La hepatitis en Pinar del Río está causando una profunda preocupación entre los residentes, quienes asisten impotentes al despliegue de una crisis sanitaria que el régimen es incapaz de contener.
Mientras la dictadura se jacta de sus supuestos logros en el ámbito médico, la realidad en las calles desmiente la propaganda oficial. Un incremento inusual de contagios de hepatitis A sacude hoy la provincia, dejando al descubierto la precariedad extrema de las infraestructuras que el Estado criminal mantiene en estado de abandono total.
El fracaso de la gestión sanitaria oficial
El jueves, la funcionaria Belkys González Robaina, en un intento desesperado por proyectar una imagen de control desde la emisora Radio Guamá, admitió lo que la población ya padecía en sus hogares: “La provincia ha tenido un incremento inusual de casos, con predominio en los municipios de Pinar de Río y de San Luis”.
Esta admisión, lejos de brindar tranquilidad, confirma el fracaso de una gestión que prefiere ocultar los focos infecciosos antes que resolver las causas estructurales que facilitan esta propagación.
La situación epidemiológica es crítica. En la capital provincial, el Consejo Popular Jagüey Cuyují se lleva la peor parte, sumado al Consejo Popular Cuba Libre, donde las familias conviven entre la desidia y el miedo al contagio. Por su parte, el municipio de San Luis registra una incidencia desoladora en el Consejo Popular Urbano.
Resulta indignante que el régimen intente justificar esta propagación de la hepatitis en Pinar del Río mediante el aumento de las lluvias, cuando la verdadera causa es el colapso histórico de los sistemas de alcantarillado y la ineficiencia de los servicios de acueducto, organismos que, ahora sí, se ven forzados a actuar en una carrera contra el tiempo que llega tarde para cientos de enfermos.
La negligencia como motor de la crisis
Para cualquier observador, la hepatitis en Pinar del Río es el síntoma directo de un país que se desmorona bajo el peso de la negligencia. El riesgo para las próximas semanas de junio es alarmante; la combinación de precipitaciones y fuentes de agua subterránea contaminadas augura un escenario desolador.
Las autoridades, que durante décadas ignoraron la urgencia de mantener las redes hidráulicas, ahora piden a la población que aplique procesos de cloración y desinfecte hasta el último rincón, trasladando al ciudadano la responsabilidad de salvar su propia vida ante la falta de agua potable segura.
La transmisión se expande por el contacto directo y la ingesta de alimentos insalubres. Los pacientes sufren fiebres elevadas, dolores musculares y esa característica orina oscura que señala el avance de la enfermedad.
Ante este panorama, González Robaina lanzó una recomendación que suena a burla en un sistema de salud que carece de insumos básicos: “Las personas cuando tienen una la sintomatología lo primero que deben hacer es acudir al médico, para que este pueda indicarle los exámenes complementarios que están establecidos para confirmar que realmente es una hepatitis viral A u otra de las hepatitis virales”.
Un patrón de abandono
No es una sorpresa que este rebrote de hepatitis en Pinar del Río tuviera sus primeras señales desde el inicio del año en zonas como Minas de Matahambre y La Coloma. Durante meses, el régimen miró hacia otro lado.
Resulta cínico observar cómo, mientras en Matanzas el funcionario Andrés Lamas Acevedo alardeaba sobre una supuesta reducción de la enfermedad, en el occidente cubano la hepatitis en Pinar del Río continuaba su avance implacable, afectando principalmente a adultos mayores y a quienes ya cargan con patologías hepáticas previas, exponiéndolos al riesgo mortal de una insuficiencia hepática aguda.
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La negligencia estatal no conoce fronteras. La hepatitis en Pinar del Río no es un accidente, es la consecuencia inevitable de la desidia de un régimen que condena a su pueblo a la enfermedad y al desamparo.
Mientras los funcionarios se limitan a leer guiones, las familias se ven obligadas a aislar a sus seres queridos y a vivir en una constante incertidumbre, esperando que la próxima dosis de agua contaminada no termine por arruinarles la salud.
La hepatitis en Pinar del Río continuará siendo el recordatorio de la incapacidad castrista para garantizar las necesidades humanas más básicas.