«In jis fakin feis». Dos cubanos se le atravesaron como espina de pescado a una tropa oficialista que acudió a comer a un finísimo restaurante en Londres, capital del Reino Unido, y allí en plena puerta del establecimiento, ayer martes por la noche, se la tiraron toda fresca a Lourdes Dávalos, abogada e hija del comunista cubano Rodolfo Dávalos, el principal defensor de la tiranía cubana que fue a esa ciudad a tratar de defender la dictadura en un histórico juicio sobre el impago de una deuda ascendente a 72 millones de dólares y que tiene a Castro, Canel y tropa con cagatinas desde hace ya un buen tiempo. Y claro, a Humbrete López, que salió huyendo cuando vio que el dao se puso malo.
Los cubanos, apostados en la puerta del restaurante, esperaban que el apestado Humbrete López terminara de comerse la piltrafa que le financia el gobierno de la isla, cuando de pronto salió Lourdes Dávalos a fumarse un cigarrito, y recibió «in jis fakin feis» parte de la medicina de desprecio que el gobierno que ella representa se ha dedicado a esparcir desde hace 63 años entre los cubanos.
El lugar de la cena piltrafera fue el lujoso restaurante italiano Luciano by Gino D’Acampo, situado muy cerca del río Támesis, no muy lejos del lugar donde George Clooney tiene su castillo.
La muy hija de… Rodolfo Dávalos, se percató de la presencia de los dos cubanos e intentó una jugarreta de graciosa. De manera un tanto educada intentó acercarse a ellos para conocer sus propósitos, pero lejos de recibir empatía o nobleza de parte de uno de los dos cubanos, este, que no tiene ni pinta de bobo, le respondió cómo ella se merecía.
Sin cuota de miedo, al escucharle preguntar a Lourdes Dávalos si estaban bien y si buscaban a alguien, uno de los dos cubanos le respondió con otro par de preguntas, antes de espetarle en su propia cara, con todo el freedom of speech y la libertad que se merecen todos los cubanos, que ella y Humbertom eran personas de “la peor calaña”, pues se dedicaban a defender presuntamente la «revolución» desde puestos elitistas.
“Ustedes hablan de revolución y no sé qué más y mírate a ti, en un restaurante supercarísimo aquí en Londres, haciéndote la salvaje, la finísima, con tu estampa Gucci y la Revolución y los cubanos muriéndose de hambre”, espetó el cubano.
To duro, to durako se lo dijo. In jis fakin feis.
Dávalos, habilidosa, intentó desmarcarse de tan odiado mequetrefe gubernamental, y dijo que en realidad, ella no estaba cenando con Humbrete López, sino que él estaba sentado “en una mesa al lado” a la suya.
«Tú eres chivatona igual que él”, añadió sin darle tiempo a respirar a la rubia platinada que se bajó ayer muy sonriente en la Corte de Londres con su bolso Louis Vuitton de $4 mil dólares en la mano.
Sin perder la compostura, Lourdes Dávalos optó por negarlo todo y sonreír con una copa de vino en la mano y su cigarro. Ya había vivido ella otro momento incómodo, junto a su padre en una cafetería, donde también fue abordada por otro grupo de cubanos.
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Apeló entonces ella a las leyes, para pedirle que tuviese cuidado, pero el joven no le dio mucho chance a que ella hiciera alardes de jurisprusdencia, y le dijo que ella pertenecía a lo que él llamó «big mafia».
Luego, sacó desde adentro todo o parte de su resentimiento y dolor por haber sido tanto tiempo engañado.
«Yo fui presidente del CDR, yo fui de la Juventud, yo fui de todo eso y todos ustedes son un engaño”.
Y, ¿qué hizo Humbrete López mientras todo eso sucedía? ¡Escapar como una rata por la puerta trasera del restaurante!
Fue esta, la jornada del martes, una jornada pletórica de eventos por parte de la comunidad cubana del exilio que se dio cita temprano en la mañana frente a la corte, para alzar su voz de desprecio frente a un grupúsculo de mafiosos disfrazados de revolucionarios, entre los que destacaba el abusador de mujeres Humbrete López.
Mientras llegaban en taxi a la sede donde se dirime el juicio, un grupo de cubanos dignos les gritó ¡Asesino! ¡Vas a pagar!”, “¡Abajo la dictadura cubana!” «¡Viva Cuba libre! ¡Patria y Vida!»
Humbrete López, que se encontraba entre el grupito de mafiosos que se fue a Londres para intentar que la corte no ordene el embargo de bienes del gobierno cubano por valor de los 72 millones de dólares que debe, no pudo y no quiso hacer gala de aquel «valor» que mostró ante la fiscal cubana que lo sorprendió a la salida de un edificio en La Habana donde presuntamente viví una amante, y a quien golpeó e intentó arrebatar el teléfono celular.
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