seguridad del Estado en Matanzas
La información fue difundida por Martí Noticias, medio que detalló el asedio constante de los sicarios de la Seguridad del Estado contra ciudadanos que disienten del modelo totalitario imperante en la isla.
Esto surge en un contexto donde varios establecimientos comerciales y fachadas estratégicas de la localidad han amanecido en varias ocasiones marcados con frases de libertad como “Patria y Vida” o “Abajo la dictadura”, lo cual desató la furia de los represores desde comienzos del pasado mes de marzo.

Interrogatorio y amenazas contra el activista cubano
Debido a la aparición de estos mensajes, el exprisionero político Lázaro Díaz sufrió un interrogatorio de dos horas donde cinco oficiales intentaron doblegar su voluntad mediante amenazas y procedimientos arbitrarios.
A pesar de las presiones para incriminarlo, este activista cubano rechazó firmar cualquier documento de advertencia o someterse a peritajes técnicos, desafiando así la maquinaria de persecución que opera en la provincia matancera.
“Me acusaron directamente de los carteles que aparecieron en el mercado. Quisieron obligarme a hacer una prueba de caligrafía y a tomarme las huellas dactilares, pero me negué”, sostuvo Lázaro Díaz.
Justificaciones de la represión ante el descontento popular
En ese sentido, los esbirros argumentaron que la autoría debía recaer sobre los pocos opositores identificados en la zona, intentando justificar su ineficiencia ante el descontento popular que se propaga por todo Colón.
“Me dijeron que en Colón solo quedábamos ‘cuatro disidentes’ y que, por tanto, nosotros teníamos que ser los responsables”, señaló el activista cubano.
Por ello, Díaz enfrentó a los militares aclarando que el sentimiento de rechazo a la tiranía es masivo y no se limita a un grupo reducido de personas marcadas por el aparato represivo.
La estrategia del indulto engañoso
Consecuentemente, este acoso contra el activista cubano se enmarca en una crisis social profunda, mientras la dictadura incrementa su vigilancia policial sin lograr frenar las manifestaciones de repudio que brotan espontáneamente en diversos puntos del país.
Asimismo, cabe decir que estos hostigamientos ocurren precisamente cuando la dictadura intentar lavarse las manos con un supuesto “indulto” a más de 2000 reclusos, lo que no es más que otra artimaña ya que prácticamente ninguno es preso político.
En pocas palabras, el régimen mantiene su represión sin límites en cada rincón de la mayor de las Antillas mientras libera a esos delincuentes que terminan sirviendo como cómplices del terror.
Otros casos de persecución y censura en la isla
En los últimos meses, son varios ciudadanos los que, como este activista cubano, han sido asediados y hasta secuestrado por publicaciones en redes sociales o manifestar su deseo de libertad. Por ejemplo, en marzo, revocó la medida de libertad al preso político Denis Hernández Ramírez tras presentarse en una unidad de detención del municipio de Guanajay, ubicado en la provincia de Artemisa.
El muchacho acudió a una citación oficial en el centro de detención conocido como el Técnico de Guanajay, lugar donde los esbirros de la tiranía procedieron a dejarlo bajo custodia sin presentar pruebas legales que justificaran el fin de su excarcelación.
“Lo revocaron sin motivo ninguno, no tienen pruebas de nada”, manifestó María Angélica Ramírez, madre del afectado.
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Antes, en La Habana, Rocío Sanz Rodríguez fue citada por la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) tras publicar comentarios críticos sobre la situación del país en Facebook.

Todos estos casos evidencian que la libertad de expresión en Cuba no existen en lo más mínimo, y que pensar diferente es un “delito” castigado por el régimen con más severidad que otros como asesinatos o robos.