La edición digital del periódico La Demajagua reprodujo recientemente un texto del oficialista Cubadebate en el que se celebra la construcción de 13 cocinas solares para Cuba.
Según la publicación, estas cocinas fueron elaboradas con cartón y papel de aluminio por voluntarios españoles en un taller realizado en Torrejón de Ardoz.

El artículo destaca que permiten cocinar alimentos utilizando únicamente la energía solar y las presenta como una alternativa sostenible para enfrentar las dificultades energéticas que vive la Isla.
“Las cocinas se construyen con cartón y papel de aluminio, son desmontables y fáciles de trasladar. Para su uso se precisa un bol de cristal para crear el efecto invernadero, en este caso se uso la puerta de una lavadora y una olla metálica negra.”
Sin embargo, detrás del tono triunfalista del reporte aparece una realidad mucho más preocupante. Lo que para los medios oficiales constituye una muestra de solidaridad internacional, para muchos cubanos representa la evidencia más reciente del profundo deterioro económico y tecnológico del país.
“Excelente idea, pero cuándo no haya sol qué hacemos, ¿acaso pensaron en eso?”, escribió en Facebook la internauta Vivíana De La Caridad Morell Torres.
Para un usuario de Facebook que se identifica como Eduardo Perez Herramientas Apolo, “en la primera lluvia la pierdes”, mientras Enrique Estefano Arce concluyó “Enseñándole a Cuba a seguir siendo pobres, felicitaciones xD”.
Resulta difícil encontrar motivos para celebrar que en pleno año 2026 escuelas cubanas dependan de artefactos fabricados con cartón, papel de aluminio y piezas recicladas para poder cocinar alimentos.
¿Alimentos?
La propia nota reconoce que estas cocinas pueden funcionar utilizando “una olla, preferiblemente oscura, y un bol de vidrio o incluso la puerta de una lavadora antigua”. Esto revela en realidad el nivel de precariedad al que ha sido empujada la población cubana por la dictadura más longeva del hemisferio.
Mientras la mayoría de los países avanzan hacia tecnologías modernas y sistemas energéticos eficientes, Cuba continúa recibiendo soluciones de emergencia propias de contextos humanitarios.
La “resistencia creativa” como sustituto de una economía funcional: cocinas solares para Cuba ¿y los alimentos?
Desde hace años el régimen cubano intenta convertir la escasez en virtud y la necesidad en ideología. Lo que antes se llamaba crisis ahora se presenta bajo etiquetas más amables como sostenibilidad o “resistencia creativa”.
La historia de las cocinas solares encaja perfectamente en esa narrativa. En lugar de preguntarse por qué un país con décadas de promesas revolucionarias no puede garantizar electricidad estable, gas doméstico o combustibles para sus escuelas, la propaganda oficial prefiere celebrar soluciones improvisadas.

La resistencia creativa se ha convertido en una especie de doctrina nacional. Si falta electricidad, se improvisa. Si falta gas, se improvisa. Si faltan alimentos, se improvisa. Si colapsa el transporte, también se improvisa.
Lo preocupante es que estas iniciativas terminan normalizando la pobreza. Lo excepcional se vuelve cotidiano y lo que debería generar indignación se presenta como una conquista social.
Las cocinas solares pueden resultar útiles en determinadas circunstancias. Nadie cuestiona la buena voluntad de quienes participan en proyectos solidarios desde el extranjero. Lo cuestionable es que estas ayudas terminen funcionando como una cortina que oculta el verdadero problema.
El debate no debería girar alrededor de cómo cocinar con cartón y papel de aluminio, sino sobre por qué millones de cubanos continúan sufriendo apagones diarios, falta de combustible y un sistema productivo incapaz de satisfacer necesidades básicas.
Solidaridad para el pueblo, no para justificar el fracaso
Es legítimo preguntarse hasta qué punto este tipo de acciones “solidarias” terminan beneficiando indirectamente al aparato político responsable de la crisis.
Cada vez que una organización extranjera envía soluciones de emergencia, el régimen evita asumir responsabilidades por el deterioro de la infraestructura nacional. La ayuda llega, la propaganda la exhibe y los problemas estructurales permanecen intactos.
La realidad es que ningún país puede construir un futuro próspero dependiendo permanentemente de donaciones, remesas, proyectos humanitarios o inventos de supervivencia.
Las escuelas cubanas no necesitan cocinas de cartón porque sean más ecológicas. Necesitan electricidad estable, alimentos suficientes y recursos garantizados que #CubaEstadoFallido no puede garantizar.
Lo verdaderamente alarmante del texto publicado por Cubadebate y replicado por La Demajagua no es la existencia de las cocinas solares. Lo alarmante es que una medida concebida para situaciones de emergencia sea presentada como una noticia positiva para una nación entera.
Cuando cocinar con una caja de cartón se convierte en motivo de celebración oficial, el problema ya no es energético.
El problema es mucho más profundo: es el reconocimiento de que, después de más de seis décadas de revolución, la supervivencia, la resolvedera y lo de “resistir con creatividad”, siguen sustituyendo al progreso que cada día se hace más esquivo para los cubanos de a pie.