En la orilla de un río en Camagüey, lejos de cualquier instalación turística, se ve a dos pescadores en una escena que resume mucho más que ingenio.
Un hombre camina con unas improvisadas “patas de rana” hechas con plástico recortado de un porrón de agua de veinte litros, según sus propias palabras.
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No hay tienda deportiva, no hay equipo especializado. Hay necesidad. Y hay una solución armada con lo que aparece.
Su compañero de trajines, que graba el instante con un teléfono celular, lo dice entre risas y asombro: “para que ustedes vean lo que se está viviendo en Cuba”.
La idea de usar un envase reciclado y una bota de goma para crear aletas caseras no nace de la pura creatividad por ocio, sino de la falta de opciones reales en #CubaEstadoFallido.
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El resultado puede parecer precario, incluso frágil, pero cumple una función concreta: ayudar a pescar. Y eso es lo que importa.
No hay romanticismo que valga. Es supervivencia, la misma supervivencia de los fogones con aserrín, las bicicletas-ventiladores o el “polaquito” que vimos recientemente circulando con un singular combustible.
“Los polski esos, los están haciendo eléctricos, después no saben por qué coge candela una casa, que de momento una chispa, una cosa y se les quema todo”, comentó Alex Otaola tras ver esta adaptación, tan criolla como las patas de rana con porrón plástico.
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Un porrón, una bota y la “resolvedera” nuestra de cada día para los pescadores
Los pescadores no hablan como quien presumen de su invento. Más bien lo muestran como algo normal.
“Invierte en un par de medios aunque sea para que no te pelen”, dice el otro, en un afán por protegerse.
El uso de materiales reciclados no es nuevo en Cuba, pero en este caso se vuelve especialmente singular.
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@kikelperiodista Pescadores en #Camagüey fabrican patas de rana con un porrón plástico. Cuando te hablen de "resistencia creativa", de miseria y de precariedad, muestra esta escena al mundo. #socialismoesmiseria #pescado ♬ sonido original – kikelperiodista
Un porrón de agua, probablemente descartado, se convierte en herramienta. Una bota de goma, desgastada, se integra al diseño. Es la normalización de la miseria, la precariedad absoluta, el conformismo de los cubanos de a pie.
Este tipo de soluciones no salen de manuales ni de tutoriales. Surgen de la vida diaria, del probar una y otra vez, del ensayo y del error.
Son inventivas que circulan entre pescadores, vecinos, gente “de a pie” que comparte más que ideas.
¿Resistencia creativa de los pescadores o normalización de la miseria?
Desde el discurso oficial, este tipo de escenas suele leerse como ejemplo de “resistencia creativa” y eventos científicos.
La idea de que el cubano resuelve, que se adapta, que no se rinde, algo que llega a parecer normal y aplaudible a los ojos del mundo.
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Cuando una persona tiene que fabricar sus propias aletas con desechos para poder trabajar, la creatividad deja de ser una virtud y se convierte en una obligación. No es elección. Es necesidad. Y esa diferencia importa.
La “resistencia creativa” puede ser vista como una forma de supervivencia colectiva, pero también como una manera de normalizar la falta de acceso a herramientas básicas, la opresión de un sistema incapaz de ayudar al otro.
En el caso de estos pescadores de Camagüey, lo que vemos es una mezcla de ambas cosas. Hay ingenio, sí. Hay capacidad de adaptación. Pero también hay carencias evidentes.
Al final, la imagen de las “patas de rana” hechas con un porrón de veinte litros y una bota de goma queda como otro de los tantos inventos de los cubanos, pero no una imagen de triunfo, sino de involución.