Esposa de preso político, amenazada con cárcel por esbirros castristas

La maquinaria represiva del castrismo no detiene su marcha implacable contra las voces disidentes. Esta semana, el régimen de La Habana concentró su odio sobre Eliannis Villavicencio Jorge, esposa del preso político Alexander Verdecia, quien enfrentó amenazas directas de encarcelamiento y sanciones económicas en un intento desesperado de la policía política por silenciar sus denuncias en redes sociales.

Acoso y extorsión: El método del terror

El pasado miércoles, la activista Villavicencio Jorge compareció ante la Unidad de Operaciones de Bayamo, en la provincia de Granma, tras recibir dos citaciones previas los días 16 y 20 de abril. Lo que en cualquier Estado de derecho sería un trámite administrativo, en Cuba resultó una emboscada de los cuerpos represivos.

Según relató la afectada a Martí Noticias, las autoridades le impusieron una multa arbitraria basada en su actividad en el entorno digital.

“Después de dos citaciones, el día 16 y el día 20 de abril, acudí al Centro de Operaciones el día 22, donde me aplicaron una multa por las publicaciones en Facebook y por usar la cuenta de mi esposo”, detalló la mujer.

El uso de “inspectores de telecomunicaciones” se convirtió en la nueva fachada legalista de la Seguridad del Estado para asfixiar económicamente a quienes exponen la realidad de cada preso político en el país. El régimen intentó criminalizar el uso de las redes sociales del propio Alexander Verdecia, demostrando que incluso el espacio virtual representa una amenaza para la frágil estabilidad del sistema comunista.

Amenazas de prisión y el drama de la infancia desamparada

Más allá de la sanción económica, el encuentro en la Unidad de Operaciones escaló hacia la intimidación directa. Un agente de la policía política, que utilizó el pseudónimo de “Rolando”, fue el encargado de proferir las amenazas de privación de libertad. La advertencia fue clara: el aparato judicial del régimen ya preparó el expediente para enviarla tras las rejas si no desiste de su activismo.

Villavicencio Jorge, quien integró las filas de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) durante más de una década, expresó un sentimiento de vulnerabilidad que nunca antes experimentó. La activista confesó que su mayor miedo no radicó en los muros de una celda, sino en el destino de sus pequeñas hijas de 7 y 11 años de edad.

“Me amenazó con que ya lo tenían todo para llevarme a prisión. Jamás en mi vida había tenido tanto miedo, no por ir a prisión, ni a la multa, sino porque una vez que sea ingresada a prisión, mis niñas quedarán desamparadas completamente”, denunció con angustia.

Este escenario es una táctica recurrente de los esbirros castristas: utilizar a los hijos como moneda de cambio para quebrar la voluntad de las mujeres que defienden a un preso político. El desamparo infantil se volvió un arma de guerra psicológica en las provincias de Cuba.

Alexander Verdecia: Siete años de injusticia por opinar

El hostigamiento contra Eliannis no es un evento aislado, sino una extensión de la condena que sufre su esposo. Alexander Verdecia Rodríguez, también militante de la UNPACU, se encuentra actualmente extinguiendo una sentencia de siete años de privación de libertad. Sus supuestos crímenes fueron “propaganda contra el orden constitucional” e “instigación a delinquir”.

En la práctica, Verdecia se convirtió en un preso político por el simple hecho de publicar críticas al sistema fallido en sus perfiles sociales. El régimen no toleró que un ciudadano común expusiera las carencias y la falta de libertades, y por ello lo separó de su familia.

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Un patrón de represión

El caso de Villavicencio ilustra la realidad de cientos de familias en Cuba. Cuando un opositor entra en prisión, la persecución se traslada a su círculo íntimo. Cada preso político en la isla tiene detrás a una madre, una esposa o una hermana que es vigilada, multada y amenazada por los agentes de la Seguridad del Estado.

En la mayor de las Antillas, la impunidad de agentes como “Rolando” permite que se pisoteen los derechos humanos fundamentales. La exigencia de libertad para cada preso político no podrá ser silenciada con multas de telecomunicaciones ni con el miedo sembrado en el corazón de las familias cubanas.

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Captura de Facebook

La resistencia de Eliannis Villavicencio reafirmó que, a pesar de los 11 años de persecución, la dignidad de quienes luchan por una Cuba libre sigue intacta. Sin embargo, el riesgo de que una madre sea arrancada de su hogar por defender a un preso político es una alerta roja que los organismos de derechos humanos no pueden seguir ignorando.

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