La dictadura cubana suma una nueva víctima a su largo historial. El Servicio Militar Obligatorio volvió a cobrarse la vida de un joven, esta vez en Santiago de Cuba, donde Ángel Ernesto pereció tras un accidente que expone la negligencia absoluta y el desprecio del régimen por la vida de los ciudadanos.
La tragedia, que terminó en el Hospital Militar Joaquín Castillo Duany, desnuda la verdadera cara de un sistema que, mediante el Servicio Militar Obligatorio, obliga a los adolescentes a servir como carne de cañón para una cúpula militar que nunca rinde cuentas.
El comunicador Yosmany Mayeta Labrada fue quien dio a conocer los detalles macabros de este suceso a través de sus redes sociales, denunciando cómo la desidia estatal truncó el futuro de un muchacho que apenas comenzaba a vivir.
La muerte de Ángel Ernesto no fue un accidente fortuito; fue el resultado directo de una estructura que impone el Servicio Militar Obligatorio por la fuerza, despojando a las familias cubanas de sus hijos bajo amenazas constantes.
El calvario de una familia en Santiago de Cuba
Testimonios recabados por el propio comunicador confirman que la víctima fue arrollada por un tanque de guerra durante maniobras militares imprudentes. Ángel Ernesto luchó durante días en terapia intensiva, pero su cuerpo sucumbió en la madrugada del domingo.
La rabia en las calles de Santiago es palpable: vecinos aseguran que el joven “no quería ir al Servicio Militar”, pero fue sacado de su hogar por agentes de prevención. El régimen lo fue a buscar a su propia vivienda para conducirlo hacia un destino fatal del cual nunca pudo escapar.
Posteriormente, allegados de la víctima señalaron que el vehículo presuntamente no tenía frenos. Trascendió que era conducido por un mayor de la misma unidad militar.
“Cuando el oficial vio que el vehículo iba a estrellarse, se lanzó. Ángel Ernesto terminó debajo del tanque tras caer cerca de una mata”, escribió Mayeta acorde al testimonio de los entrevistados.
La insensibilidad estatal ante el luto
Cada vez que el Servicio Militar Obligatorio termina en tragedia, el régimen se escuda en el silencio o la censura. Sin embargo, la realidad es innegable: este sistema de reclutamiento forzado es una maquinaria de muerte.
Mientras los altos mandos del PCC duermen tranquilos, familias enteras lloran la pérdida de sus hijos, quienes fueron enviados por decreto a un Servicio Militar Obligatorio que se convirtió en su tumba.
Casos recientes relacionados con el Servicio Militar Obligatorio
El pasado mes de marzo, Mercedes Roque, madre del joven cubano Antonio Alejandro Rassi Roque, quien falleció en el Servicio Militar Obligatorio en agosto del año pasado, denunció irregularidades en las investigaciones del caso de su hijo.
Desde la tumba de su hijo, esta madre se pronunció y señaló a quienes estarían entorpeciendo las investigaciones para dar con el responsable de la muerte del joven mientras cumplía el Servicio Militar Obligatorio en Cuba.
“Siete meses que llevo pidiendo respuestas claras y precisas y lo que obtengo son excusas y más excusas, y decirme con total cinismo, como me dijo la teniente coronel Tamara de Fiscalía Territorial, usted está entorpeciendo las investigaciones porque tiene datos que no nos aporta. Investíguenlos ustedes que mi hijo se les murió a ustedes; mi hijo no se murió en mi casa, se murió en la de ustedes”, fueron las dolorosas palabras de la mujer en ese entonces.
Hoy en día, Cuba entera exige justicia. La muerte de estos chicos no puede quedar archivada como una cifra más en los informes oficiales de una dictadura que normaliza la pérdida de vidas jóvenes. La existencia del Servicio Militar Obligatorio representa un crimen contra la juventud cubana, una herida abierta que seguirá sangrando mientras la dictadura permanezca en el poder. La indignación hoy no basta; lo que Cuba necesita es el fin definitivo de esta práctica infame.