Para nadie es un secreto que las estadísticas de salud en Cuba son manipuladas. Basta ver la precaria infraestructura, el desabastecimiento de insumos y materiales y la mala paga de sus médicos; para saber que son “mentiras” las cifras que enarbola el régimen y que abala cada año la Organización Mundial de la Salud.
Sin embargo, Juan Ramón Rallo, director del Instituto Juan de Mariana, explica cómo ha descubierto la “trampa”. El experto usa un informe publicado por la revista Health Policy and Planning, para sustentar su artículo en El Confidencial.
Rallo sostiene que a pesar de que la esperanza de vida del cubano es un año más que la de un ciudadano estadounidense, unos 79,5 años; esto no es digno de elogio, sino un “efecto no intencionado del racionamiento” perenne que se vive en Cuba.
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Además, incluye en ese mismo circulo la baja mortalidad infantil. Para el experto, tanto la superior esperanza de vida como la baja mortalidad infantil, “no se adjudican a la excelencia de su sistema sanitario socialista, sino a la manipulación estadística y a la represión estatal”.
Detalles
“La pobreza impuesta debería acarrear efectos adversos sobre la salud, pero en algunos casos puede tener, paradójicamente, un efecto positivo”, señala Rallo.
Y es que si se toma como referencia que en EE.UU se vive menos por tres factores: los accidentes de tráfico, el abuso de drogas y las armas de fuego; esos tres elementos están racionados en Cuba.
“El racionamiento de vehículos en Cuba elimina prácticamente la mortandad por accidentes de tráfico y promueve un estilo de vida más saludable. De la misma forma la prohibición de las drogas o de las armas. Por eso creemos que la pobreza impuesta por el socialismo contribuye a mejorar las estadísticas sanitarias de Cuba”, concluye Rallo.
Y no es que no se tomen cuenta que los accidentes de tránsito son la quinta causa de muerte en Cuba, con un promedio diario de 31 siniestros; sino que no representan gran influencia en este tipo de estadísticas sanitarias.
Mortalidad
En cuanto a la menor tasa de mortalidad infantil registrada en la historia de Cuba y 1,7 puntos inferior que la de EEUU y hasta que Canadá; Rallo también tiene una explicación.

El 4,0 de bebés fallecidos por cada mil bebés nacidos vivos en 2017 se debe a la manipulación de las estadísticas en dos grandes aspectos.
En primer lugar, las mujeres con embarazos de riesgo estarían siendo forzadas a abortar. Y en segundo lugar las muertes neonatales serían reclasificadas como muertes fetales. El aborto es una práctica natural y casi anticonceptiva para las cubanas. La decisión no representa un problema médico ni moral en la mayoría de los casos.
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Por ello los médicos, incentivados y recompensados económicamente en función de los objetivos cumplidos, reclasifican los casos de la forma más conveniente. Y de esa forma el régimen cubano engaña a los expertos de Naciones Unidas.
En los hospitales cubanos todo queda a discrecionalidad de los facultativos. No hay pruebas, ni testigos, ni testimonio de una sola mujer sugestionada para que decida abortar; que desmantéleN los números que sostienen las estadísticas del régimen. Pero los casos son cada vez más expuestos en medios internacionales.
“Manipulación, coacción y pobreza: los tres elementos clave del socialismo aplicados sobre las estadísticas de salud”, concluye Rallo en su artículo.
Redacción Cubanos por el Mundo