The Wall Street Journal retrató a Ramiro Valdés como el arquitecto del aparato represivo del régimen cubano

El obituario de Ramiro Valdés publicado por The Wall Street Journal volvió a colocar bajo los reflectores internacionales la trayectoria de uno de los hombres más poderosos y temidos del régimen cubano.

El prestigioso diario estadounidense dedicó un extenso análisis a la figura del histórico comandante fallecido el pasado 21 de junio a los 94 años y repasó el papel que desempeñó durante más de seis décadas dentro de la estructura política y de seguridad instaurada tras la llegada de Fidel Castro al poder.

El reportaje, firmado por el periodista Robert P. Walzer, presentó a Valdés como uno de los principales responsables de la construcción del aparato de seguridad del Estado y de los mecanismos de control político que sostuvieron al régimen durante décadas.

A diferencia de otros dirigentes que concentraron la atención pública, el diario destacó en el obituario de Ramiro Valdés que el comandante ejerció gran parte de su influencia desde posiciones menos visibles, aunque con enorme peso dentro del sistema.

Obituario de Ramiro Valdés en The Wall Street Journal

Para explicar esa influencia, el historiador Michael Bustamante, director del Cuba Program de la Universidad de Miami, describió al exdirigente como “una figura siniestra y temida, más conocido por operar en las sombras que en público”, una caracterización que resumió la percepción que numerosos analistas mantuvieron sobre quien ocupó algunos de los cargos más sensibles dentro del Estado cubano.

El obituario de Ramiro Valdés reconstruyó una carrera política que comenzó junto a Fidel Castro desde los años previos al triunfo revolucionario de 1959. Tras la llegada al poder de la guerrilla, Valdés asumió responsabilidades cada vez mayores dentro del nuevo aparato estatal y terminó convertido en una de las figuras de mayor confianza del liderazgo castrista.

Entre los cargos que desempeñó figuraron el de ministro del Interior y posteriormente el de vicepresidente del Consejo de Estado, posiciones desde las cuales participó en la consolidación de las instituciones de seguridad y de inteligencia que durante décadas ejercieron un papel determinante en el control político de la isla.

Mientras la prensa internacional analizaba su trayectoria con este obituario de Ramiro Valdés, el régimen cubano organizó múltiples homenajes oficiales para despedir al histórico dirigente.

Miguel Díaz-Canel informó inicialmente sobre su fallecimiento mediante un mensaje publicado en la red social X, donde aseguró que la noticia le golpeó “como la de un padre”, aunque evitó revelar las causas de la muerte. Horas después amplió su despedida en Facebook al escribir: “Cuesta imaginar el camino por delante sin su acompañamiento lúcido y constante”.

Posteriormente, las autoridades decretaron duelo oficial mediante el Decreto Presidencial 1247 y ordenaron que la bandera cubana permaneciera a media asta durante el 23 de junio. Los restos de Valdés fueron expuestos en la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en La Habana, mientras en distintas provincias se desarrollaron actos oficiales en su memoria.

Sin embargo, el obituario de Ramiro Valdés también concedió amplio espacio a las voces críticas sobre el legado político del dirigente.

El opositor y analista político Manuel Cuesta Morúa sostuvo que Valdés fue “uno de los principales artífices del aparato estatal represivo de Cuba y de los mecanismos de control político que se convirtieron en la columna vertebral del sistema cubano”.

El activista añadió además que “la represión es uno de los principales instrumentos de poder del régimen, y Valdés fue una de las figuras clave responsables de su creación y mantenimiento”, unas declaraciones que el diario utilizó para ilustrar el contraste entre la narrativa oficial y la visión de amplios sectores de la oposición.

La publicación del obituario de Ramiro Valdés también recordó que la muerte del histórico dirigente provocó reacciones entre representantes del exilio cubano y dirigentes políticos en Estados Unidos.

Ramiro Valdés murió sin pagar ante la justicia por sus crímenes

Los congresistas cubanoamericanos Carlos Giménez y María Elvira Salazar lamentaron públicamente que Valdés falleciera sin haber comparecido ante tribunales por las denuncias relacionadas con presuntas violaciones de derechos humanos atribuidas durante décadas a las estructuras represivas del régimen cubano.

Otro aspecto destacado por The Wall Street Journal en el obituario de Ramiro Valdés fue la coincidencia entre la desaparición de Valdés y el reciente anuncio de un paquete de reformas económicas impulsadas por las autoridades cubanas.

Michael Bustamante consideró llamativo que esas medidas fueran anunciadas apenas días antes de la muerte del dirigente, debido a que históricamente fue identificado como uno de los representantes más ortodoxos del aparato político cubano.

“Resulta sorprendente que, apenas unos días antes de su muerte, anunciaran algo que él habría rechazado rotundamente. Es difícil ignorar la coincidencia de fechas”, afirmó el académico al periódico en el obituario de Ramiro Valdés.

El análisis también incluyó la valoración del exanalista de la CIA Brian Latell, uno de los especialistas estadounidenses que durante décadas estudió la evolución del liderazgo cubano.

Latell afirmó que “la muerte de Valdés es una pérdida significativa para la vieja guardia revolucionaria. Ramiro era el más importante de los históricos que aún viven”, al destacar el peso político que conservó hasta los últimos años de su vida.

Con la desaparición de Valdés, el reducido grupo de dirigentes históricos que participaron en la revolución de 1959 quedó integrado principalmente por Raúl Castro, Guillermo García Frías y José Ramón Machado Ventura, todos ellos con más de 90 años de edad.

Para numerosos analistas, el obituario de Ramiro Valdés publicado por The Wall Street Journal no solo repasó la biografía de uno de los hombres más influyentes del castrismo, sino que también reflejó el debate internacional sobre el legado político y el sistema de poder que ayudó a construir y que marcó la historia contemporánea de Cuba durante más de seis décadas.

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