En medio de la crisis energética que azota a Cuba, una nueva tienda estatal abrió sus puertas este martes en el capitalino municipio de Plaza, derrochando luz artificial y aire acondicionado a máxima potencia.
El establecimiento, bautizado como “Hecho en Cuba 100%”, funciona en el complejo Trimagen, perteneciente a la división fílmica de las Fuerzas Armadas, y está gestionado por Proxcor S.A., una empresa mixta integrada por la eslovaca Proxenta y la cubana Corporación Alimentaria S.A. (Coralsa). Proxenta llegó a la isla en 2019 con un contrato a 25 años para producir confituras en Villa Clara, y posteriormente fundó Baracocoa S.A., dedicada al procesamiento de cacao.
La inauguración del local, anunciada con ostentación en redes sociales, generó una avalancha de comentarios de usuarios que preguntaban por los precios y la forma de pago. La respuesta evasiva de la tienda que ofrece productos cubanos, pero pagados en dólares era: “Gracias por su comentario, lo tendremos en cuenta”.
La tienda vende únicamente en dólares, ya sea en efectivo, con tarjetas extranjeras o con la tarjeta de prepago Clásica. Los empleados, uniformados con prendas de Cimex, trasladan un aire de poder comunista que contrasta con la precariedad del resto del comercio habanero.
Las instalaciones son impecables, pero la oferta de productos es reducida. “Si venden lo que se produce en Cuba, esto es lo poquito que da”, comentó un cliente mientras recorría estanterías atestadas del mismo género.
En los anaqueles se encuentran embutidos Bravo, cervezas Cristal y Bucanero, mayonesa Findy, refrescos Ciego Montero, harina de la Unión Molinera de Cuba y varias marcas de café, Cubita, Arriero y Regil, junto a pequeñas tazas negras grabadas con la palabra Cubita. “¡Hacía años y años que no veía yo esto a la venta!”, exclamó una mujer que visitaba el local por primera vez.
Los precios, sin embargo, están fuera del alcance de la mayoría de los cubanos. Un tubo de jamón cuesta 13 dólares; un kilogramo de café, 16; una mezcla para arepas, 4; y seis tacitas de café, 20. Mientras una cajera envolvía con lentitud la compra de una clienta, esta le advirtió: “No te demores, no vaya a ser que se me vaya la luz y no pueda pagar con tarjeta”.
La trabajadora respondió con optimismo: “Aquí la luz casi no se va, y cuando se va, la ponen muy rápido”. Ante la pregunta sobre si disponían de planta eléctrica, la empleada negó con la cabeza: “No, pero aquí no nos quitan la luz casi nunca”.
Esa realidad privilegiada no se extiende al resto de la ciudad, pues en el corazón comercial de Centro Habana, la situación es radicalmente opuesta.

En la sucursal del Bazar A&M de Infanta y Carlos III, los empleados permanecían mano sobre mano, y tres carteles repetían “no hay leche” para disuadir cualquier consulta. En la Plaza de Carlos III, un apagón sorprendió a los clientes en plena mañana, dejando los comercios a oscuras y sin bebidas frías.
Los trabajadores comentaban la falta de corriente durante la madrugada: “Solo tuvimos veinte minutos de electricidad a las dos de la mañana, y tuvimos que bombear agua de la cisterna al tanque”.
En Fress, el primer negocio privado de la plaza, los empleados dudaban de si podrían continuar laborando ese día.
“No hay combustible para la planta del centro comercial. Dicen que ayer en la noche se fue la luz y que no pudieron ponerla”, explicó un trabajador.
Los apagones, en principio, no distinguen entre establecimientos estatales y privados, pero la nueva tienda en dólares de la dictadura, parece ser la excepción que confirma la regla.
Mientras La Habana se sumerge en cortes de electricidad que afectan a miles de personas, el “Hecho en Cuba 100%” brilla como un oasis de aire acondicionado y luz permanente, reservado para quienes pueden pagar en dólares.
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