¡Quién lo iba a decir! El guapito de Michel Torres Corona, ese que hace 48 horas salió en Facebook haciéndole la pala al trovador Silvio Rodríguez pidiendo un fusil para enfrentar a “Cuco” Mendieta y su tropa de rangers, corrio no una, sino dos veces la semana pasada. Y ambas por el mismo motivo.
Seamos justos con él, para que luego no nos acuse de fei nius ni intente rasgar las costuras de la desinformación mediática con Cubanos por el Mundo. A su favor, hay que reconocerle una carta que nosotros no tenemos: no existe prueba fotográfica ni en video del momento en que salió de El Tocororo con paso más que apurado y terminó refugiándose en su casa.
Sí, Michel Torres Corona tiene un apartamento en Miramar. ¿Cómo lo adquirió? No sabemos, pero estamos investigando.
Según nos cuentan, una persona de aproximadamente 50 años, pero de complexión física fuerte y alto, se lo encontró sentadito en el restaurante que está ubicado en 3ra y 18 y procedió a decirle más o menos lo mismo que le dijo el otro que se lo encontró en La Habana Vieja: que es un descarado.
“Vestía un pitusa y un pullover con una imagen que creo podía ser el Ché”, dijo nuestro informante, que lamentó la rapidez con que el de Con Filo se movió para salir del lugar y no poder precisar ese detalle.
“Salió por 3ra y yo pensé que se iba a meter en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pero no; dobló por 16 y llegó hasta primera. Sacó una llave y se metió en el edificio ese que está en la esquina. Y subió porque no lo vi más. Cuando pregunté a dos que estaban allí sentados, me dijeron que vive ahí. Nah, yo lo vuelvo a coger,” dijo a Cubanos por el Mundo.

En menos de una semana Torres Corona se ha enfrentado dos veces a gente en la calle que no se le ha quedado callada para decirle en su cara lo que se merece.
“Aquí cada día la gente está perdiendo más el miedo. Y este es uno de los que más odio le tienen,” dijo a CPEM Leovigilda Vega, una vecina de Oliver Zamora Oria, otro de los periodistas fieles al régimen cubano, de quien hace poco les conté la desagradable escena que protagonizó en casa del chico farandulero de La Habana conocido como “El Duende Verde”.
Bueno, yo solo digo: no hay asiento en el avión para todos.
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