Keiko Fujimori consiguió finalmente la Presidencia de Perú tras imponerse por un estrecho margen al candidato de izquierda Roberto Sánchez en la segunda vuelta electoral, un resultado que marcó un cambio en el panorama político peruano y que reforzó el crecimiento de gobiernos y movimientos de derecha en América Latina durante los últimos años.
El conteo oficial al 100 % de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) confirmó que Keiko Fujimori obtuvo una ventaja de 49.641 votos, suficiente para convertirse por primera vez en presidenta del país luego de tres intentos fallidos en elecciones anteriores.
La victoria representó un punto de inflexión para la líder de Fuerza Popular, quien durante más de una década permaneció cerca del poder sin lograr alcanzar el Palacio de Gobierno. En esta oportunidad logró superar a Roberto Sánchez, representante de la coalición izquierdista Juntos por el Perú, en una elección que volvió a dividir al país, aunque terminó inclinándose hacia una propuesta de centroderecha.
El resultado también alimentó una tendencia política que comenzó a consolidarse en distintos países latinoamericanos, donde varias administraciones identificadas con la derecha o el centro-derecha recuperaron terreno frente a proyectos de izquierda que dominaron buena parte de la región durante las últimas décadas.
En Perú, la elección estuvo marcada por un fuerte debate sobre seguridad ciudadana, recuperación económica, lucha contra la corrupción y estabilidad institucional, temas que dominaron la campaña presidencial y que terminaron inclinando la balanza en favor de Keiko Fujimori.
Tres derrotas antes de alcanzar la Presidencia
El triunfo tuvo un significado especial para la dirigente de Fuerza Popular debido a que en tres ocasiones anteriores quedó a escasa distancia de la Presidencia.
En 2011 perdió frente a Ollanta Humala por más de 447.000 votos.
Cinco años después volvió a quedar en segundo lugar cuando Pedro Pablo Kuczynski la superó por apenas 41.057 votos, una de las diferencias más ajustadas de la historia electoral peruana.
La historia volvió a repetirse en 2021, cuando el entonces candidato de izquierda Pedro Castillo consiguió la victoria con apenas 44.263 votos de diferencia.
Sin embargo, el escenario político cambió por completo en estos nuevos comicios.
La campaña de Keiko Fujimori se desarrolló en circunstancias personales muy distintas. Llegó a la elección tras el fallecimiento de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, ocurrido en septiembre de 2024; luego de su divorcio de Mark Vito Villanella y después de haber sido absuelta del proceso judicial por presunto lavado de dinero mediante una sentencia del Tribunal Constitucional.
Ese contexto permitió que concentrara su estrategia electoral en presentar una propuesta enfocada en la gobernabilidad y la recuperación del país.
Un llamado a cerrar la confrontación
Tras conocerse los resultados oficiales, Keiko Fujimori hizo un llamado a dejar atrás la polarización que caracterizó la campaña.
“Esta elección ya acabó. Ahora lo que tenemos que fijarnos es qué vamos a hacer los próximos cinco años”, afirmó al agradecer el respaldo ciudadano.
La presidenta electa sostuvo que su administración buscará incorporar profesionales independientes y personas ajenas a Fuerza Popular para conformar un gabinete amplio.
Asimismo, prometió priorizar la recuperación de la seguridad ciudadana, fortalecer las instituciones públicas, reactivar el Estado y construir consensos con los sectores políticos que respaldaron otras candidaturas.

Su mensaje buscó transmitir estabilidad en un país que durante los últimos años enfrentó una profunda crisis institucional caracterizada por constantes cambios presidenciales, enfrentamientos entre poderes del Estado y una creciente desconfianza ciudadana.
Puno terminó siendo decisivo
Uno de los elementos más llamativos del proceso electoral fue el comportamiento del electorado en la región de Puno.
Aunque históricamente ese departamento mostró un fuerte rechazo hacia Keiko Fujimori, integrantes de Fuerza Popular destacaron que los resultados obtenidos allí terminaron siendo determinantes para asegurar la ventaja final.
Días antes de concluir el escrutinio, el jefe de personeros del partido, Luis Dyer, atribuyó buena parte del resultado favorable al comportamiento electoral registrado en esa región, pese a que la candidata incluso evitó realizar allí el acto de cierre de campaña.
Un nuevo escenario político para América Latina
La elección presidencial peruana también tuvo repercusiones fuera de sus fronteras.
Con la llegada de Keiko Fujimori al poder, Perú pasó a integrar el grupo de países latinoamericanos gobernados por administraciones de orientación conservadora o de centroderecha, una tendencia que en los últimos años ganó fuerza en varias naciones de la región.
Analistas coincidieron en que el resultado reflejó el desgaste de distintos proyectos de izquierda, especialmente en países donde la inseguridad, la desaceleración económica y las crisis institucionales ocuparon el centro de las preocupaciones ciudadanas.
Aunque cada proceso electoral respondió a realidades nacionales diferentes, el triunfo de Keiko Fujimori fue interpretado como un nuevo avance de las fuerzas políticas de derecha en América Latina y un cambio significativo en el mapa político regional.
Ahora la mandataria electa enfrentará el desafío de convertir sus promesas de campaña en resultados concretos, recuperar la confianza en las instituciones y construir una gobernabilidad estable en un país que durante los últimos años atravesó una de las etapas políticas más convulsas de su historia reciente.
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