Jonathan y Cristian, dos menores de 16 años, siguen presos en Cuba mientras el régimen “libera” 2.010 reclusos (+VIDEOS)

Mientras el régimen castrista anuncia la liberación de 2.010 presos en Cuba como un supuesto gesto humanitario, al menos 31 menores de edad permanecen tras las rejas por participar en protestas pacíficas.

Esta contradicción evidencia la hipocresía del sistema: se liberan convictos comunes mientras se mantiene en prisión a adolescentes que solo exigieron libertad y mejores condiciones de vida.

En marzo de 2026, Cuba registró 1.245 protestas documentadas y 159 acciones represivas, según datos independientes.

La organización Prisoners Defenders reporta un récord histórico de 1.214 presos de conciencia, lo que refleja el endurecimiento de la represión contra cualquier disidencia.

Entre los casos más alarmantes destacan los de dos adolescentes de 16 años detenidos tras las manifestaciones del 13 de marzo en Morón, provincia de Ciego de Ávila.

Testimonios desgarradores de familias en Morón

Los audios compartidos por familiares revelan el drama humano detrás de estas detenciones arbitrarias.

El padre de Cristian Crespo Álvarez, identificado como Odelsis Crespo, denuncia la situación de su hijo:

“Cristian, después de 5 días del día de la manifestación del día 13 de marzo… lleva en comunicado desde el día 18 de marzo… la mamá me dice que le dieron el miércoles 10 minutos de visita, donde lo ve, dice que muy muy flaco, ojera, parece que lo levantan y lo y lo y le hacen preguntas cada cierto tiempo… temo por la vida de él, sinceramente te digo, temo por su vida porque casi todos los niños que están son de 14 a 16, 17 años”.

Cristian fue identificado a través de videos y fotos de las protestas, lo que derivó en su arresto y posterior incomunicación.

Su familia describe un deterioro físico evidente y constantes interrogatorios que sugieren tortura psicológica.

El traslado intermitente a la prisión de Canaleta, supuestamente por fallos eléctricos, agrava la incertidumbre y el sufrimiento de los allegados.

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Un caso paralelo es el de Jonathan David Muir Burgos, también de 16 años, quien padece un historial médico previo.

Su familia confirma que fue trasladado a Canaleta para prisión preventiva bajo la acusación fabricada de “sabotaje”.

Según relatan, “ellos lo que están haciendo es una tortura psicológica… Ellos no han cedido ningún reclamo ni ningún negocio, no han cedido a nada. Ellos lo que han hecho es que han torturado, están torturando a nosotros, la familia y a Jonathan”.

Ambos adolescentes forman parte de un grupo de al menos cuatro menores verificados por organizaciones como Cubalex tras los eventos de Morón.

En los centros de detención se reportan más de 150 reclusos en condiciones precarias, con hacinamiento y falta de atención médica adecuada.

Estos testimonios no son aislados: reflejan un patrón sistemático de represión que afecta especialmente a la juventud cubana.

Alex Otaola denuncia el silencio cómplice de organismos internacionales mientras estos niños siguen presos en Cuba

La pregunta que surge con fuerza es: ¿dónde están las instituciones que supuestamente protegen los derechos de la infancia?

UNICEF otorga anualmente reconocimientos a Cuba por supuestos avances en el bienestar infantil, mientras menores de 14 a 17 años enfrentan prisión por expresar descontento.

La ONU, la OEA y la Comisión de Derechos Humanos guardan un silencio ensordecedor ante estas violaciones flagrantes.

El influencer Alex Otaola cuestiona esta doble moral: “¿Dónde está la izquierda internacional? ¿Dónde están los periodistas que se preocupan por los inocentes? … ¿Cómo es que le preocupan los pandilleros en El Salvador? ¿Cómo es que abogan por los narcotraficantes en Costa Rica? Y no les interesa a esos periodistas, estos niños presos en Cuba, niños 16 años, 15 años, niños menores de edad”.

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Otaola denuncia además la selectividad ideológica: “Si los presos lo ponen la derecha, si los muertos son los de la derecha, la izquierda jamás les importa esas vidas. Ah, pero no se te ocurra… meter preso a un niño de 16 años de la izquierda porque te queman el país”.

Su crítica se extiende a congresistas y activistas que promueven ayuda al régimen mientras ignoran el sufrimiento de estos inocentes.

Este silencio no es casual. Responde a intereses políticos que priorizan alianzas con el gobierno cubano por encima de la defensa universal de los derechos humanos.

Mientras tanto, familias enteras viven en angustia, temiendo por la integridad física y mental de sus hijos.

La hipocresía de un sistema que castiga la disidencia juvenil

La detención de menores por protestar desnuda la fragilidad del régimen. En lugar de atender las demandas legítimas de la población —alimentos, electricidad, libertad—, opta por la represión selectiva contra los más jóvenes.

Acusaciones como “sabotaje” se utilizan como herramienta para criminalizar la disidencia, incluso cuando se trata de adolescentes con condiciones de salud previas.

Organizaciones independientes documentan que en Cuba persisten más de mil presos políticos, muchos de ellos condenados por ejercer derechos básicos como la libertad de expresión y reunión.

La liberación anunciada de 2.010 reclusos parece un ejercicio de propaganda destinado a mejorar la imagen internacional, pero excluye sistemáticamente a los presos de conciencia y a estos menores.

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Es urgente que la comunidad internacional rompa su indiferencia. La presión diplomática, la visibilización mediática y el apoyo concreto a las familias pueden marcar la diferencia.

Casos como los de Cristian y Jonathan no deben quedar en el olvido: representan la lucha de toda una generación que se niega a aceptar la opresión como destino.

Cuba vive un momento crítico donde la represión contra niños y adolescentes revela la verdadera naturaleza del poder.

Ignorar estas voces equivale a complicidad. La libertad de estos menores no es solo una cuestión humanitaria, sino un imperativo moral que exige acción inmediata.

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