Pablo Iglesias cita a China para defender el socialismo, pero los datos muestran un modelo más complejo

Lo dicho por Pablo Iglesias, ese “si China pudo, nosotros también”, reabre el debate sobre la aplicación del modelo asiático en Cuba

El exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, afirmó que el socialismo es un sistema viable, tomando como referencia el crecimiento económico de China frente a Estados Unidos. Sus declaraciones han reactivado el debate sobre la interpretación del modelo chino y su posible aplicación en otros contextos, como el cubano.

Iglesias sostuvo que el desarrollo del país asiático demuestra que las críticas al socialismo como sistema económico inviable carecen de fundamento. Según su planteamiento, China ha logrado competir con las principales potencias capitalistas e incluso superarlas en determinados indicadores.

Sin embargo, especialistas en economía internacional señalan que la comparación entre China y Estados Unidos depende en gran medida de las métricas utilizadas. Mientras China supera a Estados Unidos en producto interno bruto medido por paridad de poder adquisitivo, el país norteamericano mantiene una ventaja significativa en términos de PIB nominal, con más de 30 billones de dólares frente a los aproximadamente 18 a 20 billones de China.

Cuando se analiza el ingreso por habitante, la diferencia es mayor. El PIB per cápita estadounidense supera los 80.000 dólares, mientras el de China se sitúa en torno a los 12.000–13.000, lo que refleja niveles de desarrollo distintos entre ambas economías.

Analistas coinciden además en que el modelo chino presenta características que lo diferencian de las economías planificadas tradicionales. Desde finales de los años setenta, China ha incorporado mecanismos de mercado, ha promovido la inversión extranjera y ha construido una estrategia de inserción en el comercio global que la ha convertido en la principal potencia exportadora del mundo.

Este proceso ha estado acompañado de una transformación productiva profunda, con expansión industrial, crecimiento del sector tecnológico y aumento sostenido de las exportaciones. Al mismo tiempo, distintos estudios subrayan que este modelo combina planificación estatal con competencia económica, lo que ha permitido atraer capital extranjero sin renunciar al control político.

No obstante, el crecimiento económico ha convivido con desigualdades internas. Datos recientes sitúan el coeficiente de Gini en torno a 0,36, lo que refleja diferencias relevantes en la distribución del ingreso, especialmente entre zonas urbanas y rurales. A ello se suma el impacto del sistema hukou, que durante años ha condicionado el acceso a servicios para millones de trabajadores migrantes internos.

En el plano institucional, organizaciones internacionales han señalado limitaciones en materia de derechos civiles, incluyendo control sobre el acceso a internet, censura de contenidos y restricciones a la disidencia. Estos elementos forman parte habitual del análisis sobre el modelo chino y su posible replicabilidad, no desarrollados ni explicados por Pablo Iglesias.

En el ámbito laboral, informes y estudios han documentado la existencia de jornadas extensas en determinados sectores, así como una elevada presión competitiva en el mercado de trabajo. La cultura conocida como “996” —trabajar de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días a la semana— ha sido ampliamente referenciada en análisis sobre industrias tecnológicas y manufactureras.

Especialistas en desarrollo económico y sociología del trabajo señalan que estas dinámicas no pueden explicarse únicamente en términos culturales ni atribuirse a rasgos inherentes de la población. En su lugar, apuntan a una combinación de factores históricos, sociales e institucionales. Entre ellos destacan el peso de valores como la disciplina, la jerarquía y el deber colectivo, junto a la presión económica, la competencia laboral y las limitaciones en la organización independiente.

Diversos estudios subrayan que este contexto influye en la forma en que se asumen y se gestionan las condiciones laborales, en un entorno donde el ascenso social, la estabilidad económica y el cumplimiento de expectativas familiares actúan como incentivos relevantes. A ello se suma la existencia de millones de trabajadores migrantes internos, cuya situación en el mercado laboral añade un componente adicional de competencia y vulnerabilidad.

Analistas coinciden en que, en este escenario, las condiciones de trabajo responden tanto a dinámicas culturales como a estructuras económicas concretas. En particular, señalan que el crecimiento acelerado, la integración en cadenas globales de producción y la competencia internacional han favorecido entornos laborales de alta exigencia, lo que forma parte del debate sobre los costos sociales del desarrollo económico en China.

Debate sobre la comparación con Cuba

Las declaraciones de Pablo Iglesias han sido relacionadas con el caso cubano, donde el uso de China como referencia genera posiciones encontradas entre especialistas.

Economistas señalan que, aunque ambos países comparten definiciones políticas similares, existen diferencias estructurales relevantes en la organización de sus economías. Entre ellas destacan el tamaño del mercado, el nivel de apertura al comercio internacional, la capacidad de atraer inversión extranjera y la diversificación productiva.

China inició a finales de los años setenta un proceso sostenido de reformas que incluyó la apertura de sectores económicos, la creación de zonas económicas especiales y la incorporación progresiva al comercio global. Estas medidas facilitaron su integración en cadenas internacionales de producción y un crecimiento sostenido de su capacidad exportadora.

En contraste, diversos análisis indican que en Cuba el proceso de reformas ha sido más limitado y sujeto a cambios de alcance y continuidad. La apertura económica se ha producido de forma gradual y controlada, con restricciones regulatorias y menor acceso a financiamiento externo, lo que ha condicionado la evolución de su estructura productiva.

Especialistas en economía política subrayan que estas diferencias no responden únicamente a factores externos, como sanciones o limitaciones financieras, sino también a decisiones internas relacionadas con el diseño de políticas económicas, los incentivos a la inversión y la distribución de recursos.

En este sentido, apuntan que los procesos de transformación económica suelen estar vinculados a la forma en que los sistemas políticos gestionan la relación entre crecimiento, control institucional y estabilidad. Mientras en el caso chino las reformas económicas han estado orientadas a ampliar la base productiva y sostener el crecimiento, en otros contextos los cambios se han implementado de forma más cautelosa, priorizando la estabilidad del sistema sobre la expansión económica.

Riesgos de extrapolar el modelo chino

Expertos en desarrollo económico advierten que trasladar la experiencia china a otros países sin considerar el contexto puede conducir a interpretaciones incompletas.

Señalan que el crecimiento de China responde a una combinación específica de reformas internas, apertura económica y control estatal, dentro de condiciones propias como su escala, su integración en el comercio global y la continuidad de sus políticas durante décadas.

En ese sentido, subrayan que en el debate público el modelo chino suele presentarse a partir de sus resultados, sin incorporar de forma equivalente los factores que los hicieron posibles, lo que puede llevar a conclusiones parciales al compararlo con realidades estructuralmente distintas, como la cubana.

Pero, esta explicación, será objeto de un próximo trabajo.

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