Escritora cubana denuncia apagón de 48 horas: “Ni siquiera puedo reclamar”

La periodista y escritora cubana María Antonia Borroto Trujillo denunció este viernes en redes sociales que su barrio acumula más de dos días sin servicio eléctrico.

Al intentar presentar una queja formal ante las autoridades comunistas, fue derivada de una extensión a otra hasta que le indicaron que volviera a llamar el lunes.

Borroto Trujillo, doctora en Ciencias de la Comunicación y miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), relató que, tras cumplirse las 48 horas sin corriente, marcó el número oficial de la Unión Eléctrica, el 18888. Una joven operadora le informó que el reporte seguía pendiente y que no tenía idea de cuándo se resolvería el problema.

Al preguntar si una interrupción tan prolongada podía otorgarles algún tipo de prioridad, la derivaron al número de Atención a la Población de la Oficina Básica Eléctrica (OBE) municipal, la instancia encargada de recibir reclamaciones formales. Lo que vino después fue una frustrante secuencia de tres llamadas sin resultados concretos.

En el primer intento, un funcionario le pidió que volviera a marcar en tres minutos para transferirla con la encargada de quejas. En la segunda llamada, esa responsable le cortó de inmediato y le exigió que esperara cuarenta minutos porque estaba atendiendo a otro usuario. Cuando Borroto volvió a llamar transcurrido ese tiempo, le respondieron que la encargada ya se había retirado y que no habría atención hasta el lunes.

“Pero… o sea, llevo más de cuarenta y ocho horas sin corriente y ni siquiera puedo reclamar…”, escribió la autora reproduciendo el diálogo. “No sé si dijo algo más, porque colgué. Todo me pareció una burla, y del peor gusto posible”.

La publicación generó una oleada de reacciones entre los usuarios. Un comentarista resumió el sentir general con una pregunta: “¿A quién le importamos?”. Otro calificó la situación como “indolencia tras indolencia”, mientras que un tercero ironizó sobre la espera impuesta: “¡Oye, en cuarenta minutos se le acalambra el codo y la oreja a cualquiera!”.

Este episodio es el más reciente de una secuencia que la escritora ha documentado a lo largo de las últimas semanas. El 31 de julio publicó un irónico “Manual básico para comunicar con la Empresa Eléctrica”.

Las publicaciones del 6 y 7 de agosto contabilizaron “7 días, 172 horas, 10.320 minutos, 619.200 segundos sin corriente” y acuñaron una frase que circuló ampliamente: “La Revolución ha terminado por ser eso: cargar todo lo que deba ser cargado”. Tres días después, su barrio superaba las diez jornadas sin electricidad debido a un transformador averiado que colapsaba cada vez que intentaban reconectarlo.

El caso refleja una crisis que desborda el territorio camagüeyano y afecta a toda la nación. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, admitió en julio ante la Asamblea Nacional que algunas comunidades acumulaban hasta 105 días sin servicio por daños en transformadores especiales, y que el robo de aceite dieléctrico alcanzaba volúmenes equiparables a la producción nacional.

La pregunta que Borroto Trujillo lanzó semanas atrás sigue sin respuesta oficial: “¿Nos van a dejar eternamente a oscuras? ¿Ese es el plan? […] ¿Realmente le importamos a alguien?”.

Los apagones tan prolongados en Cuba obedecen, entre otras causas, a la escasez de transformadores y al hurto de aceite dieléctrico, lo que limita la capacidad de reposición de los equipos dañados. La crisis eléctrica es una de las más graves en décadas, con comunidades que han llegado a acumular hasta 105 días sin fluido eléctrico.

Hasta el momento, el régimen cubano ha reconocido la falta de transformadores y el robo de aceite dieléctrico, pero no ha presentado soluciones efectivas para resolver el problema. La producción nacional de estos equipos resulta insuficiente y la situación ha desatado protestas y un creciente descontento popular.

La falta de electricidad impacta de manera severa la vida cotidiana en la isla, al limitar el acceso al agua potable, la posibilidad de cocinar y la conservación de los alimentos. Además, provoca un agotamiento físico y mental en la población, que se ve obligada a recurrir a prácticas como cargar sus dispositivos en viviendas que cuentan con paneles solares.

Ante los cortes eléctricos extendidos, los ciudadanos han optado por las protestas y las denuncias públicas para expresar su malestar. En varios casos, estas acciones han derivado en movilizaciones espontáneas y cacerolazos, exigiendo soluciones concretas y una distribución más equitativa del servicio eléctrico.

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