El luchador cubano Javier Ernesto Martín “Spiderman”, envió una nueva carta de las mazmorras del castrismo, asegurando a la dictadura que, hagan lo que hagan, no podrán romper con su convicción.
“¿De qué me acusa? De ser vocero del dolor de mi pueblo contra el gobierno que lo dirige, una isla que no brilla como perla sino que se hunde en apagones de más de 48 horas, bajo una situación precaria en la que se vive, sin agua ni alimentos”, increpó con furia el destacado deportista en la demoledora misiva pública redactada desde las sombras del Combinado del Este.
La denuncia del excampeón de la Liga de Peleadores Cubanos (CFL), conocido en el octágono como “Spiderman”, es un bofetón contra el rostro de una dictadura sangrienta y criminal que responde con secuestros, golpizas e infamias ante el reclamo de una sociedad exhausta.
La posición de este deportista de combate deja en evidencia el pánico que siente la cúpula militar de La Habana cuando los referentes populares deciden romper el silencio y señalar directamente a los verdaderos culpables del colapso nacional.
El secuestro violento de un atleta que no calló ante la tiranía
La cacería despiadada contra el exponente de las artes marciales mixtas (MMA) se desencadenó en el municipio capitalino de Marianao, cuando la dictadura desplegó a sus esbirros para frenar a quien tuvo la valentía de manifestarse abiertamente en las calles contra el fracasado modelo castrocomunista.
Lejos de respetar las más elementales garantías procesales, la tiranía ejecutó un violento arresto donde el luchador cubano fue agredido físicamente por los mercenarios de la Seguridad del Estado antes de ser conducido a los tétricos calabozos de Villa Marista.
Tras 22 días de interrogatorios intensivos —donde las pruebas toxicológicas, las evaluaciones psicológicas y las sucias pesquisas sobre presunto financiamiento exterior resultaron absolutamente negativas—, la mafia enquistada en el poder decidió sepultarlo bajo prisión preventiva en el centro de máxima seguridad de La Habana para intentar silenciar su voz.
La complicidad de la fiscalía y la farsa judicial del régimen
En su misiva, dirigida al fiscal a cargo de su causa, el atleta desmontó la fabricación del delito de “alteración del orden público” y puso al descubierto la podredumbre moral de un sistema judicial manipulado que encubre a los verdaderos criminales mientras encarcela a los patriotas.
El estropeado aparato represivo de la isla exhibe una celeridad asquerosa para procesar y condenar a los ciudadanos disidentes, en contraste directo con la impunidad total con la que opera la delincuencia común en las barriadas populares.

Con total severidad, el luchador cubano encaró la inacción de las instituciones ante la degradación social provocada por el propio comunismo: “¿Arregló la alteración al orden público en la Avenida 41 El Lido? ¡No! ¿Atendió el problema de la droga? ¡No! Dicen que se les fue de las manos. ¿Los robos con violencia de los menores? ¡Tampoco!”.
La dignidad de un patriota frente a la cobardía del castrismo
El verdadero “delito” cometido por Javier Ernesto Martín Gutiérrez no fue vulnerar la legislación vigente, sino negarse rotundamente a ser cómplice de la miseria, el hambre, la insalubridad y la oscuridad perpetua que ahogan a la nación. La dictadura le teme a la reserva moral de sus deportistas porque sabe perfectamente que su fuerza física y mental simboliza el despertar definitivo de un pueblo dispuesto a sacudirse más de seis décadas de caos.
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Lejos de quebrantar su espíritu de combate, el encarcelamiento arbitrario en el Combinado del Este ha reafirmado la postura vertical del peleador frente a la oligarquía tiránica que saquea los recursos de Cuba. En el tramo final de su documento, el atleta dejó en claro que no existirá chantaje, aislamiento ni tortura capaz de doblegar su conciencia cívica frente a la agonía irreversible de un régimen repudiado por millones.
Con una entereza que pulveriza la cobardía de sus captores, el intrépido luchador cubano sentenció: “No pienso bajarle la cabeza a ninguno, ¡no tengo miedo! No me van a doblegar, no van a cambiar mis principios e ideología, me mantengo firme”.