Estados Unidos asestó un golpe estratégico al corazón de la arquitectura financiera clandestina de Irán, sancionando a 35 entidades e individuos que operaban en las sombras para alimentar la inestabilidad global.
La ofensiva económica de Estados Unidos no buscó otra cosa que cercenar los tentáculos de un sistema bancario paralelo que Irán perfeccionó para evadir la justicia internacional. Mediante la designación de estas empresas, el Departamento del Tesoro expuso la maquinaria dedicada a procesar ingresos multimillonarios provenientes del petróleo ilícito, fondos que terminaron financiando directamente a la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y a sus grupos terroristas en todo el Medio Oriente.
Portavoz Pigott: EE.UU. está tomando acciones contra 35 entidades e individuos que manejan la red financiera encubierta de Irán que llevan miles de millones de dólares a la Guardia Revolucionaria Islámica, programas de armas y conexiones terroristas. https://t.co/tK3K1r0xNd
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Desarticulación del sistema bancario en la sombra
El Departamento del Tesoro detalló con precisión quirúrgica cómo los sancionados facilitaron el flujo de decenas de miles de millones de dólares. Estas redes no solo se limitaron a lavar activos, sino que funcionaron como el engranaje principal para que Teherán adquiriera componentes críticos para su programa de misiles balísticos y sostuviera su maquinaria de guerra.
“El sistema bancario paralelo de Irán es un salvavidas crítico para sus fuerzas armadas, permitiendo acciones que alteran el comercio global y alimentan la violencia en Medio Oriente”, afirmó con contundencia Scott Bessent, secretario del Tesoro.
Bessent fue enfático al señalar que la permisividad con estas estructuras se terminó. Según el funcionario, Estados Unidos identificó que “los fondos ilícitos movilizados a través de estas redes sostienen operaciones terroristas continuas del régimen, representando una amenaza directa para el personal estadounidense, aliados regionales y la economía global”.

Objetivos clave: El flujo del crudo y la red bancaria
Entre los nombres que ahora figuran en la lista negra de Estados Unidos destacan Farab Soroush Afagh Qeshm Company, una pieza vinculada al Shahr Bank, y diversas entidades asociadas a Bank Sina y Bank Sepah. Este último fue reconocido internacionalmente por ser el motor financiero detrás del programa de misiles.
Asimismo, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) puso bajo la lupa a firmas como Nix Energy y Tai Lung Trading. Estas corporaciones movieron millones de dólares bajo identidades falsas para beneficiar a individuos que ya cargaron con sanciones previas. La acción de Estados Unidos busca, en última instancia, dejar al régimen sin los suministros estratégicos necesarios para prolongar su opresión interna y su agresión externa.
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🇺🇸 El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció este martes la sanción de 35 entidades por su presunta participación en una red financiera encubierta que facilita a Irán el movimiento de miles de millones de dólares.https://t.co/XZZhbulCIX
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La conexión china y las refinerías teapots
Un punto de inflexión en esta nueva política de presión fue la advertencia directa enviada a las refinerías privadas en China, conocidas como teapots, situadas mayoritariamente en la provincia de Shandong.
Estos complejos industriales se convirtieron en los mayores compradores de la energía robada por el régimen iraní, utilizando descaradamente el sistema financiero norteamericano para liquidar transacciones en dólares.
Tan solo en la última semana, Estados Unidos impuso restricciones a Hengli Petrochemical (Dalian) Refinery, confirmando que la vigilancia sobre los clientes de Teherán es total.
Las cifras de 2025 revelaron una realidad alarmante: China absorbió más del 80% de las exportaciones petroleras iraníes, actuando como el principal cómplice económico de una dictadura que desprecia los derechos humanos.
“Si no se está dispuesto a sancionar a los bancos chinos que sostienen a Teherán, no se está ejerciendo una presión real”, advirtió Brett Erickson, experto de Obsidian Risk Advisors, sugiriendo que el siguiente paso de Estados Unidos debió ser la confrontación directa con las instituciones financieras del régimen asiático.
Máxima presión
Desde febrero de 2025, la OFAC ejecutó cerca de 1.000 acciones contra el entorno iraní, incluyendo barcos y aeronaves. Este endurecimiento de la postura de Estados Unidos llegó tras el colapso de los intentos de diálogo.
El gobierno de Donald Trump rechazó de forma tajante la última maniobra de Teherán, que pretendía postergar las discusiones nucleares a cambio de concesiones comerciales y marítimas, una oferta que Washington calificó como una táctica de distracción.
Con estas medidas, Estados Unidos reafirmó su compromiso de utilizar todas las herramientas a su alcance para asfixiar las fuentes de ingresos de un régimen que, lejos de buscar la paz, persiste en su camino de violencia y patrocinio del terrorismo.