La salud del opositor cubano Guillermo del Sol, quien lleva 40 días en huelga de hambre, se deteriora rápidamente mientras desafía abiertamente a la tiranía castrista en una demostración absoluta de dignidad e inquebrantable valor moral.
El aguerrido activista y periodista independiente roza los límites tras decenas de jornadas sin ingerir alimento alguno, en una protesta extrema orientada a doblegar el cinismo del poder dictatorial y exigir la excarcelación de 18 prisioneros políticos que se pudren en los inhumanos mazmorras del régimen.
En una desgarradora comunicación enviada a la redacción de Martí Noticias, el disidente no ocultó la gravedad de su condición física ni la inclemente crisis arterial que azota su sistema cardiovascular.
“No la voy a engañar, estoy mal. Es una crisis hipertensiva que me está llevando a tocar fondo”, manifestó en un audio.
Un cuerpo destruido por la indiferencia del aparato dictatorial
El organismo del opositor cubano cruza el umbral del daño irreversible. Pese al constante consumo de agua, las reservas energéticas de su anatomía se esfumaron por completo. El desabastecimiento de nutrientes devora su musculatura y proyecta la sombra de un colapso multiorgánico fulminante, cuadro clínico exacerbado por la desatención endémica y la desidia del desastroso sistema de salud estatal.
La supervisión médica recibida refleja fielmente la parálisis del país bajo el yugo comunista. Tras una evaluación inicial a cargo del personal de su comunidad, la asistencia quedó reducida a la buena voluntad de una profesional de la salud. Sin embargo, la indolencia sistémica de la dictadura paraliza todo socorro durante los fines de semana, dejando al heróico luchador a merced del desamparo absoluto durante días enteros.
“La doctora me dijo desde el día 34 que las reservas se agotaron, que ya se ve en la piel la deshidratación, a pesar de que estoy consumiendo agua, y que iba a colapsar en cualquier momento. Está muy capacitada y es muy amable, y me hace siempre una auscultación completa, muy detallada”, comentó.
Solidaridad popular contra el sitio represivo de la Seguridad del Estado
La feroz maquina represiva de la Seguridad del Estado mantiene un férreo cerco policial sobre la vivienda del activista. Sin embargo, no logran cortar el cordón umbilical entre el opositor cubano y su comunidad.
Los habitantes del sector, golpeados por la miseria, arriesgan su propia libertad para brindarle protección y sustento moral frente a las manadas de esbirros que asedian su inmueble.
El apoyo trasciende las barreras del vecindario. La comunidad religiosa y destacadas figuras de la disidencia desafían las trabas del colapsado transporte nacional para llegar hasta el epicentro de la resistencia.
El pastor Alian López brinda constante cobertura espiritual, mientras decenas de patriotas liberados caminan desde distantes rincones del mapa insular para certificar la unidad del presidio político frente a la barbarie castrista.
“Mi barrio es un bastión. Siempre ha sido un barrio donde todos pasamos trabajo y nos apoyamos unos a otros. Los vecinos son los que me ayudan cuando la Seguridad del Estado mantiene sitiada mi casa durante varios días”, señaló.
Un sacrificio por la libertad de los rehenes de la dictadura
Este sacrificio supremo jamás respondió a reclamos banales ni a demandas individuales. La drástica postura adoptada por el valeroso opositor cubano emergió como respuesta frontal a una encarnizada oleada represiva y al montaje de expedientes judiciales ejecutados por la policía política. La meta inamovible busca destapar el horror que padecen los cautivos del régimen en las insalubres cárceles de la isla.
“Yo decidí iniciar una huelga de hambre, pero no para pedir una motorina; eso sería absurdo para una persona pública con tanta historia en la oposición”, declaró al medio citado.
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Los 18 nombres de la dignidad secuestrada por el régimen
La lista confeccionada por el Guillermo del Sol expone la cara más despiadada del absolutismo castrista. El inventario agrupa a hombres y mujeres cuyo único delito residió en exigir democracia y libertad en las calles. Casos dramáticos como el de Miguel Díaz Bauzá —quien arrastra tres décadas de encierro injusto y padece diabetes severa— demuestran la sed de venganza del aparato dictatorial, que prefirió imponerle una nueva condena antes que otorgarle un permiso por razones de salud.
La nómina del horror encarcela a figuras emblemáticas como Félix Navarro Rodríguez, referente histórico del presidio político, y Loreto Hernández García, quien sufre desmayos recurrentes y una gravísima cardiopatía en celdas de castigo.
Paralelamente, la dictadura ensaña su odio contra valientes mujeres disidentes, encerrando arbitrariamente a Mayelín Rodríguez Prado, Donaida Pérez Paseiro, Saylí Navarro Álvarez, Lizandra Góngora Espinoza y María Cristina Garrido Rodríguez, junto a intelectuales y jóvenes como José Gabriel Barrenechea Chávez y los hermanos Jorge y Nadir Martín Perdomo.
El reclamo final del exhausto opositor cubano emplaza directamente la moral de un régimen decadente. Guillermo del Sol sostiene su pulso a muerte en nombre de la piedad y la justicia, mientras la cúpula comunista observa en silencio la agonía de un hombre libre cuya firmeza desnuda la verdadera y criminal naturaleza del poder en Cuba.