Imaray Ulloa “se inspira” en Mario Vallejo y termina acusada de plagio y censuradora

La influencer cubana Imaray Ulloa es “acusada” de reproducir sin crédito el guion de una joven creadora de contenido venezolana, en un caso que recuerda lo sucedido la pasada semana con el periodista cubanoamericano Mario Vallejo: la misma historia de casi siempre, con dos nombres distintos

La pasada semana el portal Cubanos porl Mundo acusó al periodista Mario Vallejo de usar contenido propio sin acreditar. Ahora el turno le tocó a la ahora fitness Imaray Ulloa

Dos polémicas sobre robo de contenido han tenido lugar esta semana entre figuras conocidas de la comunidad cubana en redes sociales. Por un lado, está la influencer Imaray Ulloa, caso más reciente; por el otro, el veterano periodista Mario Vallejo.

Ahora que lo miro… Ulloa, Vallejo… ¿tendrán algo que ver la O, la A y la LL en este belecumbele?

Al primero que le sonaron la cacharra fue a Vallejo, quien fue acusado de publicar contenido ajeno sin verificar y sin acreditar correspondientemente. La acusación vino desde la plataforma en Facebook de Cubanos por el Mundo donde, además, se le “instruyó del por qué de los cargos”. Cuando se le contactó por privado, haciéndole saber su vileza, Vallejo se desentendió —o no vio— el mensaje y fue entonces que se le emplazó públicamente.

Ahora el turno le tocó a Imaray Ulloa, quien fue “acusada” por la creadora de contenido venezolana Nicole Roa Sivira, de reproducir su guion palabra por palabra sin darle crédito. Aquí también pasó algo parecido con un “mensaje dejado”. Nicole asegura que cuando vio el video de Imaray se emocionó, a pesar de que sentía que le habían robado la idea y le dejó un comentario a Imaray en su Instagram. Este comentario fue posteriormente borrado.

Dos casos distintos, el mismo patrón, explicados aquí del pí al pá

Lo que hizo Imaray: el guion, el silencio y el borrado

Este caso comenzó el 1 de febrero de 2026. Ese día, la creadora de contenido venezolana Nicole Roa Sivira publicó un reel reflexionando sobre su experiencia con una liposucción cuyos resultados perdió en menos de un año. El punto del video no era médico sino filosófico: un cambio físico sin transformación interna no dura. Para ilustrarlo usó una comparación que se convirtió en el corazón del conflicto: según ella, eso era como recibir un millón de dólares sin haberlos ganado y luego perderlos, porque no se sabe el valor de trabajarlos.

Semanas después, Nicole descubrió que la cubana Imaray Ulloa había publicado un video en sus redes sociales con ese mismo planteamiento y esa misma comparación sin mención alguna a la fuente.

Nicole, muy educada ella, optó por un gesto discreto: dejó un comentario en el video de la cubana señalando lo agradecida que estaba por habr sido el origen de “la idea que tuvo Imaray”. Y ahí quedó todo.

Sin embargo, cuando luego entró a ver qué le había comentado Imaray, lo que descubrió no le gustó nada. Y es que el comentario dejado por ella, había desaparecido.

Fue esa eliminación la que convirtió la molestia en denuncia pública. Porque vaya… de contra que te roban la idea —presuntamente— ¿también se hacen los de Cubadebate y te borran el comentario que dejas? ¡No way, Manolo!

Nicole no formó el salpafuera típico de los cubanos, sino que grabó su propio reel contando todo.

“Me sentí halagada de que me eligieras como inspiración, pero me pareció muy mal que borraras mi comentario por el simple hecho de ocultar que ni siquiera te tomaste el tiempo de parafrasear un guion”, dijo. Y mostró las pruebas

Hasta ahora, que se sepa, Imaray Ulloa no ha respondido. ¡Qué va a contestarle si ella tiene 5,1 millones de seguidores en Instagram y Nicole solo tiene 27 mil! No, no, no, no hay que rebajarse a tanto (piensan algunos en situaciones similares a estas)

El caso Mario Vallejo vs Cubanos por el Mundo

“Antes de publicar cualquier cosa siempre hacemos las mismas preguntas: ¿es este material exclusivo? ¿Quién lo filmó? ¿De dónde viene? ¿Podemos mencionarte como fuente? Eso no es un protocolo sofisticado, son principios básicos del oficio periodístico.”

Así publicaba Cubanos por el Mundo un texto dirigido directamente a Mario Vallejo en el que lo acusó de publicar un video de su plataforma sin dar crédito, sin verificar la fuente y sin responder los mensajes privados en que se lo señaló antes de hacer la denuncia pública.

Ese texto es notable no solo por lo que desató en los comentarios sobre Vallejo, con centenares de personas diciendo que “Vallejo siempre hace lo mismo”, sino por el estándar que describe que también aplica, con sus ligeras diferencias al caso de Nicole Roa vs Imaray Ulloa.

Si Ulloa sabía que no era material exclusivo —o digamos que, para darle el beneficio de la duda, se lo dio uno de sus colaboradores— ¿por qué no mencionó la fuente? Si lo desconocía, ¿por qué no preguntó cómo se le ocurrió al que (digamos) se lo dio?

Aquí hay que reconocer que la cosa tiene sandunga y que de esos Marcos Pérez hay muchos en Buena Vista, como dice el refrán. No son pocos los medios, periodistas e influencers cubanos, supuestamente serios, que agarran una información X, exclusiva, luego le dan la vuelta y dicen que “una fuente” se los dijo; aunque reproducen comas más, comas menos, el contenido original.

No son pocos los “vivos” que agarran un video, lo amplían, lo recortan y eliminan el logo original. O una foto. No son pocos los que le ponen un logo o una foto a un video que no les pertenece. Y son muchos también los que la (lo) usan sin dar el correspondiente crédito.

Lo que conecta el caso de Imaray Ulloa con el de Mario Vallejo pudiera considerarse como el típico ejemplo del “luchador” cubano que lleva dentro de su ADN el “voy a fachar y no pasa nada”, aprendido del Coma Andante Fidel. Aclaro, porque la dislexia a la hora de leer e interpretar entre los cubanos es grande: no estoy diciendo que Ulloa o Vallejo hayan aprendido de Fifete. Digo que millones de cubanos desde la cuna, con aquello de “esto es del pueblo y es una obra de todos” a partir de 1959, creen que efectivamente no existe la propieda privada.

Existe además una señal de que algo no está bien: ambos optaron por el silencio o el borrado en lugar del crédito o la corrección. En el caso de Imaray, borrar un comentario. En el caso de Vallejo, no responder mensajes privados y esperar que el tiempo entierre el tema. Pasa mucho cuando crees que eres grande, cuanto no tienes tiempo o delegas las responsabilidades en otros —Community Manager, etc. — y crees que porque no cometiste tú el error, no te toca. Y sí. Te toca. Y si sabes de leyes, sabes que no tienes la razón.

Por demás, hay que reconocer que de todos los involucrados, la más sincera fue Nicole Roa Sivira, pues reconoció que en redes la originalidad absoluta no existe y que todos trabajan con referencias.

Lo que señaló no fue inspirarse en otro creador. Fue copiar sin atribuir y luego borrar la evidencia. Una distinción pequeña en palabras, pero muy grande en ética.

Ojalá e Imaray (y Vallejo) aprendan la lección. Y ojalá tampoco le de a alguien por revisar video por video… porque vamos a estar aquí hasta el 2050.

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