No conforme con mantenerla secuestrada sin haber cometido ningún delito, el régimen castrista le está negando servicios médicos a la presa política Lizandra Góngora dentro de la prisión Los Colonos, en la Isla de la Juventud.
Esta nueva arremetida de la tiranía evidencia la verdadera naturaleza criminal de una dictadura sangrienta que busca exterminar lentamente a quienes se atreven a alzar la voz por la libertad de Cuba.
La brutalidad de los carceleros comunistas no conoce límites ni respeta la dignidad humana básica. Desde las sombras de ese presidio infernal, las denuncias internacionales exponen cómo los esbirros del sistema pisotean la existencia de una mujer inocente.
Deterioro físico y descuido deliberado de sus dolencias
Según reportó la organización Cubalex, durante una reciente y dolorosa visita, los familiares de la valiente presa política comprobaron con horror la destrucción física que causan los atropellos dictatoriales en su organismo. La activista presenta manchas extrañas en el rostro, una alarmante demacración y un quebrantamiento severo de su salud mental tras permanecer atrapada en ese infierno carcelario.
A este sombrío panorama se suma el hecho de que Lizandra Góngora, madre de cinco niños, padece una peligrosa anemia de células falciformes y un fibroma uterino que le genera constantes hemorragias y padecimientos insoportables.
Lejos de brindarle la atención profesional especializada que su condición médica demanda de manera urgente, las autoridades penitenciarias le niegan despiadadamente cualquier medicamento, agravando de forma perversa su delicado estado de salud.
Tortura mediante aislamiento en celdas de castigo
Por si fuera poco el sufrimiento acumulado, la tiranía sepultó a la aguerrida presa política dentro de una oscura celda de castigo desde el pasado 20 de julio. Esta medida extrema sobrevino luego de una burda provocación articulada por una reclusa común, maniobra vil utilizada por la jefatura del penal para justificar el encierro absoluto de la disidente.
A pesar de que diversas organizaciones defensoras de derechos humanos denunciaron el impacto devastador del aislamiento prolongado sobre la psiquis de la convicta, los esbirros mantienen la orden de confinamiento inalterable. El castrismo utiliza la incomunicación extrema no solo como castigo, sino como una estrategia deliberada para quebrantar la resistencia de quienes se niegan a someterse al yugo totalitario.
Manipulación vil para incitar el odio entre la población penal
La perversión de la cúpula penitenciaria alcanzó niveles deplorables cuando la directora del recinto carcelario lanzó acusaciones venenosas en una reunión colectiva ante el resto del reclusorio. Sin la menor ética, la funcionaria culpó directamente a la abusada presa política de paralizar los trámites y beneficios carcelarios de las demás reclusas, incluyendo los traslados hacia regímenes de menor severidad.
Esta vil manipulación buscó sembrar el odio entre la población penal, exponiendo a Lizandra Góngora al hostigamiento directo y a posibles represalias violentas por parte de convictas peligrosas. Manipular el resentimiento de las prisioneras para generar un entorno hostil contra una opositora pacífica revela la bajeza y la cobardía con la que operan los mandos represivos de la tiranía.
Alejamiento geográfico como táctica de tortura familiar
El encierro de la indefensa presa política en un penal ubicado a cientos de kilómetros de su residencia familiar en Artemisa constituye una retorcida táctica de destierro interno. Desde que el régimen ordenó su traslado desde la cárcel capitalina de El Guatao hasta la Isla de la Juventud en 2023, sus familiares enfrentan una odisea económica e insuperable para poder visitarla.
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La profunda crisis del transporte estatal, sumada a los disparatados costos del trayecto marítimo y aéreo, obligó a que la opositora pasara más de seis meses sin estrechar entre sus brazos a sus cinco pequeños hijos. Ángel Delgado, cónyuge de la disidente y pilar en el cuidado del hogar, denunció con firmeza cómo la distancia geográfica intensifica la tortura psicológica contra toda la familia.
La condena tras la rebelión del 11J
La arbitraria condena de 14 años de cárcel contra Góngora se remonta al histórico levantamiento popular del 11 de julio de 2021, cuando el pueblo de Güira de Melena salió a las calles a exigir libertad. Por el simple hecho de protestar pacíficamente, un tribunal militar títere la sentenció bajo cargos inventados de sabotaje, robo con fuerza y desórdenes públicos.
Con este castigo desproporcionado, los tribunales castristas violan abiertamente los convenios internacionales que exigen ubicar a las madres encarceladas cerca de sus hogares. En el futuro, la historia juzgará con severidad a cada verdugo que participa en este atroz atropello, mientras la comunidad internacional observa cómo el castrismo desmantela impunemente la vida de los cubanos.