El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó este miércoles que “la única solución” para la isla pasa por emprender un proceso irreversible hacia la democracia en Cuba, y vinculó cualquier normalización plena de las relaciones con Washington a avances políticos concretos que permitan transformar el sistema impuesto durante décadas por el régimen castrista.
El funcionario cubanoamericano abordó la situación cubana durante una entrevista con Brian Kilmeade, en la que también analizó otros asuntos de política exterior.
En ese sentido, Marco Rubio reiteró que Cuba es un Estado fallido, reforzando el planteamiento sobre la necesidad de que se concrete la transformación política dentro de la isla.
“Cuba es un Estado fallido ahora mismo. Y no es por culpa nuestra”, afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense.
Un camino “irreversible” hacia la democracia
El mensaje central del secretario de Estado llegó cuando explicó cuál considera Washington que debe ser el rumbo de la isla. Rubio afirmó que Estados Unidos está dispuesto a desempeñar “un papel productivo” ante un eventual proceso de cambio.
“La única solución y respuesta para Cuba […] es colocarse en un camino irreversible hacia convertirse en un Estado normal y funcional que eventualmente, por supuesto, también sea democrático”, afirmó.
La referencia a un proceso irreversible hacia la democracia en Cuba adquiere especial relevancia frente al sistema de partido único que permanece vigente y al control político ejercido durante décadas por el Partido Comunista.
Rubio dejó claro, además, que una normalización completa con La Habana no depende exclusivamente de decisiones que pueda adoptar la Casa Blanca.
Rubio sobre el modelo cubano: “No funciona. No sirve”
El secretario de Estado señaló la prolongada crisis energética como una de las evidencias del deterioro acumulado bajo el régimen castrista y recordó que los apagones que golpean a la población no comenzaron recientemente.
Los cubanos “llevan teniendo apagones hace cinco o siete años”, señaló.
“Su sistema no funciona. No sirve”, agregó.
Marco Rubio también mencionó el envejecimiento de la infraestructura cubana y aseguró que el país todavía cuenta con equipos correspondientes a las décadas de 1940 y 1950. Atribuyó la falta de modernización e inversiones al modelo económico vigente en la isla.

Rubio señala el impacto del fin del petróleo venezolano
El secretario de Estado también relacionó parte de la actual situación energética con el fin del suministro gratuito de petróleo venezolano que recibió La Habana durante el régimen de Nicolás Maduro.
“Maduro literalmente estaba robando el petróleo del pueblo de Venezuela y se lo daba gratis a Cuba”, declaró Marco Rubio.
El funcionario aseguró que el régimen cubano tampoco utilizó todo ese crudo para aliviar las necesidades de la población. Según explicó, La Habana vendió una parte considerable para conseguir efectivo que, afirmó, “iba a sus bolsillos”.
“Eso ya no está ocurriendo”, añadió.
La dependencia del petróleo venezolano recordó otro elemento recurrente de la economía castrista: su necesidad de respaldo externo. Durante décadas, primero la Unión Soviética y posteriormente Venezuela proporcionaron recursos que ayudaron a sostener un modelo incapaz de generar suficiente crecimiento interno.
Rubio presentó la democracia en Cuba como parte de una transformación mucho más amplia que permita romper con ese patrón.
La legislación de EEUU condiciona las relaciones con La Habana
El jefe de la diplomacia estadounidense recordó que la política hacia Cuba tiene características distintas a las aplicadas frente a otros gobiernos debido a las leyes aprobadas por el Congreso.
“La política de EEUU hacia Cuba […] está codificada, está en estatuto, hay una ley y esa ley regula lo que podemos y no podemos hacer con Cuba”, explicó.
En ese sentido, Marco Rubio señaló que una normalización plena no puede producirse sin “una democracia funcional o al menos pasos hacia una democracia funcional”.
La democracia en Cuba quedó así situada como una condición política y legal para modificar de manera profunda la relación entre Washington y La Habana.
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