El costo de hacer negocios con el régimen: Meliá asumió pérdidas millonarias al salir de Cuba

La salida de Meliá en Cuba dejó una de las mayores consecuencias económicas registradas por una cadena hotelera extranjera en la Isla en los últimos años. La compañía española informó pérdidas por 79,4 millones de euros, equivalentes a 92,2 millones de dólares, después de poner fin a más de tres décadas de operaciones en el país y abandonar la administración de más de 30 hoteles que gestionó bajo acuerdos con el régimen castrista.

El impacto financiero reflejó el elevado costo que implicó para la empresa romper definitivamente sus vínculos con el sistema turístico cubano, dominado durante años por empresas estatales y por el conglomerado militar GAESA, que controló buena parte de la infraestructura hotelera del país.

Según publicó el diario español El Economista, el ajuste extraordinario redujo de manera significativa los beneficios obtenidos por la hotelera durante el primer semestre del año. El beneficio neto atribuido quedó limitado a 4,1 millones de euros, una cifra muy inferior a la que habría alcanzado de no haberse producido el cierre de sus operaciones en la Isla.

El medio explicó que “sin este impacto, el grupo habría obtenido un resultado recurrente de 83,4 millones de euros, en línea con el registrado en el mismo periodo del año anterior”.

El deterioro del escenario cubano terminó por hacer inviable la operación

La decisión de poner fin a la presencia de Meliá en Cuba llegó semanas después de que Estados Unidos ampliara las sanciones contra el Ministerio de Turismo del régimen cubano, medida que incrementó la presión sobre las compañías extranjeras que mantenían relaciones comerciales con entidades estatales vinculadas al aparato gubernamental.

Antes del anuncio definitivo, la empresa ya había cesado la administración de los hoteles operados conjuntamente con Gaviota, la corporación turística perteneciente a GAESA, entidad que había sido objeto de sanciones estadounidenses con anterioridad.

De acuerdo con la información divulgada por El Economista, la compañía concluyó que las condiciones existentes en Cuba hacían imposible garantizar una actividad empresarial estable.

El informe señaló que “el deterioro del entorno geopolítico y macroeconómico, junto con las crecientes dificultades operativas, legales, económicas y financieras, ha hecho inviable mantener una actividad con un mínimo de estabilidad en el país”.

Esa evaluación confirmó que la combinación de crisis económica, incertidumbre jurídica, problemas financieros y restricciones internacionales terminó por acelerar la retirada de una de las cadenas hoteleras extranjeras con mayor presencia histórica en la Isla.

La empresa consideró incierta la recuperación de sus activos

Tras formalizar el cierre de sus operaciones, la compañía clasificó Meliá en Cuba como una “actividad interrumpida”, al considerar que no existían garantías suficientes para recuperar la totalidad de los activos y saldos que mantenía en territorio cubano.

No obstante, la empresa aclaró que esa pérdida tuvo un efecto estrictamente contable.

La hotelera precisó que la medida “no tiene impacto sobre la caja, sino exclusivamente sobre el resultado contable del ejercicio”, diferenciando así el efecto financiero inmediato del deterioro registrado en sus balances.

El diario económico español destacó igualmente que la salida de Meliá en Cuba constituyó uno de los mayores ajustes extraordinarios ejecutados por la compañía en los últimos años y alteró la lectura del desempeño global del grupo, cuyo negocio continuó creciendo en otros mercados.

Mientras Cuba se hundía, otros mercados impulsaron el crecimiento

Pese al fuerte impacto ocasionado por la retirada de la Isla, Meliá mantuvo una estrategia expansiva en el resto del mundo.

Durante el primer semestre de 2026 la empresa firmó contratos para incorporar 17 nuevos hoteles, equivalentes a 3.816 habitaciones, y abrió 14 establecimientos adicionales con más de 2.000 habitaciones.

La meta de la cadena consistió en cerrar el año con al menos 40 nuevas firmas y 30 aperturas, apoyándose especialmente en mercados como República Dominicana, Estados Unidos y otros destinos turísticos donde el crecimiento continuó mostrando resultados positivos.

Ese contraste evidenció que el problema no estuvo relacionado con la salud financiera de la empresa, sino con las condiciones particulares existentes en Cuba.

Meliá abandona Cuba
La salida de Meliá en Cuba se produce en un momento de especial fragilidad para el turismo en la isla, y las presiones de la administración Trump. En la foto vemos el Hotel Meliá Habana, fundado en 1998 (Foto: Cubanos por el Mundo)

El propio régimen admitió el desplome del sector hotelero

La retirada de Meliá en Cuba coincidió con un reconocimiento inusual realizado por las propias autoridades del régimen castrista.

Durante una intervención ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, el primer ministro Manuel Marrero admitió que el 73% de los hoteles del país permanecían cerrados, una cifra que confirmó la profunda crisis que atraviesa la industria turística cubana.

El funcionario también reconoció que siete cadenas hoteleras internacionales abandonaron sus operaciones en la Isla.

Según explicó, esa salida representó el 46% de las habitaciones administradas bajo el modelo de gestión extranjera, reflejando el retroceso que sufrió uno de los sectores considerados estratégicos para la captación de divisas.

Las declaraciones contrastaron con los intentos recientes del Ministerio de Turismo por minimizar el impacto de la retirada de operadores internacionales y sostener que la actividad turística continuaba desarrollándose con normalidad.

Con información de El Economista

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