John Barrett, encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, subió a la tribuna del foro Venezuela Energética 2026, organizado por la Cámara Petrolera de Venezuela en el Hotel Eurobuilding de Caracas, y lanzó un mensaje que sintetiza con claridad la nueva postura de Washington frente a un país que décadas de chavismo redujeron a la ruina: el tiempo de las excusas terminó, y el momento de reconstruir la industria que el régimen destruyó ya comenzó.
El sector privado, incluyendo la inversión innovadora de los Estados Unidos, es el motor de la transformación de Venezuela en un centro energético mundial, y un pilar esencial para la estabilización y la recuperación económica, elementos clave del plan de tres fases del @POTUS… pic.twitter.com/J3Car7R1uQ
— Embajada de los EE.UU. en Caracas (@usembassyve) April 27, 2026
Un diplomático con una misión concreta en Caracas
John Barrett llegó a Venezuela la semana pasada con una agenda trazada desde Washington, y sus primeras palabras no dejaron margen para la ambigüedad: “Estoy en tierra venezolana para seguir implementando el plan de tres fases del presidente de Estados Unidos y del secretario Marco Rubio y ofrecer resultados para la gente de nuestros países”.
No es un diplomático de protocolo, sino el operador directo de la estrategia que la Casa Blanca diseñó para esta etapa, una hoja de ruta articulada en tres movimientos: estabilización, recuperación económica y transición democrática.
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Después de la caída de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, Trump reveló ese plan de tres ciclos, y a comienzos de abril el secretario de Estado Marco Rubio dio por superada la primera fase de estabilización, declarando que Venezuela transita ya el período de recuperación, que implica la apertura económica a la inversión privada y la liberación de cientos de presos políticos.

Lo que Barrett exigió ante la Cámara Petrolera
Frente a cerca de 500 líderes del sector hidrocarburos reunidos en Caracas, John Barrett subrayó que el sector privado venezolano representa el motor principal para la transformación del país en un centro energético mundial, y vinculó ese argumento directamente al plan de tres fases de la administración Trump, señalando que la fase de estabilización ya avanza y que ahora se abre paso la etapa de recuperación económica con énfasis en la inversión privada y la integración regional.
“Juntos, estamos construyendo una nueva Venezuela, profundamente ligada a nuestra región”, afirmó Barrett.
El desastre que el chavismo dejó en la industria petrolera
La urgencia del mensaje de John Barrett tiene un correlato estadístico devastador, y es el legado directo de décadas de corrupción e incompetencia del régimen que Maduro encarnó hasta su captura, pues el foro donde intervino reveló que menos del 30% de los pozos petroleros del país están activos, de un total de 30.722, y que la producción actual ronda apenas el millón de barriles diarios, muy lejos de los tres millones que Venezuela explotó hace dos décadas.
Esa caída libre no fue un accidente ni el producto de sanciones externas: fue la consecuencia directa de la decisión del chavismo de convertir a PDVSA en una caja chica, de expulsar a técnicos calificados, de hundir la inversión en mantenimiento y de utilizar el petróleo como arma política, todo mientras los venezolanos de a pie sufrían apagones, desabastecimiento y éxodo masivo.

La segunda fase y lo que se juega Venezuela
La segunda fase del plan Trump contempla la apertura total de la industria petrolera a la inversión de empresas occidentales y una reforma profunda de PDVSA para revertir años de desinversión, con el objetivo de restaurar la seguridad jurídica y atraer capitales extranjeros que permitan a Venezuela recuperar su papel como proveedor confiable de energía en el mercado global.
Venezuela posee las mayores reservas de crudo del mundo, un dato que el chavismo convirtió en argumento de propaganda mientras desmantelaba la capacidad real de extraerlo, y es precisamente ese abismo entre potencial y realidad el que John Barrett llegó a Caracas a cerrar desde la vereda de la diplomacia económica.
Un momento que no admite dilación
Desde la salida del poder del narcodictador Maduro, la actual cabecilla del chavismo, Delcy Rodríguez, colabora con Washington en la conformación de una alianza estratégica que abarca sectores como hidrocarburos y minería, y el propio John Barrett se reunió con ella en el marco del proceso de normalización de las relaciones bilaterales.
Lo que John Barrett dejó claro en el foro Venezuela Energética 2026 es que Washington no tiene paciencia para una reconstrucción que se arrastre sin resultados: la ventana que abrió la caída de Maduro es histórica, como el propio diplomático la calificó, pero las ventanas se cierran, y Venezuela lleva demasiado tiempo desperdiciando las que el destino le abre.