La salud del preso político cubano Kevin Frómeta sigue deteriorándose rápidamente mientras continúa bajo las garras de un régimen que desprecia la vida humana y utiliza el abandono médico como herramienta de tortura.
El muchacho, un joven que apenas contaba con 19 años cuando la dictadura lo secuestró por participar en las históricas protestas del 11 de julio de 2021, hoy enfrenta una agonía lenta en la Prisión 1580 de San Miguel del Padrón, escenario de una negligencia criminal avalada por las altas esferas del sistema penitenciario castrista.
Una negligencia médica que amenaza con ser letal
Caridad Magdalena Castro Ruiz, madre del preso político, denunció este miércoles el calvario que vive su hijo. El joven padece una infección severa en el pecho que arrastra durante semanas sin que la dictadura mueva un dedo para salvarlo.
Un ultrasonido confirmó lo que la familia temía: una peligrosa acumulación de pus y una masa de varios centímetros que, de no ser tratada con urgencia quirúrgica, se convertirá en un tumor terminal.
La desesperación de una madre enfrentada a la maquinaria represiva es absoluta. “Ya no me queda con quien reunirme y mi hijo sigue con el pecho lleno de líquido y la infección caminando”, sentenció Caridad, mientras su propia vida es saboteada por el régimen, sufriendo cortes de electricidad y una desconexión intencionada de Internet durante tres días para silenciar su reclamo de justicia.
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El engaño de los carceleros
La estrategia de los verdugos en uniforme es clara: la mentira constante. El segundo jefe del penal, identificado como Cautín, y el propio jefe de la 1580, de identificación “Hardy”, han convertido el engaño en su política oficial.
Hardy prometió frente a la familia que el preso político recibiría traslado hospitalario inmediato este mismo día. Fue una farsa descarada. “Hardy, jefe de la 1580, aseguró hoy que Kevin sería trasladado. Mentira. Kevin sigue en la 1580”, denunció la progenitora ante la evidencia de que las promesas del sistema no valen nada.
El viacrucis de Caridad incluye un peregrinaje inútil por las oficinas de la dictadura. La mujer agotó todas las instancias, desde reuniones con oficiales de la unidad de 15 y K y el área de atención a la ciudadanía del penal, hasta intentos desesperados con la Mayor Yasnai, jefa de atención a ciudadanía de los establecimientos penitenciarios de La Habana.
Presentó documentos exigiendo el traslado urgente tanto en la propia prisión como en la oficina de Atención a la Ciudadanía de Plaza de la Revolución. La respuesta del aparato estatal fue el silencio absoluto y la indiferencia.
Un historial de castigo y abandono
El Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa (ICLEP) calificó este caso en mayo como una muestra evidente de “abandono médico deliberado y represalia penitenciaria”.
No es un hecho aislado. Ya en abril, la familia advirtió que el preso político acumulaba cuatro meses sin recibir asistencia médica tras una infección severa en el brazo que, por la criminal desidia de los carceleros, se extendió hasta el pecho. Desde enero, el joven espera por un ultrasonido que el régimen le niega sistemáticamente.
Kevin, condenado en marzo de 2022 a 16 años de privación de libertad bajo la farsa judicial de sedición, es un blanco de la saña castrista. En febrero de 2024, sufrió una pérdida de conocimiento dentro de la cárcel que obligó a su traslado de urgencia al Hospital La Covadonga, un episodio que presagiaba este deterioro actual.
Cada día que el preso político pasa entre los muros de la 1580 es un día donde el Estado criminal apuesta por su muerte. La responsabilidad de lo que pueda ocurrirle recae directamente sobre la cúpula que ordena mantenerlo en condiciones infrahumanas, permitiendo que la enfermedad consuma su cuerpo como castigo por haber alzado su voz contra la tiranía.