Desde las mazmorras de la dictadura llegó un llamado urgente a la cúpula castrista para que acepte el colapso nacional y detenga el sufrimiento de la ciudadanía, una exigencia planteada por el líder del Movimiento San Isidro, Luis Manuel Otero Alcántara, quien instó a los tiranos a ceder ante la evidente devastación material y espiritual que azota a la isla.
Esta postura fue difundida públicamente mediante los perfiles digitales del preso político, canales que sus allegados mantienen activos para burlar la censura y transmitir su pensamiento cívico pese al aislamiento penitenciario que sufre desde el estallido social de 2021.
La exhortación utiliza como metáfora visual la obra pictórica “Campesinos felices” de Carlos Enríquez para contrastarla con la indigencia real que padece el pueblo, escenario donde la violencia y el desastre se convirtieron en la única cara visible de un sistema fallido que prefiere mantener el poder a costa de la miseria generalizada.

La valentía de estas palabras del artista cobra mayor fuerza ante la inminente presentación del documental realizado por Ernesto Fundora sobre la trayectoria del activista, una pieza audiovisual titulada “Estamos conectados” que expone la persecución sistemática contra el gremio artístico independiente donde al menos una decena de creadores enfrenta castigos por disentir.
Resulta revelador que, apenas 48 horas después de este pronunciamiento, el dictador Miguel Díaz-Canel apareció en televisión nacional para confirmar el cese de los envíos de petróleo venezolano desde finales de 2025, admisión que valida plenamente la descripción de precariedad realizada por Otero Alcántara y que oficializa el recrudecimiento de escasez energética bajo el eufemismo de una economía de resistencia.
TAMBIÉN PUEDE LEER: Díaz-Canel “habló en vivo”, pero el poder ya no se atreve a soltarlo sin edición
Mientras el aparato comunista impone nuevas medidas restrictivas y exige más sacrificios irracionales a una población agotada para evitar la rendición política, la voz de Otero Alcántara resuena desde el encierro como una sentencia moral que exige detener la barbarie antes de que el país termine de hundirse en un abismo irreversible.
Redacción de Cubanos por el Mundo