Familia de presa política Lizandra Góngora, preocupada por su deteriorado estado de salud

La presa política Lizandra Góngora está padeciendo un infierno en las mazmorras castristas, y a medida que pasan los días, su estado de salud preocupa más y más a sus seres queridos.

Según reportó Martí Noticias, tras siete largos y tortuosos meses de incomunicación forzada, su familia finalmente logró verla en la prisión para mujeres Los Colonos, en la Isla de Pinos, pero el panorama encontrado resultó desgarrador.

La dictadura cubana, mediante sus sabuesos y esbirros del sistema penitenciario, somete a esta valiente madre de cinco niños a un ensañamiento feroz, sistemático y desprovisto de cualquier rastro de humanidad. Lejos de garantizar la integridad de las personas bajo su custodia, el régimen comunista utiliza la tortura psicológica, el aislamiento punitivo y el suministro opaco de psicotrópicos para quebrantar la dignidad de quien osó levantar su voz contra la tiranía.

Sedación forzada e intimidación en Isla de Pinos

La reunión, transcurrida bajo la mirada hostil e intimidante de los carceleros, expuso el grave deterioro físico y mental que sufre la presa política. Ángel Delgado, padre de los pequeños, tuvo que sortear el colapso del transporte en la isla para llegar al penal y constató la desgarradora condición de su esposa.

La activista presentó un rostro notoriamente hinchado y mostró signos evidentes de desorientación emocional. Según el testimonio de su allegado, la opresión cotidiana y la administración de drogas potentes buscan mantenerla en un estado de sedación permanente para silenciar su rebeldía.

Esta brutalidad evidencia cómo la maquinaria represiva cubana ensaya métodos despiadados contra quienes consideran enemigos del partido único.

Destierro interno y condena de venganza

El encarcelamiento de Lizandra Góngora, originaria de Güira de Melena y miembro del Partido Republicano de Cuba, responde a una venganza política disfrazada de proceso legal. El aparato judicial del castrismo le impuso una descabellada condena de 14 años de privación de libertad tras imputarle delitos fabricados como sabotaje, desorden público, robo con fuerza y sedición.

Para recrudecer el castigo, las autoridades ordenaron en 2023 su traslado desde la cárcel del Guatao en La Habana hacia la lejana Isla de Pinos. Este destierro interno busca deliberadamente castigar a su familia, dificultando al máximo los traslados de sus cinco hijos.

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Manipulación y castigo en celda de aislamiento

La crueldad de los carceleros no conoce límites ni frenos morales. Durante las últimas semanas, la opositora permaneció en una celda de castigo por más de 15 días tras un incidente provocado por el propio personal de la prisión. La dirección del penal organiza maniobras de manipulación directa con la población penal común para generar odio hacia la disidente.

Presa política Lizandra Góngora
Lizandra Góngora

En este caso, una oficial convocó a una reunión con las reclusas para culpar a la presa política del estancamiento de los beneficios penitenciarios del resto del grupo. Con esta cobarde estratagema, la tiranía incita el acoso directo entre internas, arrojando a la prisionera a una situación de peligro constante y acorralamiento absoluto dentro de las galerías del penal.

Negligencia médica y denegación de auxilio

A la tortura psicológica contra la presa política se suma una grave negligencia médica que pone en riesgo inminente su vida. La activista padece padecimientos corporales severos, manchas oscuras en la piel producto del estrés extremo y sangrados recurrentes asociados a un fibroma de cinco centímetros diagnosticado con anterioridad.

Sin embargo, en un acto de cinismo médico abrumador, las autoridades penitenciarias afirmaron falsamente que la condición patológica desapareció de la noche a la mañana, negándole la atención especializada que requiere de forma urgente.

Desesperación al límite

Frente a la mirada complaciente del sistema castrista, el desespero de la activista alcanzó niveles alarmantes. Su esposo denunció que la reclusa manifiesta ideas incoherentes y amenazas de autolesión, dominada por la impotencia de sufrir un presidio injusto.

Mientras el régimen promueve una falsa imagen de estabilidad, en los rincones más oscuros de sus cárceles se consume la vida de personas inocentes cuyo único delito consistió en exigir libertad. La comunidad internacional no puede permanecer en silencio ante las atrocidades cometidas contra esta y cada presa política, pues el silencio solo sirve como cómplice implacable de la dictadura más rancia y sangrienta del hemisferio occidental.

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